sábado, 18 de abril de 2009

LA TORMENTA













Volviendo a lo cotidiano de un labrador, que es ir a arar y venir de arar, os voy a señalar las distintas formas que había de labrar la tierra en sus distintas fases.
Cuando se acababa de “alzar”(1ª vuelta de arada) por un pago, ya había que empezar a “binar”(2ª vuelta) por otro, con lo que se cumplía el antiguo refrán que dice: - Arar sobre arado nunca fue pecado.
. En algunas zonas donde salía mucho forraje se “terciaba” (3ª vuelta) para limpiar bien la tierra y por el efecto de la lluvia, el sol y el viento adquiría reservas de oxígeno y otros minerales para la obtención de una buena cosecha al año siguiente.
Como buen labrador, mi padre siempre me decía que para marchar bien en este oficio había que hacer tres cosas, arar, arar y arar. Con su larga experiencia había observado en los que con cualquier pretexto olvidaban estas tres cosas, o se arruinaban o no salían del “perantón”.
Ya conté que las mulas tardan bastante en comer, y para que logres arar la media hectárea reglamentaria cada día, tenías que extremar los cuidados de su alimentación mezclando la cebada con alguna leguminosa arremojada, como yeros, guisantes, e incluso garbanzos cuando la inapetencia era grave. El cuidado de su boca era fundamental especialmente contra la “listera”, que como su nombre indica es una herida formada por la acumulación de las listas de la cebada, que se quitaba frotándola con un hisopo empapado en vinagre y sal.













La primavera en sus últimos días había sido propensa a nublados, por lo que la faena de alzada no se había podido rematar. Un poco preocupado por esto dije a mi padre:- “Debería intentar arar la tierra arenosa de Torramilo por avanzar la labor”. “No estaría mal”, contestó. “Pero para ararla mas fácilmente debes sacar una escuadra por el lado del mediodía y aras alrededor el trozo de barrial que tiene al lado de la peña”.
Este modo de hablar era consecuente con el horario solar en que el dicho popular decía: “a las doce es mediodía”.Esto nos indicaba la interrupción de la jornada para comer cuando el sol recorría la mitad de su ciclo y marcaba la posición del sur.
La peña indicaba el Norte, pues en esta comarca el horizonte de este punto está enmarcado por la cordillera de los Picos de Europa. Allí se encuentra una peña muy visible desde aquí por ser la más próxima. Se llama Peña Corada y coincide en esta zona con el Norte geográfico. Por este detalle, en días claros, servía para saber bastante bien la hora. Puesto en pie y mirando hacia ella se trazaba una línea imaginaria del centro de tu sombra a la peña y cuando coincidía con ella marcaba el mediodía.














Quizá con un método igual o mejor que este, los antiguos orientaron todas las torres de esta comarca de manera que cuando los rayos del sol blanqueaban su cara Oeste eran las doce solares. Este horario solar era casi obligatorio si querías aprovechar al máximo la luz del sol. En la sementera tenías que estar en las tierras, preparado para comenzar la tarea al clarear el día y por la tarde la oscuridad de la noche ponía fin a la faena.
Este armonioso orden natural se ha roto con la implantación de la hora oficial que dicen es para ahorrar energía eléctrica. Sobre este punto no lo veo muy claro pues lo que se ahorra en la primavera y verano adelantando la hora, se pierde al atrasarla en otoño e invierno donde la jornada de tarde casi se hace toda con luz artificial.
Por esta causa se dice que en Europa tienen en estudio cambiar sólo una hora para disminuir en lo posible el trastorno del ritmo biológico que estas modas modernas ocasionan.
En San Nicolás, por tener el campo cercano, se venía a comer a casa muchos días, pero cuando en el camino empleabas más de un cuarto de hora, para no malgastar energías se optaba por llevar “merienda”. De esta manera me dispuse aquella mañana, preparando las cebaderas y metiendo en un seno de las alforjas, además de la reja de repuesto, puntillas y la necesaria llave inglesa, el fardel con las viandas para todo el día. En el otro seno puse la cebada para el segundo pienso y metida entre ello la botija de vino, que como es de barro conserva tanto la frescura del grano humedecido, como la de la tierra si la tapabas en el surco más arenoso y húmedo.












