sábado, 18 de abril de 2015

LOS INTERNADOS EN LOS AÑOS 70



 En el internado de Sahagún, por tener pocas alumnas, el ambiente era familiar, enseñándoles a comportarse correctamente aun en los menores detalles, tales como el comedor, donde también les estimulaban a comer de todo.
Otros padres coincidían con nosotros en la gran labor que hacían con las niñas inapetentes, como Avelina, lo que fue acaso la causa de llevarla pronto al internado.
Ya entonces empezaba a notarse el excesivo celo de los padres por la alimentación de sus hijos; y conscientes de ello, muchas familias acomodadas de Sahagún dejaban que sus hijas hicieran la comida del mediodía en compañía de la comunidad.

También les enseñaban a actuar en público, como salir los domingos a pedir para el culto en la misa mayor, recitar poesías y actuar en pequeñas obras de teatro, en una de las cuales actuó Avelina vestida de ángel, con lo que perdían el miedo e iban perfilando su carácter.
Prueba de ello fue que un año, el día del Corpus, una vecina muy ocurrente disfrazó a la niña de Virgen, poniéndola de cara al público en uno de los altares que se levantaban en cada barrio y por los que pasaba el sacerdote con el Santísimo. Nosotros temíamos que no fuera capaz de aguantar, pero supo permanecer inmóvil todo el tiempo que duró la posa, con la vista de todos fija en ella.


En el internado de las teresianas en León, donde Avelina hizo el bachiller, el ambiente era más sofisticado, pues esta Congregación aparentaba dar una enseñanza más corriente, pero trascendía, a poco que te fijaras, el afán de marcar su sello particular de buenas educadoras.
Una vez, en las reuniones de padres, un listillo de “capi” que tal vez fuera un desertor del arado, comentaba con los reunidos, con aire despectivo, la aridez de esta comarca y la incultura de sus habitantes, que se trasmitía a los hijos y que estimaba un obstáculo para la buena marcha del colegio.
Indignado por su descaro, le rebatí uno a uno sus planteamientos, acusándole de fatuo y egoísta, por querer la educación sólo para sus hijos, tal vez menos aplicados que los de los labradores.
La polémica subió de tono hasta que la directora zanjó la cuestión diplomáticamente.
Hablando con padres labradores, me dicen que la gente se va mentalizando sobre esta cuestión; pero en aquellos años, en que empezaba la masificación de la enseñanza, muchos de ellos tuvieron que aguantar, si no un caso tan llamativo como he contado, sí un comportamiento adverso larvado, como si te miraran por encima del hombro.


En el internado de los maristas de León, donde cursaron el bachillerato Hilario y Carlos el ambiente era un poco más abierto, lo que no impedía que no se les midiera a todos los alumnos por el mismo rasero.
En las reuniones de padres, que no servían para nada, no se abordaban los verdaderos problemas de la enseñanza. Cuando se debatía el tema de las expulsiones, motivadas por la mala conducta de algún alumno aislado, que nunca falta, como estaba establecido que antes de la expulsión se amonestara al alumno tres veces, la primera y segunda se hacía normalmente, pero la tercera y definitiva nunca llegaba, sobre todo si el infractor era hijo de una persona influyente.
Con este mal ejemplo, los buenos alumnos se sentían defraudados, por no ver castigados al envalentonado compañero que se hacía destacar por su mal comportamiento.
El primer día de curso era muy ajetreado. Los nuevos alumnos eran sometidos a una verdadera selectividad, con el natural nerviosismo de los padres, que a toda costa querían ver ingresados a sus hijos.
Los veteranos, como era mi caso, llevábamos muy mal que fuéramos cargados con los libros de texto anterior usados por Hilario, y que ya no sirvieran para Carlos. 
En la tienda para venta de los textos, que era una verdadera librería, se formaban verdaderos tumultos por los padres, que teníamos que comprar libros caros, muchos de ellos iguales a los que teníamos que traernos para casa.
 No sé si actualmente sigue el auténtico momio montado entre las editoriales y los colegios, para todos los cursos cambiar en los libros cuatro fotografías y poco más, con lo que lograban sangrar la cartera de los sufridos padres.
De los colegios mayores donde estudiaron Hilario y Carlos poco puedo decir, pues a los padres ya no nos avisaban más que para pagar el correspondiente recibo trimestral.
Cuando Raquel hizo el bachillerato en Sahagún se había generalizado mucho la enseñanza y había menos abusos.
Un domingo, en el instituto de Sahagún, en una reunión de padres, me impactó ver al señor director hacer las funciones del conserje, por disfrutar esté del descanso del fin de semana. 
Esta contraposición de derechos y obligaciones, nos es difícil de entender a los de mi tiempo, que pensamos que los avances sociales están bien, siempre que haya igualdad de condiciones. Del nocivo autoritarismo antiguo hemos pasado al no menos pernicioso abuso del inferior, que, como revancha, cree tener más derechos que su superior.

