martes, 13 de mayo de 2014

BODAS DE ORO DE ANTONINO Y NATIVIDAD







El día 10 de Mayo pasado se celebró en la iglesia de Santo Tomas de Moratinos las bodas de oro de los hijos del pueblo afincados en Valladolid, Nati y Antonino. Este último merece tal título por la vinculación que siempre ha tenido con el pueblo y con su trato afable se ha ganado la amistad de todos los vecinos.

En cuanto a Nati no tiene ninguna objeción, pues aquí nació y compartió su infancia y juventud hasta que se casó junto a sus padres y hermanas. Ni que decir tiene que este matrimonio como muchos de entonces, en los que nos incluimos, deseamos tener muchos hijos que en este caso fueron cinco, Ángel, José, Tere, Puri y Juanma, todo un buen ramillete que en estas celebraciones compensan todos los trabajos y privaciones que tuvieron para criarlos.



Agradecidos debemos estar los vecinos de Moratinos por la buena costumbre que se va imponiendo de celebrar en el pueblo actos transcendentales como estas bodas, y el bautismo de los hijos de los que aquí marcharon para ganarse la vida en el amplio mundo.

Sería una pena que el paso de las generaciones mermara esta costumbre muy enriquecedora para ambas partes. Nosotros ganamos en modernidad y ellos pueden recordar las costumbres de sus ascendientes, que aunque la vida les vaya lo mejor posible y los encumbren a puestos de relevancia, nunca renieguen de sus orígenes y se sientan orgullosos de ser de pueblo.




Tanto a mi mujer Raquel como a mi la ceremonia nos resultó emocionante, pues además de no faltar ningún detalle, nos hizo recordar nuestras bodas  de oro de hace diez años.

El paso del tiempo que parece todo lo olvida, no puede borrar el estado de emoción indescriptible que estas ceremonias proporcionan al sentirse rodeado de los hijos, nietos y demás familia y seres queridos, que se sienten obligados a que el matrimonio pase uno de los días más felices de nuestras vidas.

Según confesión de Antonino al terminar el acto me dijo, que se sentía contrariado por no haber podido decir unas palabras de agradecimiento por la masiva asistencia, pues la mucha emoción que sentía en aquel momento se lo impidió.



Esta conducta que denota su grandeza de alma me trajo a la memoria un caso parecido que nos pasó en nuestras bodas y para que se calmaran se lo detallé. Habíamos convenido con el organista y la vocalista que al terminar el acto entonara el Salve Regina a la Virgen del Rosario, a la que mi mujer fue siempre muy devota.

Pues bien, llegado el momento, el conjunto de emociones durante la ceremonia sentí como un nudo en la garganta que me impedía entonar nada, a pesar de que el organista me daba el tono para la entrada. Gracias a la vocalista que apreció el problema me sacó del apuro.

La similitud de estos dos casos nos debe hacer comprender lo iguales que somos las personas en nuestro interior aunque nos parezca en lo exterior muy diferentes.



Con todos los asistentes en la iglesia engalanada, nuestro párroco D. Gaspar nos ofreció una homilía muy apropiada al acto recordando el sacramento del matrimonio con la imposición de anillos y la entrega de las arras que ahora se hace por duplicado porque la mujer ahora está tan obligada como el marido a atender las necesidades del hogar.


También dio mucho realce al acto la actuación de un buen organista de la familia del novio, que nos obsequió a la entrada de la novia con la marcha de Mendelssohn, al ofertorio con la excelente Ave María de F. Shubert y otras muchas composiciones.    

Acostumbrados a oír en la consagración la marcha real con dulzaina y tamboril, que me perdone el buen organista Juan Valero pues me pareció un tanto apagada, ya que el excesivo acompañamiento la priva del ritmo y viveza que toda marcha necesita.

A la salida no podía faltar la lluvia de arroz y serpentinas que inundaron el pueblo con sus imitaciones de billetes, llamando la atención de los peregrinos a Santiago que se agachaban para verlos.

También se sirvió para todos los vecinos un abundante refresco intercambiando saludos entre los que asistían a estos actos por primera vez en un pueblo.

Después del buen banquete servido en el restaurante El Castillo, instalado recientemente en este pueblo se organizó un animado baile a la puerta de los novios en la plaza donde hubo de todo menos la juventud autóctona que desgraciadamente falta en muchos pueblos como este.