El ambiente era caluroso y un bochorno sofocante. El pelo de las mulas se inundaba de sudor, que al secarse tomaba un color blanquecino.
Cuando al mediodía las quité todos los aperos se olvidaron de venir a la cebadera por revolcarse con deleite varias veces donde hubiera arena seca para empapar el sudor y que luego expulsaban al sacudirse fuertemente.
Para librarme del calor puse una manta sobre las manillas del arado y, recostado sobre el surco, di buena cuenta de la fiambrera, descansando un rato con mi espalda apoyada en la fresca tierra sacada por el arado en el surco abierto.
El día se había vuelto muy nublado, pero el sol a ratos se abría paso por entre las nubes que formaban cúmulos nimbos muy blancos por arriba y con su base teñida de un deslumbrante color de acero.
Cuando reanudé la faena, la tarde se había vuelto desapacible. Un fuerte viento levantaba nubes de polvo y barría con fuerza el reseco suelo. Las nubes aumentaban y la falta de luz acrecentaba el temor de una tormenta inminente.
Al estar estas tierras en lo más alto de la loma que separa el Sequillo y el Valderaduey, en el límite de Palencia y León, creo que contribuyó a que esta tormenta me afectara más que otras, pues dada mi posición parecía que las nubes las alcanzaba con la mano.
Viendo que la tenía encima, venirme para casa hubiese sido una temeridad. Coloqué a las mulas de espaldas al viento y yo, siguiendo los consejos de mi padre, me distancié de ellas como unos cuarenta metros previniendo la caída de algún rayo.
Sentado sobre las alforjas y tapado con las dos mantas que llevaba, me dispuse a aguantar la tormenta lo mejor posible. El sonido ronco que ella producía se fue acercando y como avanzadilla cayeron unas pocas gotas de agua gordas como uvas, que al aplastarse contra el suelo salpicaban de polvo su contorno.
Con un pequeño intervalo comenzó a caer un granizo mediano que al dar sobre las orejas de las mulas las obligaba a recogerlas hacia atrás y metían su cabeza entre las patas permaneciendo inmóviles. Los truenos se asociaban al ruido del agua y del granizo formando un eco ensordecedor.
Las nubes, que parecían bailar en el cielo, habían cogido un color como de panza burro y se intercambiaban potentes relámpagos con brillo tan fuerte que te quedaban medio ciego.
Desde mi puesto elevado podía apreciar como la nube avanzaba sobre el cauce de los dos ríos y desde largo los relámpagos parecían rayos que caían sobre la arboleda de los mismos.
La cantidad de agua que cayó fue tan grande que las dos mantas se empaparon así como mi ropa y comencé a sentir el frío contacto del agua sobre toda mi piel.
Se dice vulgarmente que el que no teme a una tormenta no teme a Dios, puede ser verdad por lo mal que se pasa al verte solo en pleno campo a merced de todos los elementos.
Cuando cesó de llover, desenganché las mulas y montando sobre una de ellas volví lentamente al pueblo. A causa de la mucha agua caída el camino estaba impracticable y los animales casi no hacían pie dando continuos resbalones.
Mi llegada a casa tranquilizó a la familia y en directo me quité la ropa empapada. Por prescripción maternal tuve que meterme en la cama para secar la humedad de la buena merluza pescada hasta la hora de la cena.
Cuando no había ninguna clase de seguros, la aparición de estas tormentas ponía a todos los pelos de punta ya que peligraba la subsistencia familiar de todo el año, y se recurría a los más extraños métodos para mitigarlas.
En Sahagún desde tiempo inmemorial, había la costumbre de tocar la campana de San Juan porque decían que tenía el poder de dispersar las nubes. El encargado de hacerlo era el sacristán, que en pago de su trabajo salía por las eras en Septiembre y casi todos le daban voluntariamente un cuarto de trigo.
Otro caso que quiero contaros, y que a los jóvenes puede parecer inverosímil, me tocó vivirlo personalmente pues en aquel momento ejercía funciones de monaguillo.
Un alcalde, que estuvo muchos años rigiendo los destinos del ayuntamiento de Moratinos y tenía buena amistad con Don Angel, tan pronto como veía indicios de tormenta avisaba a los monaguillos y al Señor cura para conjurar la nube. Revestido este con capa pluvial salíamos a la puerta exterior de la iglesia y el alcalde nos recomendaba seriamente, que como mano inocente, teníamos que coger las puntas de la capa para que la fuerza de la nube no le levantara.











De esta guisa nos enfrentábamos a la tormenta con hisopo en mano y conjuros a la nube para que pasara por donde no hiciese daño a nadie. En una ocasión recuerdo que la furia del agua, relámpagos y truenos nos hizo retroceder al interior del portal. Los dos monaguillos fieles a nuestra misión de anclaje, seguíamos aferrados a la capa del celebrante, que con redoblado empeño seguía repartiendo bendiciones con el hisopo.
El alcalde, que ejercía de técnico meteorólogo, seguía la evolución de la tormenta y cuando apreciaba que la dirección de esta o algún ramal amenazaba al pueblo, aconsejaba la repetición del rito.
Esto, bajo mi punto de vista viene a demostrar que cuando el hombre se ve en peligro se agarra a un clavo ardiendo y siente la imperiosa necesidad de confiar en algo.