Raquel siguió sus estudios en León, también en el colegio de las teresianas que había cambiado poco con los años; y cuando ingresó en la universidad, estuvo en el Colegio Mayor de las Agustinas, junto a la Escuela de Magisterio.  
                   



En aquellos años 70 se iniciaba, con la mejora de la situación económica, un continuo ascenso en la cantidad de los jóvenes que estudiaban que hubiera sido muy beneficiosa si no se hubiera rebasado el orden natural de ella.


Como siempre nos ha gustado movernos en los extremos se pasó al desprestigio de la formación profesional que estaba implantada y apreciada en los pueblos cabecera de comarca. Como todo el mundo quería ir a la universidad empezaron a faltar alumnos y tuvieron que convertirse en centros de enseñanza media en los que se preparaban con las consiguientes pruebas para pasar a la universidad.
Con esta nueva tendencia se llenaron las universidades con la necesidad de aumentar el número de ellas masificando la enseñanza superior. Pasados unos años la salida de licenciados fue tal que la demanda de la administración del Estado y las empresas particulares no fueron capaces de absorberles.


Con este grave problema de paro de licenciados el Estado y los partidos políticos tratan de minimizarlo echándose la culpa unos a otros y no quieren darse cuenta que es un problema de cantidad que se ha logrado por culpa de todos.
Si en un recipiente que esta lleno de agua tratas de echar más esta se derrama buscando un espacio. Igual pasa con los licenciados, que al no tener cabida en España tienen que salir al extranjero y dejar allí el rendimiento de su trabajo joven, después de haber gastado el Estado ingentes cantidades de dinero para su formación.
Este grave problema nos tiene que hacer volver a la antigua situación en que la formación profesional se educaban muchos jóvenes que hoy ejercer las más distintas profesiones, y sin ningún desdoro, contribuyen a su 
bienestar y el progreso de la sociedad

miércoles, 8 de abril de 2015

MI PRIMER COCHE

  

Voy a hablaros de los años 60 cuando  nuestra situación económica se fue normalizando, y entre los labradores se llevaba comprar unas minimotos llamadas de Gucci-Hispania, un primer avance para dejar las sufridas bicicletas y hacer algún desplazamiento corto y visitar las tierras. A pesar de las continuas ofertas que me hizo un vendedor de motos en Sahagún, siempre me excusaba diciéndole que juzgaba mucho más práctico y necesario el coche que la moto y que cuando pudiera con desahogo me compraría un coche.
  


Al poco tiempo compré un Renault 4-L al que vulgarmente se le llamaba “cuatro latas” por su apariencia poco suntuosa, pero muy prácticos y resistentes para su uso en múltiples transportes.
  Si el coche en todos los estadios de la sociedad es un signo de prosperidad, en el mundo labrador se aumentaba por ser uno de los primeros que se vio por aquí, y cuando iba a arrendar o comprar alguna tierra le dejaba guardado en un callejón apartado si quería regatear en el trato, cosa muy difícil si veían el coche.
  Al ser una novedad, causaba admiración en convecinos y familiares, cuando les visitaba o les trasladaba en  algún viaje, y si soy sincero diré que me causaba más ilusión conducir mi utilitario que el actual Audi que tengo.
  Grandes fueron las prestaciones que este humilde coche me prestó, pues lo mismo servía para trasladar a toda la familia cómodamente instalada, como para escoger uva en las viñas, llevar simiente a las tierras, arreglar ruedas de aperos de labranza, ir al molino con cereales y muchas cosas más.
  ¡Qué placer y comodidad me producía poder llevar a mis tres hijos mayores, cuando empezaron a estudiar en León, así como maletas ropas y múltiples libros que les exigían en los internados!
  También en él hacíamos varias excursiones, como a Zamora, El Valle de los Caídos para visitar la tumba del padre de Raquel allí enterrado como víctima de la guerra civil. 


