sábado, 14 de noviembre de 2009

OTRAS FIESTAS DE SAHAGÚN
















El día 28 de Octubre se sigue celebrando la feria de San Simón,que con el paso de los años ha cambiado bastante. En los años del 40 al 70 era una feria al uso de las de esta comarca, con concurrencia de ganado mular y vacuno en la plaza y aledaños en que actualmente se levanta la Formación Profesional. También muy concurrida era la del ganado lanar, por ser la época de vender el deshecho de las ovejas viejas y los corderos ya mayorespara el sacrificio. Acudían también los pastores con buenos lotes de cencerras de diferentes tonos, que hacían sonar para que el comprador probara la calidad y sonido de cada una, formándose como un concierto cencerril.
Esta feria de San Simón también se ha denominado la de los pavos, porque a ella acudían buenos lotes de ellos. Eran cebados casi a mano desde pequeños y luego echados a pacer como verdaderos rebaños, en los rastrojos de los pueblos de páramo limítrofes a Sahagún.






El tiempo que trascurre desde esta feria a la Navidad es el justo para darles una alimentación especialmente diseñada para su engorde y sacrificio en las fiestas navideñas.







Al faltar esta crianza se pasó a denominarse la feria de los puerros, cuyo cultivo en la vega del Cea está por estas fechas en la óptima sazón para recogerlos.


















Podéis comprobar que el paso de los años ha ido dando a esta antigua feria diferentes nombres, según los productos que en ella sevendían.

Actualmente lo más importante de ella es la exposición de maquinaria agrícola que se instala en los aledaños del palacio de los deportes.
También estas ferias tenían su lado lúdico, pues alguna compañía de teatro montaba su teatro portátil en la plaza de San Lorenzo. Casi con el mismo elenco de actores que tenían en Madrid, representaban las obras más clásicas de nuestro teatro, de autores españoles y extranjeros. Como muchos padres iban acompañados de sus hijos, para que a estos les resultara más ameno, empezaban con un sainete cómico que distendía el ambiente. Seguían con la obra principal, que podía ser comedia de fondo, de enredo o tragicomedia. Si era buena obra te hacía pensar cuando salías, que es el mayor misterio del teatro. Y para terminar, dando satisfacción a la mucha gente joven que también asistía, casi con los mismos actores pero con diferente indumentaria, organizaban como una revista musical muy animada yvistosa. Un recital de las canciones más modernas servía de fin defiesta.
Con este espectáculo tan variado la gente salía satisfecha de haber pasado más de dos horas olvidándose de los problemas diarios. Con estos alicientes acudía la gente de los pueblos cercanos, que junto a los de Sahagún mantenían estas compañías teatrales, a veces hasta una semana con dos sesiones diarias.
Otro espectáculo que se daba con frecuencia era el circo. En aquella su época dorada en que había varios recorriendo toda España, alguno hacía alto en Sahagún por pocos días. Gran expectación promovía en toda la región la llegada del circo, anunciado de antemano con una propaganda rumbosa y colorista.
En aquellos años que no había televisión, internet ni consolas de juegos, el espectáculo tan variado del circo gustaba a todos. Traían un buen repertorio de payasos, en algunos casos de fama internacional como Charlie River que sin decir una sola palabra y valiéndose solamente de una silla, emitía solo como un aullido que hacía destornillarse al público.





















Gustaban mucho los equilibristas y gimnastas con sus demostracionesde destreza y fuerza. Un buen parque de elefantes, caballos, perros y otros muchos animales servían para lucimiento de sus domadores, que hacían con ellos cosas inverosímiles y de mucho peligro.
Muy espectacular era también la actuación de los trapecistas que a la altura de las lonas del techo realizaban ejercicios muy arriesgados. Uno de ellos era el llamado triple salto mortal, que no todos los trapecistas se arriesgaban a hacer. Lo realizaban dos trapecistas de cualidades diferentes. El llamado portor o recibidor tenía unos brazos muy desarrollados y potentes y unas piernas en consonancia para agarrarlas al trapecio y aguantar el empuje de los dos saltadores. El otro compañero de salto era de complexión física más liviana que favorecía su gran agilidad y rapidez de movimientos. Puestos en dos trapecios frente a frente, iniciaban unos vaivenes de ensayo acompasados, poniéndose el recibidor boca abajo y con los brazos extendidos en actitud receptiva. El volador de pie bamboleándose sobre el trapecio, aguardaba la orden seca de su compañero girando tres veces seguidas sobre si mismo, agarrándose a los brazos firmes de su compañero. De la fuerte inercia que un cuerpo humano girando rápido en el espacio llega a alcanzar, lo demostraba el fuerte chasquido que se escuchaba cuando las manos del lanzado chocaban con los brazos del que recibía, resbalando hasta las manos que unidas aguantaban el empuje del salto. Con un balanceo muy vistoso soltaban las manos y el lanzador egresaba a su trapecio.
Si he detallado tanto este salto ha sido por la nostalgia que sentí este último San Antolín en Palencia, cuando siguiendo la tradición asistí a una pobre exhibición de circo. Cuando entras sientes una sensación de vacío, pues estaba ocupado acaso por menos de un tercio de las localidades. Esta falta de público, debido principalmente a los inventos modernos que ya dije, es lo que hace presagiar desgraciadamente el final del circo.