No debo cerrar esta crónica sin recordar las vivencias que he tenido durante los sesenta años de mi estancia en Moratinos.

Para satisfacer su afición por la caza Antonino se trasladaba desde Valladolid casi todos los fines de semana hábiles para ella. Según propia confesión, la noche del viernes después de descabezar un fugaz sueño, cogía su coche y llegaba a este campo muchas veces antes de amanecer.

De esto puedo dar fe pues para eludir las horas de calor muchas faenas agrícolas se realizan durante la madrugada más extrema, y muchas veces me cogía la delantera Antonino, que antes de amanecer ya se le vislumbraba maneando los sitios más propicios para la caza. Muchas veces comentábamos juntos las incidencias del día aunque por poco tiempo, pues enseguida continuaba incansable buscando las piezas entre los muchos vericuetos que estas usan para protegerse.

Hasta bien entrada la tarde no se le veía entrar en el pueblo para descansar en casa de sus suegros del inevitable desgaste que esta afición lleva consigo, en especial días de calor.

Siempre conocí a los padres de esta familia de Antonio e Isabel afanados en sacar adelante a sus siete hijas labrando sus fincas y complementando esto con alguna labor de albañil que le mandaran.

Por ser de más edad que nosotros, cuando ellos dejaron de tener hijos cogimos el relevo siete matrimonios más jóvenes de manera que el nacimiento de nuestra hija Avelina coincidió con el de otros seis quintos, logrando con ello un gran aumento de natalidad.

Nunca podré olvidar las lagrimas que Antonio un hombre que parecía brindado por la vida, derramaba cuando se enteraba del nacimiento de otra hija. Solo por el ferviente deseo de tener un hijo merecía que Dios se lo hubiera concedido, pues el segundo que tuvo en el matrimonio no se le logró. Cuando en la ceremonia se pidió por nuestros difuntos me acordé de Marucha, la hija mayor de este matrimonio que como estuvo casi siempre aquí fue a la que más conocí. Muchacha hacendosa y voluntaria que heredó de su madre la voz y la afición a cantar, que desarrollaba en cualquier faceta de su vida, además de ser el alma mater del coro en la iglesia.

Cuando los herbicidas no habían llegado al campo se cogían cuadrillas para escardar los sembrados y vendimiar los muchos majuelos que entonces había.

Siempre contaba con Marucha pues sabía que la encantaba ganar algún dinerillo y convivir con sus compañeras.

Alguna vez para combatir la monotonía de estos trabajos la invitaba a que nos cantara alguna canción del variadísimo repertorio que tenía, a lo que accedía muy gustosa. Nunca había pena donde Marucha estuviera, pues también tenía un don especial para contar chistes.

Con esto no descuidaba la labor pues con su destreza manual su líneo siempre era de los primeros.

Podría alargar esto mucho más pero no lo juzgo oportuno, pues mi memoria funciona y recuerdos no me faltan.

Solo deseo que las nuevas generaciones que lo lean sepan sacar las consecuencias oportunas que más les convengan para su vida actual.



          Como regalo de vuestras bodas de oro os he compuesto este pequeño poema

       

Antonino es su nombre
Y siempre fue buen chaval
Ella buena ama de casa
Y se llama Natividad



En Valladolid fundaron
Con alegría su hogar
Porque allí nunca faltaba
Donde poder trabajar



Modesto junto a Raquel
Que en este pueblucho están
Os desean estéis bien
Y vengáis más por acá



La jubilación ganada
Trabajando día a día
La disfrutemos a tope
Hasta el fin de nuestros días

viernes, 9 de mayo de 2014

RECUERDOS DE UNAS VIDAS



El pasado día 30 de Abril se celebró en Arenillas de San Pelayo un encuentro donde se pretendió honrar la memoria de muchos de mi edad que por carecer de medios económicos tuvieron que abandonar incluso la escuela primaria.
Se convocó a esta reunión a tres señoras que aprendieron a leer y escribir de avanzada edad, y que después, por consejo de sus hijos, no solo aprendieron a escribir sino que con mucha dedicación y esmero, lograron escribir un libro o componer poesías muy inspiradas.
Como ya he contado en mi blog en la época de la segunda República hubo maestros muy buenos como D. Paco con el que yo aprendí lo más indispensable. Pero con una injusticia memorable, y solo por razones políticas, estos buenos maestros fueron relevados por otros afectos al régimen, que tenían poca preparación y nula vocación de enseñantes.