Con un día de duración también hicimos la ruta del Cares y la de los pantanos, visitando Riaño antes y después de ser anegado por las aguas.

  Si el uso del coche en las capitales, con su desmadrado aumento se pone más difícil cada día, en los pueblos por la galopante despoblación y falta de muchos servicios, se ha hecho casi imprescindible para cubrir múltiples necesidades, y cuando algún matrimonio viejo por carecer de carné de conducir o falta de facultades no puede disfrutar de su uso, aún a su pesar tiene que abandonar su pueblo y emigrar a la capital o pueblos grandes.


El uso correcto del coche ha sido siempre el exponente mejor que detalla la personalidad de cada persona.
Cuando te sientas frente al volante y compruebas que todo funciona según tu voluntad no puedes por menos de sentirte superior frente al peatón, y si ves que otro vehículo, especialmente si es de peor cilindrada, que te adelanta se siente como un menoscabo en tu amor propio, y tienes que contenerte para no seguirle y establecer esas competiciones de velocidad, que casi siempre tienen un desenlace funesto.
Muchos y muy variados son los factores que inciden en que se pierda la concentración frente al volante.

Unos pueden ser los paisajes que a veces son tan llamativos que no renuncias a verlos.
En mi caso te entretiene el ver a los diferentes tractores de conocidos labrando las muchas parcelas ubicadas a lo largo de la ruta.
Pero, según estudios realizados, el teléfono móvil se ha convertido en el aparato más nocivo si se utiliza durante la conducción. 
En apoyo de esto días pasados oí por la radio al director general de tráfico lamentarse que cuantas más aplicaciones se iban incorporando a estos aparatos más accidentes había por esta causa.
Es tal el vicio que muchos van cogiendo con este artilugio, que algunos confiesan no poder ya vivir sin él. Cada vez es más frecuente ver a conductores con una mano en el volante y la otra en la oreja.


Esperemos que esta mala costumbre vaya disminuyendo con el paso del tiempo, igual que pasó con el uso del cinturón de seguridad, que tuvo unos comienzos muy críticos. Mas cuando se comprobó que su buen uso salvaba muchas vidas, fue aceptado por la mayoría de la gente.
A pesar de mis muchos años todavía disfruto del carné de conducir actualizado todos los años y avalado por los quince puntos que pocas veces he mermado. Pero como el tráfico en las capitales de provincia se pone cada vez peor, nuestra hija más próxima Raquel nos lleva a ellas, reservándome el uso del carné para acceder a los pueblos cabecera de comarca en un radio de menos de cincuenta kilómetros, para poder abastecernos de los comestibles que en estos pueblos tan pequeños no se encuentran.

Si con el paso de los años estimo que soy un peligro para circular por carretera restringiré el uso del coche. Aprovechando la buena red de caminos de la concentración usaré el coche para hacer alguna escapada por el campo con mi mujer, para disfrutar de lo que siempre hicimos a lo largo de la vida, y recordar nuestras tierras que labradas diligentemente, nos proporcionaron recursos para elevar el nivel de vida de nuestros hijos, que es la aspiración natural de todos los padres.         

     

sábado, 21 de marzo de 2015

MISTERIOS DE LA NATURALEZA

  HOY COMENZAMOS CON UN POEMA...
                                    