viernes, 10 de abril de 2009

CRUCERO POR EL EGEO Y EL ADRIÁTICO

ESTAMBUL
Un buen grupo de jubilados del Club de los 60 fuimos convocados en VILLANUBLA.
A las doce menos cuarto salimos de Valladolid con buena visibilidad. El cuadriculado de las fincas, en esta época, y el verdor frondoso del cereal contrasta con el ocre de los barbechos, formando un conjunto, que desde el aire, parece un cuadro de pintura moderna.
Se da la circunstancia que en esta zona, al ser las fincas más pequeñas, han tenido que hacerlas de diferentes formas.
Debido a que esta zona sería de las primeras en concentrarse, los ingenieros, no sé si por distracción o capricho, han trazado fincas completamente circulares y otras octogonales, cosa poco vista en nuestra tierra.
Alguna mancha de monte hace el contrapunto en todo este conjunto, al que las amapolas y rábanos con sus vivos colores contribuyen a hacer más policromado.
Cuanto más volamos hacia el Este se van haciendo las fincas más pequeñas y de formas caprichosas. Da la impresión de no estar concentradas.
Los pueblos se los ve más grandes y junto a ellos terreno labrado. Lo demás monte y de montañas no muy pronunciadas.
Pasamos cerca de Madrid, Cuenca y Valencia y por el lado izquierdo de Mallorca. Siguiendo por el Mediterráneo encontramos a Córcega, Italia, Albania, Grecia y Estambul.
Córcega se ve con terreno montañoso y poco labrantío, amplias playas y estaba cubierta de bajos cúmulos nimbos, acaso debido a una potente evaporación.
Al poco tiempo se ve Italia como una franja de tierra estrecha, de características parecidas a las de Córcega.
Según avanzamos hacía el Este en un pequeño trayecto, nos vimos envueltos en una neblina indeterminada situada a media altura entre el mar y el avión.
Albania y Croacia son muy montañosas, con anchos ríos repletos de arena, que se asemejan a playas interiores.
Grecia es un constante pasar de golfos, cabos, ensenadas y muchas islas diseminadas por el mar.
El avión sufrió varias zonas de turbulencias leves, que pudieron ser debidas al continuo pasar por zonas de mar y fajas de tierra.

Después de más de cuatro horas de vuelo divisamos Estambul, dividida por el estrecho del Bósforo y cuyo gran aeropuerto está situado en la zona asiática, mucho más llana y espaciosa que la europea. La hora oficial es una de adelanto sobre la nuestra, debido a su posición más al Este, por cuanto el Sol sale y se pone antes.
Turquía fue poblada por habitantes que en sus orígenes eran mongoles. Luego con el gran imperio romano se fueron mezclando con árabes y otros pueblos limítrofes.
La gran explosión del pueblo mongol por todo el Occidente acrecentó el poder del pueblo turco, convirtiéndose en el azote temible de toda la cristiandad y demás pueblos del Occidente europeo..
El ingreso en la comunidad Europea encuentra muchos escollos, tanto por nuestra parte como de la suya, pues existen muchos grupos radicales que no son capaces de olvidar la enorme rivalidad que existió con los europeos por dominar el Mediterráneo, que llegó a estar casi bajo su dominio.
Su fuente principal de recursos lo proporciona el turismo. Debido a su situación geográfica entre dos continentes, desde la antigüedad convergían las principales rutas comerciales. Actualmente también tiene un comercio muy activo y desarrollado con todo el mundo.
Estambul es una inmensa colmena humana, pues entre los dos lados del estrecho del Bósforo, al que llaman El cuerno de oro, suman 15 millones de habitantes de los que el 35 por ciento tienen menos de treinta años. En Estambul convergen también las principales compañías de recreo en cruceros por el buen atraque que tienen en esta magnifica bahía.
El nombre de Estambul ha sufrido muchos cambios. Primeramente se llamó Bizas o Bizancio y fue la capital del Imperio Romano de Occidente. Luego Constantinopla en memoria del Gran Emperador Constantino y finalmente fue llamada Estambul desde 1453, cuando la conquistó el sultán Mohamed II.
También tenían preponderancia en los textiles, hasta que los chinos han inundado el mercado mundial con sus productos.
Visitamos una fábrica de alfombras y nos enseñaron unos modelos fantásticos. Dominan todas las técnicas, tanto del tejido como la utilización de los materiales más diversos.
Su fuente principal de recursos lo proporciona el turismo, principalmente en Estambul, debido a su privilegiada situación geográfica entre dos continentes, donde convergieron siempre las principales rutas comerciales.
Su estupenda bahía sirve de atraque tanto a los numerosos cruceros de turismo como a los que transitan por el estrecho para pasar al mar Negro

El Estambul europeo, que es el primero que se fundó, está cuajado de mezquitas, palacios y otros monumentos que atestiguan el gran auge que llegó a tener el gran imperio otomano.
El guía nos previno contra las malas mañas que deben tener los taxistas que en nada contribuyen a estabilizar el creciente turismo.
Como el diecinueve por ciento de su población árabe fueron siempre muy aficionados al agua, todavía se conserva una gran cisterna en desuso, donde recogían el agua de lluvia cuya capacidad era de 80.000 m3.
El puente colgante que une las dos partes de Estambul fue construido e inaugurado en el año 1970.

Lo construyó una empresa japonesa por un importe de ciento treinta millones de dólares. Su altura sobre el nivel del mar es de sesenta y cinco metros y su longitud total es de 1510 metros. Su anchura es de 39 metros y sólo circulan vehículos, estando prohibido el tránsito de peatones.
En las horas punta sufre enormes colapsos que tienen que ser resueltos con la ayuda de una bien montada red de trasbordadores.