Un grupo de payasos intentaba hacer reír a la mayoría del público formado por niños. En la exhibición de animales se echó en falta a los grandes protagonistas de la emoción como leones, tigres y demás fieras, limitándose a una exhibiciones con poco gancho de elefantes y caballos amaestrados. Pero donde se notó más el bajón fue en los trapecistas, que rodeados de redes de seguridad por todas partes, privan al público de la emoción de este espectáculo. Vistos desde abajo parecía que estaban actuando dentro de una jaula, como los domadores de antes, realizando varios ejercicios y un protocolario doble salto mortal.

Hablando de redes de seguridad me vino a la memoria la singular Pinito del Oro, que también actuó en Sahagún, instalando su gran circo en la era-solar que hoy ocupa la telefónica y casas adyacentes. Esta gran trapecista de fama mundial no usaba ninguna red de protección. Como ayuda, que creo era más psicológica que efectiva, confiaba en que su marido desde el suelo siguiera sus evoluciones, para que en caso de fallo pudiese amortiguar la caída recibiéndola en sus brazos. Esta arriesgada técnica demostró tener poca efectividad, pues en los tres casos de fallo sólo en uno pudo hacer algo su marido que salió también lesionado y en las dos restantes sufrió gravísimas lesiones, que sólo con su voluntad indomable supo sobreponerse y volver a actuar. Daba vértigo y escalofrío verla actuar en las alturas en toda clase de posiciones en el trapecio. Era tal su dominio que pisaba en él, sin valerse de las manos, como si pisara en tierra firme, lo mismo en vertical que invertida apoyada en su cabeza. Pero el ejercicio que más emocionaba al público era cuando apoyaba solamente dos patas de una silla sobre el trapecio. Sentada sobre ella iniciaba, en el más difícil equilibrio, unos vaivenes con los que llegaba a tocar la lona del techo.


Como podéis ver por Sahagún pasaban los principales espectáculos que entonces había en España. Para lograr su continuidad el público tenía a gala asistir a todos ellos

viernes, 6 de noviembre de 2009

FIESTAS DE SAN JUAN DE SAHAGÚN











Por estar San Nicolás, mi pueblo, a sólo seis kilómetros de Sahagún y a pesar de ser provincia de León, ha sido y seguirá siendo el centro comercial, cultural y de recreo de los pueblos de su entorno. Si esta atracción se notaba en la vida diaria, cuando llegaban las fiestas de su patrono San Juan de Sahagún, que se celebran el doce de Junio, acudían a celebrarlo la inmensa mayoría de su comarca.
Además de la corrida de vacas que se celebraba en la plaza mayor,rodeada de talanqueras y tendidos, en la plaza de toros se daba la corrida seria y principal el día doce, alguna corrida de rejones y la charlotada a cargo de una compañía de enanos, muy en boga entonces.


Recuerdo un año que asistí de adolescente con mi padre, aficionado taurino sólo en estas fiestas, a la corrida en que alternaba como espada principal Torerito de Málaga, muy alabado por la critica que le ponía en los primeros lugares del escalafón taurino. Aunque su actuación no defraudó, tampoco respondió a la expectación que había generado. Esto es muy corriente en las grandesfiguras cuando tienen que actuar en estas plazas de tercera sin el apoyo, muchas veces abusivo, de los picadores. Al reclamo de su nombre se llenó la plaza y fuera de ella había ese ambiente de calor taurino que se transmite a todo el mundo, en las horas precedentes a la corrida.




Aquel año el ayuntamiento tiró la casa por la ventana, contratando para animar las fiestas a la célebre banda de música que se llamaba del “Negro Aquilino”. Recuerdo, como si lo estuviera viendo, la imagen de su director,cuya sudorosa tez morena contrastaba con el dorado de su uniforme. De sus mangas colgaban unos largos flecos, que relucían con la luz del sol. Iba delante de su numerosa y bien uniformada banda empuñando una larga batuta con la que imponía el ritmo. Cuando la partitura exigía una atención especial daba la cara a la banda andando hacía atrás, con un ritmo y donaire que electrizaba a la gente aplaudiéndole a rabiar.
Algún año había corrida de rejones en la que participaban caballistas de renombre. Aunque resultaba un espectáculo muy vistoso,por la maestría del rejoneador y la buena estampa de los caballos que montaban, estas corridas no despertaban la emoción del peligro que encierra siempre la lucha del hombre de a pie frente a la bravura del toro.



