                                             A todos los seres vivos
                                         La buena naturaleza
                           Nos proporciona alimentos
                           Con muchísima largueza

  Sin forzarla en demasía
  Debemos aprovecharla
  Y con buen comportamiento
   Tratemos de conservarla

  Como no se fía mucho
  De lo bien que será usado
  Con extraordinario celo
  Algún secreto ha guardado

  La semilla que germina
Con mucho vigor y fuerza
Ella lo hace muy corriente
Por milagro que parezca

Por mucho que investiguemos
Sobre el genoma humano
Sólo para nuestro bien
Seguirá siendo un arcano

El afán de perpetuarnos
Que los vivientes tenemos
Ella convierte en placer
Lo que rectamente usemos

¿ Es Dios o naturaleza?
No importa por lo que optemos
Si los dos nos hacen bien
A los dos las gracias demos.                                             
         
                          

A los que, por suerte o desgracia, nos ha tocado trabajar en el campo, en contacto directo con la naturaleza, apreciamos sus misterios que para mí no son fáciles de explicar.
  Un misterio para mí lo constituye el comportamiento tan especial que tiene el agua, elemento principal y muy abundante en la naturaleza. Su fórmula química es H2O, dos átomos de hidrógeno por uno de oxígeno.
  La cosa se complica con su reacción ante el frío y el calor, no siguiendo la teoría general que dice: “El frío contrae los cuerpos y el calor los dilata". Comportamiento especial e inexplicable este del agua que hasta los cuatro grados se comporta como los demás líquidos pero bajando a menos de cuatro grados se dilata y aumenta de volumen por lo que flota sobre el agua del fondo, mucho más densa.
   Sin este desafío natural a todas las teorías físicas, el mundo entero hace muchos siglos que se hubiera congelado pues si el hielo no flotara la acción del sol no podría derretirlo y capa tras capa acumulada en el fondo de los mares, ríos y lagos habría acabado con el agua líquida de todo el globo.
   

Este es otro de los misterios que la naturaleza guarda, recelosa de que el hombre abusara de su conocimiento, poniendo en peligro el armonioso orden natural.

Esta modesta opinión en el siglo XXI puede parecer a los insignes catedráticos de física poco menos que una herejía por lo que me disculpo, pero  en estos blog la única ventaja que tenemos es expresar con libertad nuestra opinión sin faltar a nadie.
Los blogueros no pretendemos arreglar el mundo, sino solo contrastar opiniones, para llegar entre todos a lo que parezca más razonable.
Abundando en este tema muchas veces me he preguntado ¿ porqué la electricidad de alta tensión es imposible de almacenar teniendo que producirse según lo que demanda el consumo?
Este inconveniente puede ser el que más quebraderos de cabeza produzca a las grandes productoras y distribuidoras porque las muchas fuentes de energía tan dispares que existen, tienen que poner en marcha según pida la demanda.
La producción del coche eléctrico, que tanto contribuiría a la limpieza del nuevo ambiente, esta obligando a los constructores de baterías a encontrar un material acumulador que sea menos pesado que el plomo. Esta pesadez lastra los intentos de las constructoras de coches eléctricos por imponerlos, y a la vez aumentar los recorridos de carga.   



El origen de la vida, que con tanto celo trata de entender el hombre, no sé si logrará conocerse algún día. Actualmente los investigadores echan las campanas al vuelo porque han identificado no sé cuantos millones de cromosomas del genoma humano. Sin duda este hallazgo logrará curar muchas enfermedades y se beneficiará en muchos aspectos la vida humana.
    

El hombre  juega con experimentos como la oveja Doli, se pueden hacer ejércitos de hombres clónicos, si la ética lo llega a permitir, la fertilización in vitro es la cosa más corriente... Pero todas estas técnicas no aportan nada para descifrar verdaderamente el origen de la vida, pues todas ellas parten de la utilización del poder germinativo en las semillas de las plantas y en el semen y ovarios de todos los seres vivientes.
   