Como complemento a las declaraciones personales aportadas por estas tres señoras las organizadoras del encuentro creyeron oportuno que escribiera una cuartilla donde contara mi época de estudiante y que transcribo a continuación. 
           

LOS   AÑOS   DE   ESTUDIANTE

Con motivo de este encuentro Toñi me propuso que hiciera un pequeño resumen de mis años de estudiante.
Sobre esto puedo deciros que en aquellos años nos tocó padecer en San Nicolás un maestro muy deficiente. Mis padres quisieron que mejorara mi formación con la ayuda de unas lecciones que me dio D. Ángel, cura de mi pueblo, y que de joven había tenido preceptoría, que era donde se preparaba a los jóvenes para ingresar en el seminario.
De muy antiguo existió en mi pueblo una fundación benéfica llamada Obra Pía, fundada por una señora que donó sus tierras para que con la renta que producían se diera una beca a todo joven que estudiara para cura, y que fuera natural de los pueblos San Nicolás, Riosequillo, y Villambrán.
Aunque el importe de estas becas no daba para mucho, los cuarenta duros anuales servían como estímulo para que jóvenes de estos pueblos empezaran a estudiar en el seminario consiguiendo que en estos salieran curas más que en otros muchos

En el seminario de entonces primaba la enseñanza del latín, lengua en que se estudiaba toda la carrera. En los dos cursos que estudié en el seminario de León teníamos mañana y tarde clases de él, con lo que asimilé una tanda de latinajos que no he sido capaz de olvidar.
 También nos enseñaban, aunque en menor cuantía, lo que entonces se llamaba humanidades, que englobaban historia de España y universal, geografía, aritmética, geometría, que por cierto me encantaba estudiarla, a pesar de que no teníamos de ella más que una clase semanal.
También teníamos clase de canto coral y solfeo en sus primeras nociones, que nos servía para educar la voz, y muchas conferencias sobre educación tanto civil como eclesiástica.
Esta supremacía del latín sobre las humanidades creo que lo hacían para que muchos no pudieran convalidar los estudios para el bachillerato civil.
Con este pequeño bagaje llegué a los 15 años, época en la que se empezaba a ayudar a los padres en las faenas del campo. En mi caso casi era de obligación por ser el único hijo varón de la familia, por lo que, sin ningún trauma, empecé el oficio de labrador al lado de mi padre, y en el que he sido feliz toda mi vida.


Entre los pueblos de San Nicolás donde nací y me crié y Moratinos donde me casé y fundé una familia, he repartido mi vida que no ha dejado de tener momentos de privación y trabajos, compensados con otros como el disfrute de los hijos y la buena salud que me ha acompañado hasta ahora.



En este ambiente rural han pasado los años sin sentirlos, y llegada mi jubilación cedí los tratos a una hija que sigue de labradora, pues los otros tres restantes ejercen sus carreras en las capitales correspondientes.
Con la cantidad de tiempo libre que da la jubilación me dio la manía de escribir cosas de mi vida y costumbres de estos pueblos, y parece que gusta leerlas.
Desde la perspectiva que dan mis 87 años veo el paso de dos cursos por el seminario, como la semilla que fructificó con mi gran afición a la lectura y el afán continuo de aprender cosas, que siempre me han proporcionado bienestar y mucha satisfacción.






Acabado el encuentro nos hicimos una foto con nuestra vecina Milagros delante de la pobre lápida que recuerda a D. Esteban Vega Doncel.
Siempre creí que con las donaciones de toda esta zona de la Valdivia sería suficiente para erigir por lo menos un buen busto, pero veo con desilusión que no alcanzó más que para una placa.
Esto me hace pensar lo cicateros que somos cuando se trata de honrar a un benefactor tan completo como Esteban. 

En muchas zonas de este país hay numerables monasterios y abadías abandonados, pero no surgen personas tan decididas como Esteban para que sobre las ruinas de una abadía en Arenillas de San Pelayo levantar un centro cultural muy completo, que es el ejemplo y envidia de muchos pueblos importantes de esta zona.