También había entonces mucha afición a las charlotadas, cuyo público se divertía riendo los lances cómicos, especialmente los niños acompañados de sus padres. Estos enanos, vestidos con trajes de luces o de bomberos, hacían gala de una agilidad y valor que entusiasmaba al público saliendo casi siempre satisfecho del espectáculo.















No faltaban aficionados a las corridas tradicionales de vacas en la plaza mayor, que se pasaban toda la tarde intentando dar un buen paletazo a la vaca. Por el gran resabio que estos pobres animales cogían en las diferentes plazas que las toreaban, acercarse a ellas no era cosa fácil, pues parece que adivinaban a quien intentaba apalearlas saliendo rápidamente a por él para darle un buen susto. Aclararé a los jóvenes que en estas corridas estaba prohibido usar capotes o prendas con las que se pudiera engañar a la res. No se usaba más que una vara con la que pudieras defenderte y producir emoción si a cuerpo descubierto intentabas llamar su atención.
Cuando la noche ponía fin a la corrida, para reponer fuerzas, acudíamos a los restaurantes y según fuera el número de comensales contratábamos para cenar conejos o pollos. No era nada extraño que los conejos guisados que nos servían tuvieran dos cabezas y los pollos un solo muslo, pues esos días valía todo y tratándose de gente joven, que todo lo aguanta, mucho mejor.
Los bailes de Goyo y la Pista estaban muy animados. El año que se inauguró la pista constituyó una novedad que no había existido en Sahagún. Tenía mucho aliciente poder bailar al fresco en una amplia e iluminada pista u optar por hacerlo en un buen salón. En ambos casos a los sones de una nutrida orquesta.
Estas fiestas solían terminar a las tres de la mañana, hora en que en grupo emprendíamos el regreso al pueblo. Llegábamos cansados pues después de una tarde de fiestas teníamos que andar seis kilómetros de propina.
La educación espartana que entonces nos imponían nuestros padres no permitía que se perdiera una jornada de trabajo. Así que nada más cambiarnos de ropa poníamos los aperos a las mulas y salíamos a arar como todos los días. Con la brisa fresca del amanecer intentábamos hacer la labor de otros días, pero cuando llegaban las nueve y el sol empezaba a calentar se notaba la resaca de la fiesta.
La jornada de trabajo a final de primavera se repartía en dos tandas, en medio de las cuales se hacía el almuerzo. Este era un averdadera trampa pues como lo hicieras a la sombra de una manta puesta sobre las manillas del arado, con el frescor de la tierra del surco,te entraba un sueño tan profundo que no te despertabas ni a tiros. En esos días era una regla no escrita pero observada por todos que si a las doce, que era la hora de volver a comer a casa, algún compañero seguía durmiendo se le despertaba y así llegaba a casa a la hora de siempre. Con las dos horas de siesta después de la comida, por la tarde se entraba ya con el ritmo normal. Así transcurría nuestra juventud con el consentimiento tácito de nuestros padres, que intentaban enseñarnos a compaginar las horas de fiesta con las de esfuerzo en el trabajo.

sábado, 24 de octubre de 2009

EL TEIDE
















Hace unos años, ya casi tres, con ocasión de un viaje a Tenerife visitamos el Teide. De aquel momento queremos contaros nuestras impresiones.

Si el escenario del Teide es de por sí espectacular, no menos meritorio es el esfuerzo
que Tenerife ha hecho para modernizar, comunicar y conservar este tesoro turístico.
Cuando empiezas a subir las primeras rampas te das cuenta que con la altura van cambiando las esponjosas nubes pegadas al terreno. Al entrar en la zona de pinares, a unos doscientos metros de altura, da la impresión de que estás en la más intrincada selva tropical. El pino canario, actualmente protegido, desde su espesura, busca la luz solar alargando sus derechos troncos hacía lo alto.
Es una verdadera lástima que hasta aquí haya llegado la plaga de los eucaliptos, promovida por las papeleras en los años de escasez. También erróneamente plantaron pinos foráneos, que al no estar aclimatados al ambiente necesitan, como el eucaliptos, más agua que la que proporciona los vientos alíseos.
El pino canario, además de proporcionar una excelente madera, de la que están hechas las mansiones antiguas, esta constituido por finas vetas de madera, bien bañadas de resina, que con el tiempo toma un color oscuro parecido al nogal.
Esta misma estructura le defiende del fuego y con sus hojas alargadas consigue convertir en agua el aire húmedo del Atlántico.
Después de esta zona boscosa viene la de los volcanes, que hace millones de años abundaron por aquí. Recientes estudios han demostrado que el material volcánico más antiguo no está en el Teide sino en la caldera de Taburiente, que es un enorme cráter de un volcán apagado.