El Gran Bazar es un gigantesco conjunto de tiendas sobre cuya puerta reza un monograma del sultán Adurmecio que dice “Dios quiere al que hace negocios”. De verdad que pueden hacer muchos en las 4400 tiendas en las que se brindan las más extrañas mercancías.
Llama la atención las 1500 joyerías instaladas, y cuyos escaparates contienen unas diez toneladas de oro.
Los joyeros, muy hábiles, quieren aparentar que venden las joyas al peso poniéndolas en básculas de precisión calculando muy serios su precio fijo. Pero el espíritu arraigado del regateo les traiciona, y si ofreces la mitad de lo que te pidieron, en muchos casos te puedes quedar con la compra.




La gran mezquita de Santa Sofía, nombre que significa sabiduría, es la más emblemática de todas las muchas que aquí hay. Pero como actualmente no se da en ella culto alguno, ha quedado como museo en el terreno de nadie. La iglesia ortodoxa no la apoya y el gobierno no hace tampoco en ella muchos desembolsos.

Da pena ver el estado tan deteriorado en que están sus buenas pinturas al fresco. En la gran cúpula central tienen montado un andamio, que, según me han dicho, lleva así muchos años. Algunos creen que es para justificar las inversiones que no llegan a realizarse.
Si los ingresos de la gran cantidad de turistas que la visitan no sirven para mantenerla decorosamente arreglada significa que estos se destinan a otros fines, pudiendo estar matando la gallina de los huevos de oro.
En sus magníficos jardines anexos han querido perpetuar el paso de otras comunidades, levantando un obelisco con caracteres egipcios. Otro, que está roto por su base, era de bronce y representaba a tres cabezas de serpiente.
También se conserva otro de gran altura y piedra tosca, donde se ven las perforaciones que sirvieron para mantener las muchas y valiosas lápidas de bronce que los cruzados se llevaron para Europa como botín de guerra.
La mezquita Azul está mejor conservada, porque en ella se lleva a cabo el culto musulmán.
Exigen entrar descalzos según prescribe el rito musulmán. Tiene muchas y buenas alfombras en las que predomina el color azul de la que toma el nombre.
También gana a la de Santa Sofía en minaretes pues esta tiene seis y la otra solamente cuatro.

jueves, 9 de abril de 2009

RATAS, RATONES Y TOPILLOS


Los dos primeros pertenecen a la amplia familia de los múrios. Se diferencian en que sus patas carecen de garras como los hurones y la comadreja y sus cuerpos son menos alargados.
Proceden del Sudeste asiático y actualmente son un parásito para el hombre en todo el mundo, aprovechándose de su facilidad para invadir los barcos, alimentadas y camufladas en toda clase de mercancías.He oído comentar a gente marinera que las ratas tienen un sexto sentido para intuir cuando un barco está en peligro de hundirse. Abandonan en masa al barco buscando a nado un nuevo lugar donde guarecerse. Transmiten muchas enfermedades, pues dada su gran movilidad, entran en contacto con muchos alimentos usados por el hombre, a los que contaminan.
Causan grandes daños en paneras, silos o cualquier almacén que contengan grano o cualquier alimento, ocasionando la ruptura de cualquier envase por muy sofisticado que sea.
Para contrarrestar esta acción destructora y evitar su gran propagación, se efectúan con potentes venenos periódicas desratizaciones, incluso en las redes de alcantarillado en las que se alimentan y las sirven de expansión.
En los años cuarenta y cincuenta los venenos eran menos fuertes para combatirlas y se recurría a ratoneras o trampas, que se cebaban especialmente con queso, cuyo fuerte olor lo detectaban a mucha distancia. Si la invasión era muy abundante, se recurría a la táctica “del palo y tente tieso” , que en muchos casos era el más efectivo.
Cuando mi padre compró una vivienda antigua que lindaba a la nuestra, era tal la cantidad de ratas que en ella se guarecían que casi no se podían usar, especialmente las paneras, donde acudían en verdaderas manadas.
Con esta plaga lo más práctico era tenderles la trampa en la misma panera cuando estaba vacía. Se tapaban todas las huras de la parte baja, dejándoles sólo la posibilidad de huida a los tejados, donde la ramuja y juncos de que estaban hechos las servían de cómodo refugio.
Recuerdo como un pasatiempo lúdico el ir muchas noches, después de cenar, a dar una batida a la panera, en la que se habían dejado en el suelo un poco de cebada como cebo. Cuatro personas eran imprescindibles para esta operación. Una para portar el carburo, que era un candil de gas acetileno, muy usado entonces por no haber luz eléctrica y tres más provistos de varas verdes muy flexibles.
Acercándonos en silencio y la luz oculta entrábamos en tromba en la panera. El de la luz cerraba la puerta y los de las varas cada uno a un rincón. Conviene aclarar que las ratas no pueden subir por una pared lisa sino solamente por los rincones, en los que si lograbas batirlos con la vara, todas las ratas que intentaban subir caían al suelo. Como no tenían otra escapatoria volvían a intentarlo y poco a poco quedaban todas tendidas por el suelo.
Excuso deciros la juerga que nos deparo una rata mal herida, que intento salvarse subiendo por la pierna arriba hasta pasada la rodilla. Antonio, un buen muchacho que estaba en casa y del que ya os he hablado en otro capitulo, no le quedó otro remedio que sujetarla en la ingle entre el pantalón y su piel. El sacarla de su estratégico refugio fue la monda para todos, y entre chanzas y risas recogimos los abundantes cadáveres con los que llenamos un caldero.
Con unas cuantas batidas se logró que el número de ratas no fuera superior al de las demás casas labradoras que siempre estarán castigadas con esta plaga.