Cuando hice mi donación ya vi que las listas de firmas estaban más concurrido que el bote donde se echaban las donaciones y me causó un gran pesar el que un destacado asistente a los encuentros me afirmó que lo más interesante era firmar en las listas.
Le dije que creía más importante la contribución si queríamos hacer algo que merecía la pena.
Recordé con pena una sentencia de mi abuela, que complementada a este efecto decía así “(Firmas) salves y credos pero los cuartos quedos.”
                       

LA EXPLOSIÓN DE LA PRIMAVERA

   
 Cuando fui labrador en activo apenas me daba cuenta de estos maravillosos cambios de las estaciones, pues a pesar de estar mucho tiempo en el campo, el ajetreo de las faenas absorbía la mente casi por completo.
La primavera es la estación más bonita del año pues se cubre todo de color verde que es el de la esperanza. Es cuando los árboles florecen y nos presentan sus frutos. Es maravilloso ver cuan pequeños son cuando empiezan y el proceso que siguen, pero como les atacan muchas enfermedades hay que estar atento con el sulfatador a la espalda.




Es gratificante verlas crecer y no te digo nada cuando están maduras.  Con qué satisfacción se come cualquier fruta que tu has cuidado. También llega el tiempo de plantar toda clase de verduras, pues en este clima nuestro si las plantas antes de Abril la helada puede dañarlas y tener que volver a replantarlas.


Ahora aquí en Castilla esta todo verde como pasa todo el año en Galicia. Los cereales están muy adelantados ya tienen espiga, pero a los labradores les toca también merodear por el campo tirando los herbicidas, pues cada año sales malas hierbas que se hacen resistentes a estos productos, y si no se tiran consumen al cereal perdiéndose un año de trabajo.
Este es un oficio muy duro pero cuando viene la recolección, si es buena, gratifica mucho ver compensado todo el trabajo que has empleado.
Si comparamos los años cuarenta y cincuenta en que fui labrador con los actuales que son mucho más descansados. Ahora todo lo hace la maquinaria, van en su cabina con aire acondicionado y cuando se bajan parece que han estado en una oficina. Pero como en el campo todo tiene su contra partida si tienen alguna avería no es muy agradable arreglarla sobre todo si son horas de calor.
Ahora en quince días se hacen las faenas de la recolección, en cambio antes nos duraban dos meses a base de agachar el riñón todo el día con la hoz, la guadaña o apañando detrás de la máquina gavilladora, trillando o beldando después en la era.
También a las mujeres las ha llegado el progreso pues antes además de salir al campo a trabajar tenían que hacer el pan, lavar y demás labores de la casa. Ahora tienen máquinas para todas estas labores quedándolas más tiempo para disfrutar de la familia y ponerse al tanto de todos los adelantos mediáticos que existen.
Disfrutando de la jubilación me sobra tiempo para todo y contemplar los maravillosos procesos que la naturaleza realiza automáticamente sin alterar el orden establecido desde hace muchos siglos.
Por tener una huerta con árboles frutales junto a mi casa, los contemplo casi a diario y aprecio cosas que apenas conocía, como la polinización de los nogales.
Esta planta originaria de Oriente pero que lleva siglos aclimatada aquí se poliniza de una manera muy particular. 


Antes de la salida de la hoja brotan como unos barrilitos alargados que producen el polen macho. Después de unos días en que el aire este cargado de polen, aparece el principio de la nuez, provisto de unos filamentos que recogen el polen suspendido en el aire.
El nogal ha tenido muchas aplicaciones, pues además de la producción de nueces su madera ha sido siempre muy apreciada para la construcción de muebles, y por carecer casi de vetas es la más usada para la talla de imágenes y la construcción de bellísimos coros que lucen en catedrales, cenobios o parlamentos.


Con la cantidad de estos monumentos esparcidos por todo el mundo el nogal tuvo que ser cultivado en grandes cantidades para abastecer la demanda que existió en aquellos tiempos.
Otra de las ventajas que tiene esta rica madera es que una vez tallada con un tratamiento especial y el paso del tiempo coge un color oscuro y brillante sin tener que usar barniz ni pintura alguna.