Hubo otros dos volcanes antiguos que el tiempo y las erupciones del Teide han ido allanando. Los restos de lava han ido formando unas figuras caprichosas, que fotografié, con los nombres alusivos del dedo de Dios, el Ángel, el rostro indio, el guanche mal enterrado y otros muchos que la fantasía de los visitantes da nombres según su figura.




















Al venir en el autocar de regreso, pasamos por una vuelta pronunciada de la carretera, que la excavación ha dejado al descubierto tal cantidad de vetas con diferentes colores de lava, que la han bautizado con el nombre de la Tarta por su gran parecido.













También en otro desmonte de la carretera hay un conjunto de figuras de forma circular, con unas vetas que parece los pétalos de una rosa.















Por el lado norte del Teide han montado un funicular, con capacidad para treinta y ocho personas, que te eleva a tres mil quinientos cincuenta y cinco metros. Aprovechando esta gran altura han montado un mirador desde donde se puede divisar, en días claros, todo el archipiélago.









Los pocos metros que faltan hasta la cumbre, además de ser peligroso por las emanaciones de gases sulfurosos, el cabildo de Tenerife, con un buen criterio conservacionista, no da permisos más que a científicos y vulcanólogos.

viernes, 23 de octubre de 2009

ENTIERROS DE ANTES




El pasado veinte de Septiembre asistimos al entierro de mi querido consuegro Teodoro en su pueblo natal de Joarilla de las Matas (León).
Constituyó un acto multitudinario de dolor, por ser el finado muy conocido y apreciado en todos los pueblos limítrofes.


De San Miguel, por ser el pueblo de Paquita, esposa del finado, acudieron una gran mayoría de sus vecinos.
















Este acontecimiento me ha traído a la memoria la gran diferencia que he apreciado en los setenta años que llevo participando en estos actos.
El uso mayoritario del coche ha contribuido a que en los entierros actuales, en general ,se concentre gran multitud de gente que, sin tener una afinidad con el difunto, le gusta acompañar y de paso saludar a conocidos y amigos.
Esta buena costumbre, que contribuye a la unión de estos pueblos tan pequeños y distantes, sin embargo, a mi entender, también ha ocasionado que con la multitud se haya perdido el sentimiento familiar de recogimiento y dolor que antes tenía.
Las mujeres más allegadas al difunto no acudían al entierro, y se quedaban en casa donde recibían el pésame. El luto de entonces era muy riguroso. Las mujeres vestían totalmente de negro y los hombres corbata negra y una franja en la manga de la chaqueta.
















Las chicas jóvenes, a las que se hubiese muerto uno de sus padres, no pisaban el baile en más de un año y las bodas no se celebraban hasta pasados dos años.
El anuncio de la defunción, sin la ayuda del teléfono y los coches, tenía que hacerse por mandado personal. Para asistir a la ceremonia había que recorrer a pie o en caballería la distancia que a veces sobrepasaba los veinte kilómetros.
El finado salía siempre de su domicilio llevado a hombros por familiares y amigos hasta el cementerio, donde se le daba sepultura en una hoya previamente cavada.
Para que los familiares más directos no tuvieran que hacerla, siempre había vecinos o amigos de la familia que se encargaban de hacer esta ingrata labor. Una vez que la caja se colocaba en la hoya también se encargaban de cubrirla con tierra, procurando hacer con ella un pequeño montículo para que cuando mermara no bajara del nivel general del cementerio.
La costumbre de los panteones apenas existía y su generalización se ha puesto en boga a partir de los años setenta.
El velatorio actual en los tanatorios tiene mucho de reunión social y comodidad para la familia, pero acabó con la tradición de velar el cadáver durante toda la noche. Normalmente había vecinos que lo hacían a primera hora hasta las doce y otros madrugadores que cogían el relevo hasta que amanecía.
Nunca faltaba alguna vecina que se especializaba en tener un repertorio de advocaciones para encomendar el alma del difunto.
Había en Terradillos una mujer pariente nuestra llamada Bernardina que era verdaderamente una institución en este contorno de pueblos donde iba a rezar. Tenía tan amplio repertorio de jaculatorias que podía pasar una noche entera sin repetir ninguna.

