El mero hecho de acudir a misa los Domingos nos da la ocasión de vernos, saludarnos aunque sea protocolariamente y entablar una conversación intrascendente como hablar del tiempo. Asistir juntos a la misa, es una rutina que nos satisface acaso más de lo que estamos dispuestos a reconocer.
En este comentario sólo quiero referirme al hecho físico y material que estos encuentros tienen para nuestra convivencia.
Es condición humana que cuando tenemos una cosa no la sabemos apreciar y sólo la echamos de menos cuando nos falta. Esto nos confirma en el temor de que el día que nos falte la asistencia de nuestro estimado D. Santiago lo vamos a sentir mucho.
Con su trato amable y lenguaje asequible ha logrado que nuestra asistencia a los cultos sea gratificante, fomentando nuestra unión, tan difícil de lograr en pueblos tan pequeños.
San Nicolás, Moratinos, Terradillos y Ledigos son los cuatro pueblos a los que asiste D. Santiago, casi de manera altruista. Con esta inestimable ayuda desahoga un tanto las muchas obligaciones de nuestro párroco D. Gaspar, residente en Cisneros y muy ocupado en atender a los pueblos que le son más cercanos, de mayor población que Moratinos.
Mucho me temo que en Moratinos nos pueda pasar lo que ocurrió en dos caseríos próximos. En San Martín de la Fuente y Villátima, las dos o tres familias que en ellos vivían, se mantuvieron unidas mientras no les faltó la misa los Domingos.
Cuando empezó la escasez de sacerdotes, el Sr Obispo les privó de este servicio, comenzaron a buscar nuevas residencias en pueblos próximos o junto a familiares. En sus espadañas las campanas quedaron mudas y expoliadas y sus coquetas iglesias abandonadas.

Otro ejemplo de la unión que ejerce la parroquia la tenemos actualmente en la zonas ganaderas del Norte de España. Para aprovechar mejor sus pastos tienen que vivir aislados dentro de sus prados y el único lazo de unión le tienen en la parroquia.
A ella acuden en las celebraciones religiosas, se casan y bautizan a sus hijos y despiden en funeral conjunto a sus familiares fallecidos, que entierran en el mismo cementerio.
Además de estos servicios de índole religioso, también en lo social y político tienen sus reuniones en ella, como el colegio electoral y demás actos administrativos.
Estas cualidades de la parroquia las viene ejerciendo desde tiempos inmemoriales.
Según se relata en el Libro de Villada del autor Ángel Salcedo, en el año 905 unos monjes, procedentes de la Abadía de Sahagún, acamparon junto a las ruinas de una antigua iglesia. Restaurada esta, tomó el nombre actual de la parroquia de San Fructuoso. Junto a ella surgió el primer núcleo urbano de Villada.

Que esta cualidad integradora nos sirva para conservar nuestra identidad de pueblo.
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