Agradecidos tenemos que ser con nuestra madre naturaleza que cada día nos revela muchos detalles cual a cual más hermoso.         

viernes, 4 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA ACTUAL


 Tenía mucha razón el que dijo que el tiempo lo cambia todo, sin que podamos hacer nada por impedirlo.
 
 
 
La Semana Santa ha pasado a ser un tiempo de vacaciones tanto para los creyentes como para los no creyentes.
Para los que siempre la hemos conocido a la antigua no dejamos por eso de seguirla y las celebraciones de Jueves y Viernes Santo no dejan de ser algo diferente a los demás días.
 Esta recomendable costumbre nos viene de otras generaciones que a sí lo celebraban, cosa que en otras naciones no tienen y por eso acuden a ver en España la Semana Santa.
Para ellos como para todo el mundo es un disfrute ver esas imágenes y esculturas tan bien cuidadas y todo también organizado en las procesiones.
Las regiones de Levante y Andalucía destacan por sus festejos y procesiones donde abundan las saetas y cánticos acompañadas de su folclore tradicional.
 
 
 
 
Sevilla es muy visitada por sus procesiones donde los cofrades explicitan una gran devoción sacando en procesión a la imagen de su cofradía preferida.
Si alguna vez la lluvia les impide celebrarlas se les ve tristes y hasta lloran por no poder sacar su paso, ya sea la Dolorosa, el Cristo de los Gitanos u otros muchos
 
 
 
Por su clima, en Andalucía también se puede disfrutar por sus playas bien cuidadas y pasárselo bien con el pretexto de la Semana Santa.
Si nos situamos de Madrid para arriba la cosa cambia empezando por el clima. Aquí la gente no es tan festera y por eso las procesiones son más austeras y silenciosas.
 
 
Sobre todo Valladolid tiene fama de vivir las procesiones como un rito religioso y todo el mundo está concentrado en lo que está viendo.
También Zamora tiene muchos visitantes que admiran su silencio y gran devoción. Es esta una de las ciudades que llevan la Semana Santa con marcado carácter castellano destacando la procesión del silencio que es rigurosamente guardado por sus cofrades durante el recorrido.
 
 
 
 
En estas celebraciones hay diversidad de opiniones, pero todos procuran cambiar el día a día de cada uno saliendo de la vida monótona de la ciudad.
Suben a su familia en su coche y van buscando donde pasar una semana sin agobios.
En los pueblos nos vemos un poco más acompañados porque también a algunos les gusta venir al suyo en el que tienen su casa familiar. Procuran pasarlo bien hablando con sus paisanos y recordando las antiguas costumbres que existían cuando ellos tenían la edad necesaria para participar en los ritos tradicionales.
 
 
También esta semana es aprovechada para dar una escapada a sitios más cálidos como nuestras Islas Canarias. Especialmente Tenerife disfruta de un clima excepcional donde los rigores del sol son tamizados por una casi neblina permanente con lo que las plantas tienen un desarrollo exuberante y sus playas una temperatura ideal para el baño.
También la gente como una moda moderna aprovecha estos días para ir a las estaciones de esquí, si acompaña la nieve, los amantes de este deporte lo deben pasar de maravilla.
A otros muchos sitios se dirige la gente para pasarlo bien y disfrutar de la naturaleza.         

sábado, 29 de marzo de 2014

SABERSE ADAPTAR

  
Hará unos siete años que una pareja formada por Rebeca, de nacionalidad norteamericana y Patricio, inglés, vinieron a vivir a Moratinos.



Compraron una casa, que han ido arreglando con los años y se sienten como dos vecinos más del pueblo, procurando con entusiasmo adaptarse a nuestras costumbres, que en la mayoría de los casos, difieren mucho de las suyas.
Para los que hemos salido poco del pueblo este comportamiento tan ejemplar no deja de admirarnos y comprendemos el mérito que tiene aguantar de buen talante nuestro carácter un tanto brusco, muy propio de esta región castellana.
En su deseo de agradar y ser útil al pueblo, Rebeca intentó desinteresadamente darnos clases de inglés, que por ser su idioma materno domina a la perfección.
Derrochando mucha paciencia logró que aprendiéramos algunas palabras de inglés. Pero como la mayoría somos ya mayores, la diferente escritura y pronunciación de ese idioma se nos hacía muy difícil de entender y desistimos del intento, agradeciendo a Rebeca su buena intención.