R A T O N E S















Estos hermanos menores de las ratas siempre concitaron menor rechazo, quizá porque su menor tamaño no les obligaba a destruir tantos alimentos.
También sus depredadores eran muy numerosos. Es típica la frase que dice: "Juegas como el ratón y el gato.” Efectivamente muchas veces vemos a los gatos domésticos bien mantenidos que no tienen mejor diversión que acechar, cazar y jugar con el pobre ratón, que muchas veces ni se molestan en comerle después de muerto.
Dicen que los murciélagos también les atacan, como pudimos comprobar en unas vacaciones que pasamos en Portugal. En la bonita población de Mafra tienen una gran y bellísima biblioteca, que para su conservación tienen un novedoso sistema. En unos pequeños cajones agujereados crían murciélagos, que por la noche se encargan de limpiar la biblioteca de ratones, polillas y otros insectos, sin causar el menor daño a los libros.














Si a nivel casero también son victimas de los venenos y ratoneras, no menor es su persecución en el campo por toda clase de aves de rapiña, córvidos, ardillas, perros, gatos y demás depredadores.
Actualmente por el uso del herbicida son menos abundantes. Dada su reproducción hace años, aguantaban el acoso de todos sus enemigos, que aprovechaban el laboreo de las tierras para atacarles con ventaja.
Motivo de distracción era ver como salían a recibirte antes de llegar a la finca, especialmente los grajos, cuando ibas con el tractor a tu faena y te seguían detrás del surco mucha clase de aves, que tenían en el ratón su principal alimento.
Principalmente en tiempo frío, vi llegar hasta aquí alguna gaviota desde el lejano mar. Las cigüeñas también te seguían buenos ratos, tragando, con sus largos picos, todo bicho viviente que saliera en el surco.
Desde el tractor sin cabina, que yo usé muchos años, podías contemplar las batallas que se entablaban por la posesión de un ratón. Las pegas o urracas, un córvido entonces muy abundante, no tenían inconveniente en arrebatarle la presa a los gabiluchos o cernícalos. Sus garras y pico curvo no era suficiente garantía para que las pegas, con su mayor fuerza y pico corto pero robusto, lograran su objetivo.
También era digno de verse cuando el cernícalo, después de estar un rato batiendo las alas sin moverse un milímetro en el aire, se lanzaba en picado sobre algún ratón que, temeroso por el ruido del tractor, se aventuraba a salir de su madriguera.
Este austero ratón del campo, que se alimentaba de cuatro hierbas y alguna gramínea, apenas se notaba que causara daño alguno. En cambio servía como alimento a una multitud de aves y otros animales que llenaban el ambiente campesino de una vida pujante y armónica.
Cuando salías a dar un paseo se disfrutaba de este armonioso conjunto de la naturaleza, en contraste con la situación actual, en la que, poco a poco y cada vez más, la vista del campo se va pareciendo a un desierto sin vida alguna.


LOS T O P I LL OS



Gran polémica ha causado este animalillo, tanto en sus orígenes como en la manera de combatirlo. Con la publicación en la prensa del hallazgo en algunos pueblos de topillos sueltos, se va generalizando la idea de que son arrojados intencionadamente para favorecer a las aves de rapiña.
Al no haber dado señales de vida esta plaga en casi dos años, su nueva aparición alienta la idea de algunos, que aseguran haber visto hasta las cajas tiradas en el campo, en que suponen eran lanzados desde un helicóptero.
La verdad objetiva es que nadie ha presentado fotos de dichas cajas, ni prueba fehaciente alguna. Según los libros que he consultado, dicen que son eclosiones procedentes de altas zonas de montaña, donde han habitado siempre y consideran lo de su lanzamiento como pura fantasía.
Al margen de esta polémica, la realidad es que este animal tiene la fuerza cavadora de los topos y la movilidad expansiva de los ratones. Ambas cualidades reunidas les hacen temibles, porque en pocos días pueden colonizar amplias extensiones de terreno con sus madrigueras, en las que cómodamente instalados, devoran toda clase de cultivos.