Para que sus rezos no resultaran pesados, con mucha psicología, invitaba a los presentes a mantener una charla de los acontecimientos diarios. Entre estas pausas era costumbre repartir un vaso de vino a los presentes, labor que por desgracia, me tocó hacer en muchos velatorios. Los funerales se celebraban con toda solemnidad. Antes de la misase entonaban en el coro los Maitines en gregoriano con sus lecciones. Seguía la misa de Réquiem y al Ofertorio se acercaba una mesa con seis obladas de pan alumbradas por un cerillo y en el medio una jarra de vino que eran bendecidas por el celebrante.
Este ofrecimiento lo hice muchas veces ya que mis familiares mayores tenían defectos auditivos y no oían al celebrante.

En años anteriores a los cincuenta las familias más acomodadas tenían la costumbre de dar la llamada caridad en los entierros. Esta consistía en repartir a los asistentes al entierro picachos de pan,queso y vino con largueza (El picacho era la cuarta parte de un pan de medio kilo). Aprovechaban esta circunstancia todos los pobres que pedían limosna en toda la comarca, que estaban muy atentos a estas celebraciones.
Según contaba mi madre en años más atrás, en las caridades también se servían raciones de un cocido de legumbres y tocino.
Para los familiares que venían al entierro, algunos de muy lejos, la familia del finado les servía una comida o merienda reconfortante para que regresaran a sus casas.
En aquellos tiempos que no había Seguridad Social, la iniciativa solidaria de los pudientes quería remediar algo la extrema necesidad en que vivía mucha gente.

Aseverando esto os puedo contar que en la iglesia de San Nicolás hubo una caja mortuoria que servía para llevar los cadáveres al cementerio de todos los más pobres que no tenían para comprarla.También servía en caso de fallecimiento de algún mendicante que, por desgracia, abundaban.














Tal vez a los jóvenes les parezca muy exagerado, pero deben entender que entonces no había jubilación ni sanidad para todos, la mayoría trabajaban hasta el día de su muerte para lograr, a duras penas, subsistir.
No era ciertamente muy agradable ver enterrar a una pobre viuda en la santa tierra, sin el abrigo de una caja, espectáculo que no recomiendo a nadie.
Estos privilegios de que disfrutamos hoy, debemos procurar no abusar de ellos y sentirnos orgullosos de tenerlos.

El Sr Obama,presidente de la nación más poderosa de la tierra, está luchando por conseguir nuestra sanidad universal, frente a los grandes intereses de las compañías aseguradoras, que dejan sin protección a un cuarto de su población.

En contraste con esto último debemos aplicar el sabio refrán que dice:"De lo que no cuesta se llena la cesta” referido a la opinión cada vez más generalizada que comparto para cortar el derroche de medicamentos, que actualmente convierten nuestras casas en botiquines. Acaso esta tendencia se podría enmendar algo, pagando el usuario aunque sólo fuera el uno por ciento de su importe

VENDEDORES AMBULANTES



Grandes han sido siempre los servicios de estos esforzados comerciantes abasteciendo de todo lo necesario a los que vivimos en multitud de pueblos pequeños, esparcidos por esta comarca. Conocí en mi niñez a los que durante muchos años subieron de Escobar a San Nicolás: dos tenderos llamados Hipólito y Emilio, que con sus mulas bien pertrechadas, aguantaban las inclemencias del tiempo y el fatal camino.















Quedaba maravillado de la maña que se daban para transportar, en apartados adecuados, el sin numero de artículos que traían a vender.
El aceite lo traían en dos zafras de igual peso metidas en unas fuertes alforjas. Por un agujero sacaban un grifo conectado a las zafras y con toda comodidad hacían la medición correspondiente.

En otras alforjas y apartamentos, acondicionadas al artículo que transportaban, metían los más variados productos que uno pudiera imaginar, todo ello tapado con una gruesa manta para que el agua o el calor del sol no afectara a las mercancías.




Los caminos de herradura que existían entonces la mayor parte del año eran intransitables. Las aguas de la lluvia circulaban libremente por ellos, convirtiéndoles en auténticos arroyos, por donde sólo sepodía ir a pie o encima de una caballería. La única ventaja que tenía este medio de locomoción es que se podía cortar a derecho por cualquier lindera, ribazo o cárcava pues con una pequeña anchura transitable era suficiente. Esto daba origen a senderos muy transitados de varios kilómetros,que tomaban el nombre del lugar donde terminaban.



Era célebre el sendero de Sahagún a Villelga, de unos doce kilómetros. El de San Nicolás a Villemar de seis kilómetros y el de Moratinos a Lagartos de unos cinco kilómetros. Además de estos, conocí a otros más cortos con nombres de atajos o veredas todos con la misión de acortar distancias.