El amor por los animales de esta pareja nos parece admirable si lo comparamos con el nuestro, pues siempre buscamos  una utilidad material. 
Quizá esto sea debido   a que no hace muchos años se labraba la tierra con el gran esfuerzo de las mulas y los rebaños de ovejas se cuidaban con la ayuda muy costosa de los perros de carea.
Este aprovechamiento del trabajo de los animales constituía el principal ingreso para nuestra subsistencia.



Como buenos ingleses les gusta madrugar y salir al campo con una buena cuadrilla de perros que, por pura afición,  cuidan y  pasean diariamente aunque las condiciones del tiempo no sean propicias.
Muchas mañanas, cuando yo salgo a dar un paseo, ellos ya vienen de vuelta. Hacemos un pequeño aparte comentando las noticias más interesantes del día y también les gusta enterarse de la marcha y variedad de los cultivos.
Procuran participar en las tareas comunales del pueblo y asisten a cuantas reuniones festivas se celebren, como la reunión de la machorra, la chorizada del día de la fiesta y otras varias.
También en la iglesia no falta su presencia para aumentar el escaso número que nos reunimos en la misa de los domingos.
Su casa está siempre abierta a los peregrinos que lo deseen y, según propia confesión en el blog que llevan, con el pago voluntario que reciben por sus servicios de cena y cama, la tacañería de algunos se compensa con la esplendidez de otros.

Como recuerdo a un peregrino muy conocido de ellos, que tuvo la desgracia de morir cerca de Logroño, han plantado junto al Camino de Santiago un buen castaño y como ofrenda han clavado junto al árbol el cayado como signo del peregrino recordado.
Como buenos amantes de la naturaleza plantaron también varios árboles en su casa y en la plaza del pueblo.

Nadie piense que escribo esto por pura adulación, pues no va con mi carácter, sino como reflejo de una realidad fehaciente y fácil de comprobar, de la que todo el pueblo esta muy orgulloso de tener unos vecinos tan especiales.   

sábado, 22 de marzo de 2014

EL CAMBIO DE COSTUMBRES



Para que el mundo progrese es necesario que la manera de enfocar los problemas se vaya adaptando al discurrir diario que la vida nos va imponiendo.
Desde la perspectiva que dan los años, y en especial en los últimos diez, nos parece imposible el vuelco que se ha producido en todos los órdenes, tanto en lo económico y de comunicaciones como en la manera de afrontar los problemas que en todo tiempo aguantó el hombre en su afán innato de sobrevivir.
 En aquella lejana época que podemos acotar desde los años treinta a los cincuenta, el Estado se inhibía de los problemas que pudieran afectar a los ciudadanos teniendo este que buscar el apoyo en comunidades como las cofradías, hermandades y demás agrupaciones que fomentaran el bien común.




En mi pueblo San Nicolás recuerdo que existía la cofradía de la Virgen del Rosario, donde ingresaban la mayoría de los matrimonios desde el día que se casaban. El objeto principal era el asistencial, como establecer turnos para velar al cofrade difunto y acompañarle en el entierro.
Gran raigambre debió tener esta cofradía pues era la propietaria de una finca de casi tres hectáreas, que en aquellos tiempos podía ser una de las de demás extensión, y que siempre se llamó la tierra de la virgen. 
Con la renta que pagaba el que la labraba se compraban los velones de cera con que los cofrades alumbraban a la Virgen en la procesión que reglamentariamente se organizaba todos los meses.
Como entonces había muchos que sobrevivían pidiendo limosna de un pueblo a otro, cuando llegaba la noche se establecía un turno entre los vecinos para ayudar a estos mendigos que, sin este apoyo, se veían obligados a buscar los sitios más inhóspitos para librarse del clima tan frío que padecemos.
A los jóvenes de hoy esto puede parecerles cosas de aventuras pero que sucedía en aquellos no muy lejanos años. 
¡Que contraste tan penoso se puede establecer en la manera de encontrar elementos que evitaran la muerte y el de ahora que por puro esnobismo se la busca, como recientemente sucedió a siete montañeros que por practicar un deporte arriesgado murieron despeñados  entre la nieve!