Este singular misterio de la vida lo usa la naturaleza como lo más normal desde hace muchos siglos cuando apareció el primer signo de vida sobre la tierra.
   Estando escribiendo esto, veo en la tele un reportaje sobre la epidemia de virus maligno que esta atacando al ganado lanar de Inglaterra y varias naciones cercanas. Los investigadores no hallan la manera de curarlo y piensan recurrir a una vacuna extraída de las ovejas rojas autóctonas que pastorean la tribu africana de los Masais durante siglos y que casi no sufren ninguna enfermedad, estando inmunizadas a estos virus modernos.
   Parece un sarcasmo de la sabia naturaleza que una tribu primitiva dé sopas con honda a todo un ejército de investigadores y técnicos veterinarios.
   

Aunque Darwin en su polémico libro El origen de las especies no lo afirmó categóricamente, hoy día la opinión más generalizada es que el hombre desciende del mono. Dejando a un lado la polémica surgida en varios sectores y en especial la Iglesia Católica, tampoco yo lo veo nada claro.
   Si, como argumentan los evolucionistas, el mono se fue perfeccionando pasando a “homo erectus” y más tarde a “homo sapiens”, ¿cómo es que no evolucionaron todos los primates de la misma manera?. Si es que descendemos del mono, ¿por qué un niño criado entre primates asimila su lenguaje de momento, pero cuando se le pasa a tratar con personas olvida lo aprendido y asimila rápidamente el lenguaje humano? Y en el caso contrario, una cría de primate por mucho que se le enseñe no es capaz de entender nuestro lenguaje y su coeficiente intelectual es mucho menor.
  A mi modo en esta evolución física tuvo que existir como un punto de inflexión, un destello de inteligencia que diferenciara a las dos especies. Como esto no tiene explicación posible tenemos que aceptar otro misterio de la naturaleza que decidió hacer del hombre una especie superior e inteligente para que dominara el mundo y todas las demás especies vivientes.
  La palabra naturaleza, tan usada en este escrito, tiene múltiples acepciones dependiendo de quien la utilice en su propio provecho.

Para la Iglesia Católica es Dios Omnipotente creador de todas las cosas. En el Islam el concepto es, Dios es grande y Mahoma su profeta. Para los Hindúes es Buda y su creencia del nirvana en armonía con todas las criaturas de la naturaleza, y así podíamos seguir con un sin número de religiones, sectas y ritos de todos los pueblos de la tierra.

  
  Pero en todos ellos late la ultima condición de que existe un ser superior que rige los destinos del mundo con cualquier nombre que se le dé, y la mente humana no se si será capaz de entender los muchos misterios que guarda celosamente.
 Llegado a este momento me pregunto: ¿ Es retrógrado escribir esto? 
No lo sé 
No me gusta moralizar  pues parece que pertenezco a otro mundo. Solamente he intentado expresar mi  opinión sobre estos temas que, por mi oficio de labrador, he podido apreciar en toda su grandeza 


sábado, 7 de marzo de 2015

PALOMARES Y PALOMAS



                              
 Si antes hablé del tipismo de las bodegas, no lo es menos los palomares que recortan su silueta variopinta y multiforme sobre el monótono color pardo de las tierras de esta zona de Campos.
Muchas y variadas son las formas que adoptaron según la práctica de cada maestro albañil, heredada de sus antepasados, pero en esta zona dominaba el de patio interior redondo o cuadrado, existiendo alguno con pináculos de entrada en el tejado.
El que mejor conocí fue el que tenía en la huerta de San Nicolás mi abuela Nicasia, en el que, como ya he contado, hacía de ayudante en las faenas de conservación y limpieza. Era de forma cuadrada con cuatro paredes exteriores hechas con adobes cuya medida era de largo 40 centímetros, ancho 20 y de grueso unos 9 centímetros.
Las cuatro paredes que formaban el patio interior eran paralelas a aquellas pero más bajas, para dar caída al tejado que partía medio metro más abajo de la pared exterior. Este rodete se remataba con ladrillos y tejas y hacia de cortavientos, para que en invierno a su abrigo tomaran el sol las palomas. En medio de las cuatro caras del tejado, bajo un tejadillo adicional, tenía cuatro troneras o luceras por donde entraban las palomas y daban luz y ventilación al interior del palomar.
  