Este lento movimiento de la gente fomentaba el trato entre los parientes, pues entrar a echar un trago era casi obligatorio y sin prisas comentar sus vidas. Ya en los años cincuenta y sesenta se fueron arreglando los caminos.
El impulso mayor lo dio la concentración parcelaria que desarrolló una amplia red de caminos muy útiles, tanto para que todas las fincas tuviesen su servicio, como para el tránsito en general. Con esta mejoría los vendedores ambulantes pasaron a usar el carro de varas tirado por una caballería y confortablemente equipado con toldo, viseras y lonas protectoras. Todo ello hizo que su trabajo fuese mucho más cómodo.
Recuerdo a un buen tendero de Sahagún llamado Domingo que estuvo vendiendo por estos pueblos muchos años. ¡Con que técnica llenaba las medidas de aceite, casi más arriba de su borde, manipulando el cuello bien curtido de la piel de una cabra donde lo traía!
Para que no manchara las demás mercancías traía este pellejo en la parte traseradel carro.
No sé si por los muchos años de oficio o por su carácter abierto, el caso es que cuando Domingo llegaba a un pueblo revolucionaba a sus vecinas citándolas por sus nombres con tal gracia y desparpajo, que muy pocas se resistían a salir a la puerta y no comprar algo.
Esta manera de vender, que a primera vista parecía natural, pude comprobar que era una técnica perfectamente estudiada, como lo es el actual y moderno márketing para convencer al cliente.
Como yo labraba en San Nicolás, muchos días nos cruzábamos en la carretera. Un día lo hicimos a la entrada de Moratinos. Domingo venía medio adormilado y acurrucado en un rincón del carro tapado con una manta. Pero cual no sería mi sorpresa cuando le vi despojarse rápidamente de ella y empezar muy decidido su actuación, llamando a voces a la primera vecina que se llamaba Daniela, alertando a las demás con fuertes repiqueteos de los llamadores metálicos antiguos, que le servían de reclamo.






Tiró de su carro muchos años una yegua de color rojo bien cuidada y aparentemente muy mansa. Pero un buen día, bajando una pendiente se desbocó y en su loca carrera fue vaciando el carro de su contenido.Aquí caía una caja de galletas, más allá un saco de azúcar, después el pellejo del aceite y así hasta que se la pudo sujetar y reponer en parte semejante estropicio.







Al retirarse Domingo tomó el relevo otro tendero de Escobar llamado Leonardo. Este por su comportamiento honrado se ganó en poco tiempo una buena clientela.
Actualmente recorren estos pueblos vendedores de todo lo necesario en modernos furgones con departamentos adecuados a cada mercancía. Debido a la movilidad de sus vehículos pueden abarcar zonas muy extensas.


A todos ellos dedico esta reseña, para que las nuevas generaciones puedan apreciar su meritoria labor

sábado, 17 de octubre de 2009

JORNADA DE ENCUENTRO DE CULTURA RURAL EN BÁRCENA DE CAMPOS . 10 DE OCTUBRE DE 2009




Bárcena es un pueblo de cincuenta y seis habitantes situado en lamargen izquierdo del río Valdavia.




Dista de su capital Palencia 59 kilómetros. Tiene un alojamiento de turismo y una casa rural. Visto desde la carretera se aprecia que su vega del río es bastante más ancha que en su cabecera. Sobre sus casas destaca la airosa torre de su iglesia.












En su amplia y soleada plaza se instaló una exposición de artesanos que concurrieron de su amplia zona.

Cara al público, un artesano tejía artísticos escriños, marcos de fotos, cestas y demás objetos, valiéndose de materiales tan rústicos como paja de centeno y mimbre partida por el medio, convenientemente trabajada. Con la ayuda de un pequeño punzón iba entrelazando la paja con la mimbre y para que el rollo de paja tuviera el mismo grueso lo medía con un pequeño anillo, que siempre debe estar lleno de paja ligeramente humedecida.




También había una exposición de primorosos encajes de bolillos que atrajo la atención femenina principalmente viendo la complicada labor de las que lo ejecutaban. Con maderas nobles como el roble, encina, cerezo y otras, un artista tallador exponía sus obras muy bien logradas. Tenía un busto tallado en roble que decía ser la figura de su hermano, pero que podría ser la suya propia por el gran parecido. Con una fina escultura de D. Quijote y Sancho demostraba su técnica depurada, pues la lanza y las patas de los animales siendo tan delgadas, estaban perfectamente logradas. También nos gustó mucho una cabeza de galgo primorosamente labrada en un trozo de madera de cerezo que conserva el color rojo de su fruta y semejaba estar realizado en una piedra del mismo color. Sería muy prolijo enumerar a todos los artesanos que con supresencia contribuyeron al buen tono de esta exposición.






Sobre las doce horas la señora alcaldesa del municipio Dña. Maria Encarnación dio la bienvenida a los asistentes y presentó a los conferenciantes que intervinieron.