Esta cualidad se ve reforzada por tener un ciclo reproductivo tremendamente rápido.
A los 23 días de gestación las hembras pueden parir hasta siete crías de unos cinco gramos de peso cada una.
Con dos semanas de lactancia y otras ocho de crecimiento llegan a la madurez sexua,l que pueden usar en cualquier época del año, pues su vida subterránea les defiende lo mismo del frío que del calor.
Dependiendo de la clase de cultivo, pueden tener una densidad de hasta cien o más individuos por hectárea. Su dieta alimenticia es variadísima, comen toda clase de cultivos herbáceos y leguminosos, alfalfas, viñas, frutales bajos y productos de las huertas.
Por estar la mayor parte de su vida bajo tierra, la lucha contra ellos es tremendamente difícil. La quema de rastrojos, que se creía efectiva, no ha dado los resultados apetecidos.
La clorafacinona, último veneno recomendado por especialistas traídos de Alemania, es muy bueno, pero tiene complicaciones a la hora de aplicarlo. Se tiene que mezclar con cebada o trigo y para que no lo coman los demás animales hay que meterlo dentro de unos macarrones de plástico y colocarlo casi dentro de las huras.
Esta operación tan meticulosa la van rechazando ya la mayoría de topillos que consideran raro tener que comer lo que se les presenta en un tubo, tan diferente de su comida natural.
Este tratamiento tan minucioso resulta muy costoso por tener que hacerse solamente a mano. Tratar a las grandes fincas, que con la concentración se han formado en esta zona de campos, resulta poco menos que imposible. Se comenta que muchos labradores lo tiraron a boleo, causando mucho daño a las pocas piezas de caza que resistieron la vieja contaminación por los herbicidas.
Los ecologistas dicen que esta plaga es un tributo que hay que pagar a la maltratada naturaleza. Pero siendo ecuánimes debemos admitir que este tributo sale demasiado caro a los que no tienen más medio de vida que su dedicación exclusiva a la explotación agrícola. Cada vez que el hombre interfiere en el equilibrio armónico de la naturaleza, no logra más que estas tremendas plagas que estamos comentando. Esperemos que este repunte de la plaga no avance tan rápido como lo hizo hace dos años y se vaya extinguiendo lentamente, como el caso de la mixomatosis de los conejos.

domingo, 15 de marzo de 2009

DE SALOU A PEÑÍSCOLA

Al Sur de Salou, siguiendo la costa, se encuentra Reus, importante población de cien mil habitantes, con un buen aeropuerto y cabecera de una amplia comarca.
De antiguo destacó por la elaboración de aguardientes, siendo el mejor de España y se codeaba con Paris y Londres en este mercado.


Contribuyó a su desarrollo la llegada a ella de grandes fortunas que trajeron los emigrantes nativos de las Américas. Como ostentación de su riqueza, estos llamados indianos, construyeron grandes y hermosas mansiones, que en la actualidad forman parte de un circuito turístico que denominan Casas Modernistas.

















El cultivo de la avellana tuvo mucha importancia en esta zona, hasta que las importaciones de Turquía las hizo poco competitivas en el mercado internacional. Pero, por su gran calidad, tienen una denominación de origen que es muy cotizada en el mercado minorista de especialidades.







En un pueblo cercano a Reus, que se llama Mont-roig, el pintor Miró pasó una larga temporada convaleciente y en él fundó un museo con algunos de sus cuadros.








Siguiendo el litoral nos encontramos con la que fue central nuclear de Vandellós I. Para cerrarla, a pesar de estrenar una buena técnica, copiada por muchos extranjeros, se gastaron tantos millones como para montarla.
Solamente para sellar el reactor se utilizó un grueso muro de hormigón de cuatro metros de espesor forrado con un casco de acero.
A pesar de que se están introduciendo fuentes de energía renovables, la central nuclear de Vandellós II, a pleno funcionamiento, se hace imprescindible para abastecer el consumo eléctrico que necesita la industria catalana.

Pasado el Delta del Ebro, al que tenemos programada otra excursión, llegamos a Peñíscola cuyo auge turístico ha sido espectacular. La atracción principal es su castillo que fue construido en los siglos I y II antes de Cristo.

Impresionante fortaleza asentada en una península, con un sistema defensivo casi inexpugnable por la buena distribución de sus terrazas, torreones y contrafuertes.

Otra particularidad, no pequeña, de esta fortaleza es que en su interior, más alto que el nivel del mar, brota una fuente–pozo que siempre les suministró abundante agua potable, elemento tan esencial para resistir los más largos asedios.
Encomiable es el capricho de sus constructores que emplearon la más extensa gama de arcos. Allí se encuentran, bien ejecutados en piedra desde el arco casi plano al rebajado, del de medio punto al apuntado, mezclados con tal maestría que los arquitectos modernos no lo entienden, ni se explican su finalidad.
En este castillo se hizo fuerte el Papa Luna, que después de la rebelión de Aviñón se proclamó Papa universal. Temeroso de que fuera detenido por el Vaticano, con las espaldas bien cubiertas en tan singular fortaleza, siguió desafiando al Papa hasta que murió, creyendo ser el Papa verdadero. Para perpetuar el cisma de Aviñón nombró un sucesor, el cual, viendo que no contaba con ningún apoyo, optó por dimitir y someterse al Papado de Roma.

En un pueblo próximo de esta comarca aún dan fruto olivos cuya antigüedad se cifra en más de dos mil años.
Esto demuestra lo bien que se adaptó siempre este cultivo en esta zona, pues se tienen datos escritos de mucho antes de la dominación fenicia y romana.
Otro cultivo que desde Castellón ha subido por el litoral es el naranjo. Como el cultivo del avellano ya no es rentable se ha sustituido por el naranjo, planta más rentable pero muy delicada, que requiere esmerados cuidados, sobre todo, en los cuatro primeros años que tarda en dar fruto.