 La distancia entre ambas paredes era menor de un metro para facilitar la recogida de pichones, poniendo cada pie en el nicho de diferente pared, pudiendo recorrer el palomar de este modo a la altura que quisieras. Estos nichos tenían una profundidad en la pared de unos 20 centímetros y otro tanto de ancho y alto, con un borde inferior más alto de fuera, para impedir se cayeran los huevos y crías pequeñas.
   
En estos nichos las palomas hacen un pequeño nido, antes de la puesta con hiervas aromáticas si pueden, por lo que mi abuela siempre tenía un hacejillo de tomillo para que hicieran los nidos y dar buen olor al palomar, atrayéndolas por su exquisito olfato. También me contaba que antiguamente una intensa colonia que se llamaba “comino rústico” y las atraía con tanta fuerza que no abandonaban el palomar aunque se estuviera cayendo.
  Otro de los buenos secretos celosamente guardados por los buenos colombófilos, era el adiestramiento de los “pichones ladrones” que atraían a las hembras hacia el palomar propio. Este último truco no le creo muy fiable, pues las palomas se emparejaban de por vida, cambiando solamente de pareja por la muerte de alguno de ellas.
  Las aguas del patio interior o corralillo, se evacuaban cuando llovía, por un albañal, aquí se llama “gateras” situado en el centro tanto de la puerta exterior como la que da al patio Este y el gatero estaban dados de cemento para que corriera mejor el agua y defender las paredes de la humedad. Para que no se obstruyera con la palomina se le tapaba con una tabla que se levantaba fácilmente para su limpieza. En la boca exterior de este gatero se ponía una malla que impedía la entrada de gatos, roedores y alimañas que hacen mucho daño a los palomares. Para que tampoco pudieran entrar trepando por las esquinas, se forraban estos a buena altura con unos chapones de medio metro.
 En todos los tiempos han sufrido muchos ataques pues en el año 1465 tenían legislado que todo aquel que disparase al palomar con ballesta, arco o piedras, se le confiscara estos artilugios y se le sancionara, por cada paloma tomada con setenta maravedíes, la mitad para el amo y la otra mitad para el juez como estimulo por juzgar y cobrar la multa en el acto.
  Por desgracia actualmente la justicia no es tan expeditiva con los desaprensivos que dan la patada en la puerta e impunemente disparan su escopeta al bando que sale del palomar.
  Este es el mayor desmán que se puede hacer en un palomar de palomas bravas, que como tales el ruido en la puerta las pone tan nerviosas, que muchas no aciertan a salir y se lastiman contra las paredes. 
  La tremenda aversión que estos animales tienen a todos los ruidos de nuestra civilización es un dilema a la hora de elegir el mejor sitio para la ubicación de un palomar. Si lo haces cerca o dentro del casco urbano, estará más protegido de los ataques, pero su reproducción no será abundante por los ruidos. Si lo haces lejos se invierten las tornas, mayor abundancia de palomas y de ataques contra ellas. Como siempre en la vida la virtud está en buscar un sitio elevado, bien visible desde el pueblo, y según la experiencia, a una distancia media de 300 o 500 metros y lejos de caminos o carreteras muy transitadas.
  La mejor hora de atender un palomar, que serán las menos posibles, es de las diez a las doce de la mañana que es cuando salen muy pronto a alimentarse por el campo, retornando a las primeras horas de la tarde.
  Además del palomar cuadrado con patio que os he descrito, existe una gran variedad de modelos construidos según los materiales de cada zona y la inspiración y maestría del albañil que les construye. En esta zona predomina el redondo con patio interior que sólo se diferencia en su construcción del cuadrado en tener sus dos paredes en forma de anillos. En San Nicolás existe un modelo que exceptuando uno que hay en Villaselán muy parecido, no he visto en ninguna zona, ni fotografiado en revistas del ramo. Este palomar muy peculiar y acaso único es de planta circular sin patio, en el centro de su tejado tiene una airosa torreta cuadrada de madera cubierta de tejadillo, con unas troneras de entrada abiertas en la madera.
   De los otros tres palomares que quedan en el pueblo, acaso sea este último por su buen enclave, el único que conserve alguna paloma, dado el gran bajón que ha sufrido esta especie en los últimos años.
 Varias han sido las causas de esto, pero creo que la principal es el uso indiscriminado de herbicidas en la agricultura que acabó con las malas hierbas como el “alberjón”, el “titón”, la “neguilla”, la avena loca y otras muchas. Como semillas silvestres que son para su perpetuación han desarrollado un sistema de germinación tan retardado que algunas pasan el año sin nacer.
  