En primer lugar tomó la palabra un experto micólogo, que dijo haber estado varios años estudiando las diferentes especies de setas que se dan en estos montes.
Recalcó especialmente la manera de recoger y cuidar al níscalo, que es la especie más abundante en esta zona.
Consideraba que con una explotación racional podría convertirse en una fuente de ingresos considerables. Resaltó a continuación otras especies de setas como el boletus que se da en los pinares antiguos y aunque es menos abundante que el níscalo por su gran calidad se paga a un mejor precio. En el apartado final de ruegos y preguntas el tema de las setas fue el más animado por la multitud de litigios que provoca, al no estar reglamentado su disfrute. La propiedad que quieren ejercer sobre sus montes las Juntas Vecinales choca con la opinión de los que vienen de fuera, por lo que la Administración pública quiere amortiguar reglamentando alguna disposición que lo solucione.

Luego le tocó el turno a una veterinaria que era propietaria de una explotación extensiva de ganado lanar. Junto a su marido fijaron su residencia permanente en un pequeño pueblo enclavado en plena montaña, donde viven felices entregados a los quehaceres diarios de su explotación. Comentaba con mucha razón, que los pastos, rastrojeras y demás montes se estaban desaprovechando lastimosamente por falta de una ganadería extensiva que falta en la mayoría de los pueblos.


Después una experta en lombricultura nos contó lo útiles que son estas lombrices para el aprovechamiento de los residuos orgánicos. Estos bichos al ser hermafroditas, se multiplican rápidamente. A las cinco semanas de nacer, con el simple contacto de sus cuerpos,producen todos unas bolsas de donde salen sus crías. Explotados en cierta cantidad pueden convertir lo que se tira a la basura en un compós de mucho poder fertilizante.













Nuestra presidenta de Escuelas Campesinas Dña Teresa cerró el turno de conferenciantes tratando de la oportunidad que tenemos los mayores de conservar nuestras señas de identidad. Para lograrlo es preciso recordar algunos dichos tradicionales aclarando su uso antiguo y intercambiar los recuerdos que guardamos en nuestras casas como patrimonio muy preciado.


Si todos los conferenciantes fueron amenos y claros en sus charlas, la parte técnica resultó algo deficiente. En mi modesta opinión, se debe ensayar previamente el funcionamiento de los proyectores para que sus imágenes apoyen a la palabra. Otro defecto que observé, no sólo en esta ocasión sino en muchas reuniones a las que he asistido, es la falta de potencia y mal funcionamiento de los micrófonos y altavoces. Se debe tener en cuenta que la mayoría de los que asistimos somos personas mayores con el oído muy duro y si no se cuidan estos detalles no nos enteramos de nada.


Hacia las tres de la tarde en unos mostradores convenientemente preparados en el atrio de la iglesia nos sirvieron una extensa gama de platos preparados cada uno por los vecinos de los pueblos más cercanos. Comenzamos con unas sopas hervidas al estilo castellano muy ricas.Según manifestación del encargado de cocinarlas, le había fallado el remate final debido al pan moderno que había usado, muy inferior al que antes se amasaba en las casas por estar bregado y más metido en harina.


Como segundo plato nos sirvieron un buen potaje de titos acompañados de buena carne y chorizo, realmente bien preparado y abundante. Quisiera aclarar que el nombre de esta leguminosa, cuyo nombre científico es de almorta, tiene muchos nombres regionales como lo demuestra que en la misma zona de Campos se les da el nombre de muelas y también titos. Seguimos con chorizo cocido muy buenos. La clásica tortilla de patata que nos sirvieron estaba muy gustosa y bien lograda, teniendo en cuenta la calidad proverbial de la patata que se cultiva en esta zona de la Valdavia.


De postre además de buñuelos y rosquillas fritas, nos llamó la atención lo bien formadas y sazonadas que estaban las flores, dulce poco usado actualmente. Se comentaba que esto se debía a estar hechas con moldes de hierro, forjadas por la mano experta de los herreros que nunca faltaban en cada pueblo. Los moldes modernos que se venden actualmente están hechos con otros materiales que sueltan muy mal la pasta en la sartén hirviente. No podía faltar al final un chupito de aguardiente, muy bien macerado en manzanas silvestres, cuyo aroma y sabor son extraordinarios.


Muy interesantes estas reuniones en todos sus aspectos, donde se contrastan costumbres tradicionales y se recuerdan sabores de nuestra juventud.

lunes, 12 de octubre de 2009

EL TREN DE VÍA ESTRECHA Y OTRAS PERIPECIAS




Una mañana muy lluviosa acompañé a mi padre a coger el tren en Sahagún y bajamos en la estación de Palanquinos. De esta estación salía un tren de vía estrecha que pasando por Valencia de D. Juan seguía hasta empalmar en Palencia con los demás ramales que este ferrocarril tenía en la tierra de campos.