LA DESAMORTIZACIÓN
















Juan Álvarez Mendez, era el verdadero nombre del que se hiciera célebre con el nombre compuesto de Mendizábal. De familia humilde, origen judío y favorable a los intereses británicos. Fue llamado por el gobierno español como gran economista y político, para poner orden en su quebrada hacienda.
Fue el ponente impulsor de la famosa ley de la desamortización en 1836 por la que suprimió las comunidades religiosas masculinas, pensando que los muchos beneficios que tenían los religiosos y a su sombra muchos hacendados repercutiera íntegramente en las exhaustas arcas del Estado .
Esta ley vino a dar la puntilla definitiva a la ya mermada autoridad de los monjes, atacados desde todos los frentes, con más intensidad por los pobres que se revelaron varias veces.
En una de ellas el Abad de Sahagún se trasladó a San Pedro de las Dueñas para sofocarla, pero fue tal el empuje y rabia de la masa que llegaron a desnudarlo exponiéndole en público ante la plebe exacerbada.
Ante una situación tan extrema a los monjes no les quedaba otro recurso que amenazar con la excomunión a los autores de estos hechos y a los que compraron sus bienes. Entre los creyentes, más bien pobres, haría algún pequeño efecto pero a los adinerados les importó un comino y no desaprovecharon la ocasión para hacerse por poco dinero con buenísimas propiedades.
Citaré a varias familias que vinieron a Sahagún y en complicidad con antiguos burgueses del lugar desvalijaron a la Abadía convirtiéndose en los grandes capitales del lugar.
Por los signos externos que hoy ostentan, creo que la familia Font, oriunda de los Melgares pero con ascendencia catalana, fue una de las principales.
Demostrando su alcurnia se levanta frente a la entrada principal del cementerio de Sahagún un gran mausoleo, algo abandonado, que proclama en su frontispicio el apellido ilustre.
Esta familia, valiéndose de una estratagema pactada entre todos los licitantes, compró después de varias subastas a la baja, el antiguo priorato y hoy caserío de Valdelaguna
por un millón de reales. La extensión de la finca es de 900 hectáreas, mitad de buen monte y mitad de una fértil vega, acaso de las mejores del río Cea.












Otra familia de ascendencia Lebaniega, Los Corral, compraron por similar procedimiento a los monjes franciscanos la Abadía de Trianos. Actualmente la iglesia y lugares anejos están convertidos en pajares y garajes que guardan la maquinaria de un arrendatario de mi tiempo, con el que tenía muy buena amistad y al que compré alguna vez alfalfa cultivada en la estupenda vega que tiene.
Un miembro de la familia Corral vivía en una hermosa mansión que habían logrado hacer remodelando la residencia franciscana, a la sombra de árboles centenarios, con frondosos jardines regados por las muchas acequias que cruzan la finca. En época de estío dan al ambiente una sensación de frescura y bienestar inigualables.
Es digno de admirar el buen gusto y astucia que tenían los frailes para adueñarse de estos lugares, a los que convertían en verdaderos oasis dentro del desértico paisaje castellano.
Otro familiar de estos, Don Gerardo del Corral, del que ya hemos hablado a propósito de la Bodega Cooperativa de Sahagún es dueño de una gran panera y de una gran casona, hecha de hace muchos años y casi tocando con el gran arco de entrada que tenía la Abadía, hoy monumento, que se llama Arco de San Benito.

Tiene esta casona de tres plantas, con grandes salones capaces de albergar una mesa de billar y todas las comodidades que estas casas de acaudalados ricos tenían
También podríamos citar a las familias de los Flórez y los Antón que procedían de Medina de Rioseco, los Triana de Villalón, los Árias de la Bañeza y los Quiñones de León.

Queda claro que acudieron todos los acaudalados de la región, como moscas a la miel, logrando que los ricos se hicieran más ricos y los pobres más pobres, rematando la decadencia de Sahagún y su comarca iniciada años atrás, con las incursiones devastadoras de Almanzor y el saqueo de las tropas napoleónicas.

sábado, 7 de marzo de 2009

LA COMADREJA ( por aquí llamada MOSTOLILLA)

Es un carnívoro de cuerpo fino y tan elástico que puede introducirse por el más pequeño resquicio. Esto no es óbice para que desarrolle una formidable fuerza, que si exceptuamos el caso de las hormigas, es capaz de arrastrar el cadáver de un conejo a su madriguera, con un peso bastantes veces mayor que el suyo.
Su faceta depredadora es tan amplia que puede matar topos, ratas, pájaros e incluso liebres y conejos. Cuando estos se criaban en casi todas las casas labradoras, hacía mucho daño en las conejeras, pues al tener abundancia de presas, sólo se alimentaba chupándoles solamente los sesos, matando camadas enteras en la hura y si no encontraba crías mataba también a los padres.
Es muy difícil combatirla pues es tal la finura de su olfato que nunca comía ningún veneno ni tocaba a las trampas que se la ponía. Los gatos, a pesar de ser más corpulentos que ella, huían despavoridos tan pronto la veían y los perros para atacarlas tenían que ser valientes y entrenados.
Como prueba de lo ágiles y fuertes que son os contaré un caso que nos pasó arando en pleno campo.