 Por esta circunstancia a la paloma la servían de alimento durante casi todo el año pues el trigo, cebada y demás cereales y leguminosas germinan con las primeras lluvias del otoño. Sobre esto había una sentencia que decía:
                           
                            Tú me cebas Abril y Mayo

                            yo me cebaré todo el año.


 Otra de las causas es el poco respeto a la ley de la caza, no respetando la veda, ni la distancia de mil metros de protección del palomar. Por el gran precio de las palomas para el tiro de pichón, se han extendido los asaltos nocturnos que es aún más grave, por lo que muchos propietarios han optado por abandonar su conservación.
  En mis tiempos de mozuelo una panda de amigos salíamos a cazar casi en plan festivo, con unas escopetas compradas en las subastas después de la guerra, tan antiguas y mal conservadas, que muchas veces se negaban a disparar. Como la caza de la liebre y perdiz requería más concentración y afición que la nuestra, nos entreteníamos en correr detrás de los bandos de palomas, entonces muy abundantes, y la mayoría de las veces no éramos capaces de matar una sola paloma.
 A este animal, que por algo se llama “bravía”, la naturaleza la ha dotado de un oído especial y una vista tan penetrante y al menor atisbo de peligro se pone a salvo con su potente vuelo.
  

 Quisiera aclarar un error muy corriente en llamar zurita a esta paloma, que aunque son de un gran parecido tienen características y costumbres muy diferentes. La bravía nunca se posa en los árboles, como lo hacen la zurita y la torcaz y aquella tiene las patas casi rojas y el pico negro que no tienen estas.
  Las palomas mansas que huyen de las casas y se mezclan en los palomares con las bravías se las distingue perfectamente de estas, además del color, por la falta de rapidez en los reflejos y lentitud en el vuelo.
  Hasta que no tratas de acercarte a un bando de bravías, no percibes el instinto de conservación que estos animales tienen. Si logras colocarte en un buen sitio y esperas que se aproximen, es una gozada verlas extendidas por toda la tierra, buscando evidentemente las semillas en todas las direcciones, y si alguna se aproxima y advierte el peligro, levantando rápidamente la cabeza, emite un fuerte arrullo de aviso. La reacción del bando es tan instantánea que muchas veces no te daba tiempo de echar la escopeta a la cara y disparar.
  


 En este bravo animal hasta las hermosas plumas de su pechuga de color verde púrpura que emiten unos brillantes reflejos atornasolados, le sirven de coraza. La falta de experiencia y los nervios te hacía a veces tirarlas de cara aunque fuera de cerca y no lograbas más que una nube de plumas de su pechuga que quedaba flotando en el aire sin que lograras abatir a ninguna . La fuerte capa de espesas plumas las hace inexpugnables de frente, no así de culo o en vuelo, donde los perdigones encuentran el camino abierto entre las plumas o en las alas extendidas.
  Recuerdo un talud formado por las aguas, orientado al mediodía que nos servía de puesto de espera, calentados por el tibio sol invernal y en animada conversación mientras llegaban los bandos. Sobre este escondite había una planicie de terreno pedregoso, al que las palomas tienen mucha querencia, y casi todas las mañanas se posaban en el varios bandos. Sobre el talud habíamos montado con ramas y follaje un buen puesto de observación donde se apreciaban cómodamente todos sus movimientos.