Uno de los adelantos más notables que hemos disfrutado fue la llegada de la luz eléctrica que primeramente nos alumbró en las largas noches invernales y también alimenta a un sin fin de aparatos domésticos que nos hacen la vida más cómoda, proporcionándonos también la gran información que disponemos.
Mas como el hombre desde los primeros tiempos ha sabido adaptarse a lo que disponía, el aceite fue uno de los primeros combustibles que utilizó para alumbrarse. 



El primitivo candil no era más que un depósito que contenía aceite de donde salía la mecha de algodón que se prendía al final su canal.
Para el trajín exterior, donde el candil era poco práctico por el viento, se inventó el farol que dentro de un espacio acristalado y un escape exterior de los humos llevaba una vasija con la correspondiente mecha encendida que le hacía indispensable para recorrer las dependencias exteriores de la casa sin peligro de quedarte a oscuras.
Como un complemento decorativo había velones de varios brazos y en las iglesias artísticas arañas abastecidas con este combustible.

Luego vino el uso del petróleo como combustible del modesto quinqué, que ya tenía un mecanismo más complicado. 
La mecha de un tejido de algodón tomaba ya casi forma esférica, accionada por una llave que regulaba la llama. Con el hueco que dejaba la mecha redonda entraba el aire y hacia que la llama fuera más blanca y se acentuaba la combustión con la colocación de un tuvo de vidrio que al retener la corriente de aire aumentaba la potencia luminosa.
Para las dependencias nobles y salones el humilde quinqué era sustituido por ornamentales lámparas con muchos colgantes y una campana translucida que esparcía su luz matizada por toda la habitación.


Luego vino el candil de carburo que consistía en dos depósitos independientes.
En el inferior se ponían trozos de carburo y en el superior se llenaba de agua con una llave reguladora para hacer caer el agua según la luminosidad deseada. Al caer esta sobre el carburo producía el gas acetileno que salía al exterior por un conducto rematado por una boquilla que tenía un filtro que evitaba el humo, logrando una luz muy potente que se utilizaba en muchas aplicaciones.


El fluido eléctrico acabó con todos estos sistemas pues la lámpara incandescente que inventó Edison se hizo con la mayoría del mercado.
Pero buscando lámparas más modernas y económicas se ha impuesto el tuvo fluorescente que valiéndose de unas reactancias en los extremos inflama el gas fluorescente que da una luz más matizada y económica.
La era de la electricidad ha proporcionado miles de aplicaciones como el bisturí del láser de gran utilidad en las operaciones y otras muchas aplicaciones por la enorme cualidad de cortar los tejidos y al mismo tiempo coagula las venas evitando la lenta y costosa operación de ir tapando de una en una.
Desde el año 1954 que me casé y vine a vivir a Moratinos las costumbres más o menos cambiaron como en mi pueblo, como formamos el mismo municipio los trámites oficiales son los mismos.
Recuerdo como un hito especial en los dos pueblos la llegada de la luz eléctrica y la implantación de la radio y televisión nos igualó con el resto del mundo.


Debido a este acontecimiento sufrimos la invasión de vendedores de radios principalmente, que nos inundaron la casa con aparatos a prueba. Un poco más tarde fue la llegada de la televisión, que especialmente a los mayores les parecía demasiado avance.

¡Qué tiempos aquellos en los que en la escuela de Moratinos había  cuarenta niños, la mayoría de matrimonios jóvenes con un promedio de cuatro hijos.
Todos estos adelantos en general han traído consigo que la gente se sienta más independiente y cada vez cuesta más pedir un favor al vecino con la naturalidad que se hacía antes. También se echa de menos la buena costumbre de jugar a las cartas cada noche de invierno en cada casa.
Actualmente en Moratinos se han instalado un hostal, un restaurante y un  albergue que están luchando por atraer a los peregrinos del Camino Santiago y demás clientes. Creemos que lo lograrán a pesar de la gran competencia que se ha instalado en todo el Camino.
En contraste con esto, antes no existía más que una pequeña cantina en cada pueblo donde nos reuníamos. Las calles a oscuras y llenas  de barro pero la vitalidad de la juventud lo suplía todo.

Ahora en cambio con la despoblación los pueblos se mueren a pesar de que disponen de muchas comodidades modernas, y si el Estado o a quien corresponda no toma cartas en el asunto en pocos años, dada la casi nula natalidad, estos pequeños pueblos desaparecerán.