Estábamos roturando una tierra, holgada ya muchos años y debajo de la maleza tenía su guarida una mostolilla que demostró ser muy veterana.
Teníamos entonces un buen perro, de los que se llamaban de carea pues eran muy útiles para el manejo de las ovejas. Cuando la vertedera del arado destruyo su guarida, salió huyendo perseguida por el perro que intentaba apresarla en su boca. Ella se defendía clavando sus garras y dientes en el hocico del perro, que al sentirse herido tenía que desprenderse de ella lanzándola al aire.
Repitieron esta táctica varias veces y al verse ella perdida, trató de huir resguilando por las patas de las mulas, que resoplando asustadas, trataban de patearla iniciando casi una estampida. Para evitarla tuvimos que intervenir usando las varas de las trallas y la ayuda del perro.
Viendo el cadáver de un animal tan pequeño no se puede imaginar uno su gran agilidad para dejar ensangrentado el hocico de un buen perro y el nerviosismo que produjo en las dos labranzas.
Misterios de la naturaleza que a cada animal le ha dado los medios para defenderse y poder subsistir.

GIJÓN













Según la programación un tanto rígida que tienen estos viajes, salimos de Palencia por la carretera de Carrión donde entramos en la autopista del camino de Santiago. Pasamos por Moratinos y sin tocar León, seguimos a Onzonilla y cogimos la autovía de Asturias.
Como la hora era propicia, sobre las once de la mañana, pudimos contemplar el gran puente de tirantes del pantano de Luna.















Para evitar pasar por el peligroso puerto de Pajares han excavado un largo túnel por debajo de la cordillera Cantábrica.
Nada más pasar este ya se aprecia el cambio de clima mesetario por el zumbido de los oídos, que desaparece al bajar de nivel y hacerte a la menor presión y clima suave del Cantábrico.
Disfrutando de la verde campiña asturiana llegamos al hotel Begoña de Gijón. La primera impresión que te da este hotel es que está diseñado a la moda antigua, con muchas alfombras, lámparas y muebles confortables.
Han querido adaptarle a los tiempos actuales, pero no han podido suprimir los distintos niveles de su estructura antigua, quedando los molestos banzos en muchas de las dependencias. Como las escaleras antiguas dejan poco hueco en su interior los ascensores que en ellas han montado resultan pequeños e insuficientes para el uso moderno.
El servicio del comedor no se hace por buffet sino a la antigua costumbre, que a unos gusta y a otros no. Tiene la ventaja y comodidad que te sirven a la mesa sin la manipulación un tanto excesiva del buffet. Pero al tener que servir por mesas completas, a veces hasta doce comensales, se hace más lento y no puedes disponer de la mayor cantidad y variedad de alimentos.
Por la tarde después de deshacer la maleta, salimos a dar una vuelta por Gijón. La impresión que teníamos de ser una ciudad anodina habitada por clases medias luego desaparece, pues te encuentras con grandes parques muy bien cuidados, avenidas amplias y modernas y edificios antiguos con ornamentación muy bien conservada.
Una tarde lluviosa hicimos una visita a la Universidad Laboral.

Da pena ver que el mejor centro de enseñanza laboral de los años cincuenta y sesenta esté en un estado de abandono vergonzoso. No es concebible que de todas las generaciones que allí se formaron con inigualable competencia, ocupando actualmente cargos de relevancia en todas las administraciones, no hagan algo por que se conserve esta institución que fue modelo en toda Europa.
La construcción del edificio da muestras de la ilusión y magnificencia con que el régimen de Franco lo apoyó y logró un conjunto arquitectónico que no he visto en ningún sitio, dentro de los construidos en su época.
Lo primero que te sorprende es su entrada con enormes columnas jónicas estilo Partenón de Atenas. El paraninfo con su altísimo cimborio y entrada de luz lateral se parece mucho a la catedral de San Pedro en Roma. La iglesia muy amplia y de buen estilo, no desentona con la grandeza de todo el conjunto de instalaciones docentes.
Nunca creí que la cobardía y desinterés de los políticos llegara a consentir el abandono de este singular monumento que, según los expertos, si no se toman las medidas urgentes está en peligro de ruina progresiva.
También nos gustó mucho el Jardín Botánico.
En un gran parque que fue propiedad de una familia adinerada, el municipio de Gijón ha instalado una soberbia muestra de muchas especies botánicas tanto arbóreas como ornamentales.
Por su misión didáctica, está dividido en conjuntos que muestran las plantas pertenecientes a una misma familia. En las cinco horas que empleamos, casi no tuvimos tiempo de recorrerlo en su totalidad, pero salimos satisfechos por las buenas explicaciones que nos dio nuestro guía.
Además de este, Gijón tiene otro parque muy extenso que llaman el de la Reina y muchas avenidas con frondosos árboles que hacen a esta ciudad muy acogedora.