Fue construido hace ochenta años y el recorrido total es de ciento cuarenta kilómetros sumando sus cuatro líneas que son:Valladolid-Rioseco, Rioseco-Villada, Palencia-Villalón yVillalón-Palanquinos. La diferencia de la línea Renfe comparada con la estrecha era bien notoria. Nada más montar en sus coches tuvimos que buscar alguno que tuviera algún asiento seco, pues la lluvia de la noche había calado la débil cobertura de sus techos. Con este panorama llegamos a Valencia de D Juan donde su pequeña estación apenas nos dio espacio para guarecernos de la pertinaz lluvia. En estas líneas los jefes de estación vivían en el piso superior de las llamadas casillas construidas frente a la población enque paraba el tren.
Las máquinas de vapor eran de poca potencia y su salida al exterior no produce el golpe seco de las de la RENFE sino uno más débil parecido a cuando el chocolate se sale de la chocolatera, nombre que familiarmente se daba a estas pequeñas maquinas. Con la vía en mal estado se daban con frecuenciadescarrilamientos, que eran arreglados rápidamente por los mismos viajeros. Con la ayuda de un gato, que llevaba siempre el maquinista,se levantaba el descarrilado y empujando todos “a la de tres”se reponía en el carril. En un ambiente casi familiar las mujeres salían a recoger agua caliente de la máquina recibiendo el maquinista una pequeña propina. Esta red de vía estrecha tuvo unos años de buena actividad,trasportando a pasajeros y mercancías con relativa eficacia, hasta que llegó el auge del transporte por carretera, al que no pudo hacer la competencia. Hace unos años la compañía levantó los raíles y vendió para quemar las traviesas de recio roble que habían resistido las inclemencias del tiempo durante muchos años. Quedaron algunos tramos que quieren usar como novedad publicitaria, aprovechando los raíles para montar el llamado ciclo-rail. Este artilugio consiste en dos bicicletas unidas en su base y que con poco esfuerzo se puede recorrer sitios para disfrutar de la naturaleza.










No hay duda que siempre tendrá el ferrocarril sobre los demás medios de transporte terrestre, debido a su menor contacto con el suelo, se aprovecha en el ciclo rail donde el esfuerzo para llevar a una persona en bici normal puede llevar cómodamente a dos.
Pero volvamos a Valencia de D Juan donde cogimos un taxi que nos llevo a Villamañán, pueblo que desde muy antiguo tuvo el mejor mercado de ovino de todo este contorno.

En los días de mercado este pueblo, no muy grande, se convierte en recinto ferial, pues no hay calle ni plaza que no se llenara de ovejas. Iban con nosotros ganaderos de Escobar, Arenillas, San Pedro de las Dueñas y varios de Sahagún. Cada uno nos dedicamos a tantear el ganado que nos pareciera más acto a nuestras necesidades. Al haber tanta cantidad de ovejas era bastante cómodo escoger en primer lugar su cría, pues casi todas las ventas que aquí se hacían era oveja junto con su cordero en edad de destete, por lo que se llamaba emparejada. El mirar a las madres, principalmente las ubres y la dentadura,llevaba su tiempo, pero había que abreviar pues queríamos salir para casa poco antes de la puesta del sol. Asi lo hicimos todos y a la hora convenida salimos en dirección Valencia con un buen atajo, pues sumadas las partidas de todos podríamos aproximarnos a las seiscientas cabezas.
Hasta Valencia y varios kilómetros más en nuestra dirección no hubo problemas, porque estaban bien marcadas las cañadas de paso. La dificultad empezó cuando estas se acabaron y tuvimos que entrar en simples caminos, tan estrechos que no había ser humano que metiera a tantas cabezas. Los que ya habían hecho el camino empezaron a dudar de la ruta y terminamos perdidos a media noche atravesando los sembrados y orientados sólo por las estrellas. Ante esta emergencia se tomó la decisión entre todos seguir adelante, pues el retroceso sería castigado por los guardas del campo. Para colmo un buen perro de carea, que traía un ganadero de Sahagún, se negó a seguir sus ordenes cansado por el tremendo esfuerzo que había derrochado hasta allí, controlando muy bien al rebaño. Así que no hubo más remedio que coger la vara y seguir avanzando por los sembrados. La voracidad propia de la oveja no desperdiciaba tirar sus buenos bocados, que provocaban la lentitud en la marcha. Todos los rumiantes, aprovechándose de los estómagos que tienen,pacen con una voracidad inigualable y no se ven hartas hasta que llenan bien su panza y se echan tranquilamente para rumiar. Al amanecer los conductores empezaron a conocer los caminos cercanos por los que llegamos a Sahagún, donde apartamos cada uno nuestras compras y llegamos a casa muertos de cansancio por la noche infernal que habíamos padecido.