  A pesar de todas estas chapuzas, por seguridad la pólvora siempre se echaba con una medida que yo sobrepasaba en algún cartucho destinado al escondite de marras, logrando matar alguna a 90 pasos. En una ocasión la escopeta que era de cierre abajo y malos enganches, forzada por el exceso de carga, cedió por el cierre y me puso la cara con el humo más negra que la de un minero.
  En una ocasión, cansados de correr infructuosamente detrás de los bandos, un compañero logró situarse detrás de un montón de abono y se le echó encima un bando muy grande. Desde largo los demás veíamos consternados como trataba de disparar dos o tres veces sin lograrlo y ciego de ira arrojó la escopeta contra el suelo lejos de sí.
   


Debo aclarar que esta escopeta era de las antiguas de “Remington” con un cierre parecido al de los rifles, y por su cierre medio fijo fallaba la mitad de las veces.

  Diré también que en esta panda de “cazoleros”, como en chunga nos llamábamos, iba un amigo cuyo padre tenía un buen palomar, que llevaba una escopeta de “rabillo de pistón” una variante moderna de las antiguas que se cargaban por la boca.

Esta ya gastaba cartuchos que tenían el pistón interior y para su percusión llevaba un rabillo exterior sobre el que golpeaba el gatillo.


 La presencia de familiares con palomares en estas cazatas puede pareceros contradictorio, pero no lo era debido a la vigilancia que ejercíamos con nuestra presencia en el campo sobre los cazadores veteranos que usaban otros métodos más expeditivos que nosotros, pues no nos acercábamos nunca a ningún palomar.
  Por otra parte nuestras capturas eran minúsculas comparadas con la gran cantidad de palomas que acudían de palomares, mucho más numerosas del sur de Campos. Cuando lográbamos dos palomas volvíamos a casa tan ufanos, compensándonos de los días que regresábamos con las manos vacías.
  Estas pocas piezas que lográbamos eran muy apreciadas por la familia en lo que equivalía a un extraordinario. Casi antes de ponerlo en la mesa el olor a paloma estofada que despedía el puchero de barro inundaba la casa, sobre todo cuando mi madre que fue siempre gran especialista en estofados, movía el puchero diestramente y le hacía un “hoyo” en el rescoldo que dejaba la paja quemada y ponía encima de él una cazuelita de barro con agua para que conservase el suficiente agua y no se quemara el guiso.
   

En la cena, después de un abundante primer plato se consumía el oloroso y exquisito estofado de esta ave maravillosa que os he descrito y que sigue siendo aún después de muerta.
  La decadencia de las palomas, ha sido acompañada por la casi decadencia en el campo de las muchas clases de pájaros como alondras, corresenderos, mirlos, trigueros, pajarotonas, mosquiteros, relinchones, picachopos, ruiseñores, pardillos y jilgueros, que aquí llamamos siete colores, y otras muchas más.
  Hasta los domésticos gorriones ha llegado la decadencia pues han mermado de tamaño y peso y me da que pensar que un ave que siempre ha vivido a expensas del hombre sirva de aviso de lo que nos puede pasar a nosotros.
 
  La nostalgia de aquellos tiempos quizá haya contribuido a la extensión de este comentario que quiero cerrar en positivo proponiendo alguna pequeña y escasa vana esperanza por poder frenar la inminente desaparición de estos palomares tan típicos y económicamente rentables entonces.
  En cuanto a la primer causa negativa parece ser que se están tomando medidas para prohibir los herbicidas tan perniciosos, que por su alta concentración y toxicidad destruyen toda clase de malas hierbas. También se quiere fomentar el uso obligatorio de herbicidas selectivos de menos concentración que los primeros pues su acción se centra en una sola planta.
  Si fuera posible habría que declarar estas zonas como Áreas Ambientales Sensibles para la conservación de los valores y usos agrícolas tradicionales, con ayudas generosas para la conservación y construcción de nuevos palomares.
  Por descontado que sería necesario cumplir a rajatabla la Ley de caza respetando todos la veda y distancias reglamentarias.
  Si con estas y otras muchas premisas que se podrían adoptar, poco a poco recuperando la permanencia de esta especie, acaso los pocos jóvenes que van quedando en los pueblos, consiguieran con ilusión seguir esta tradición.