viernes, 25 de septiembre de 2015

FIESTAS PATRONALES




 Este año es cuando más tarde se celebró la fiesta de Moratinos, pues al pedir el traslado se dijo que sería el sábado siguiente a la fiesta de Nuestra Señora. Este año como cayó en sábado se alargó al 22 de Agosto.
Pocas son las variantes que se aprecian de un año a otro, pues en Moratinos este año destacaron un parque de aparatos inchables que hicieron las delicias de la chiquillería, un concurso de disfraces y la actuación de un mago–escapista- que nos hizo reír un buen rato.
Como la junta vecinal cuenta con un equipo de discos musicales, se prescinde de la música en directo que amenizaría la misa y procesión del patrón Santo Tomas, que acaso sea por la costumbre, parece que da más realce a la fiesta.

En la fiesta de mi pueblo, San Nicolás, este año se adelantó al sábado tercero de Septiembre pues parece que da más facilidades a los hijos del pueblo aprovechando mejor el fin de semana del que la mayoría disponen, pues el domingo por la tarde muchos tienen que marchar para el lunes estar en sus puestos de trabajo.

Casi todos los años en esta fiesta prevalece la costumbre inveterada de traer un conjunto de dulzaineros que recorren el pueblo con alegres pasacalles dando ambiente de fiesta. 
En la iglesia, aunque no sé por que motivo, ya no tocan la marcha real a la consagración, sustituyéndolo con un sentido motete a la comunión.
Durante la procesión suelen tocar canciones medio religiosas que hacen de fondo al ruido de los cohetes y el repique de campanas, aunque este año faltó esto por avería en el campanario.


Estas ceremonias tan vetustas y tradicionales puede que a algún joven supermoderno le resulte una antigualla, y no acierten a comprender la gran ilusión que a los mayores nos produce recordar estas costumbres como parte sustancial de nuestras vidas.

Como portador de muchos años a la espalda puedo deciros que cada año que pasa se agrandan sobre manera la nostalgia y los recuerdos vividos, como si quisiéramos con ello compensar la inevitable decadencia de nuestra vejez.
La dulzaina ha sido durante muchos años el instrumento musical más castizo en muchas zonas de España, en especial en los contornos de esta zona de Campos donde este instrumento era insustituible en toda clase de celebraciones, bautizos, bodas, romerías y fiestas de los pueblos.
Como prueba de la aceptación y demanda que tenían estos conjuntos de dulzaina, tamboril y bombo, os puedo decir que en mi juventud nos pasábamos varios días montados en bicicleta buscando el conjunto que nos sirviera el día de la fiesta. 
A veces la cosa se complicaba porque en estos días de Septiembre se celebraban las fiestas en muchos pueblos, que aprovechando el final de las faenas de recolección habían trasladado la celebración a estos mismos días, como sucede en los casos de San Nicolás y Moratinos.

Como reminiscencia de un recuerdo alguien a la salida de misa insinuó a los tamboriteros que tocaran alguna jota del amplio repertorio que estos grupos conservan. Al oírla nos hizo reaccionar y salimos del local para apreciarla mejor, y un grupo de jóvenes entusiastas nos bailaron lo mejor que sabían unas jotas.
Esto nos hizo recordar los tiempos en que los casados el segundo día de la fiesta lucían sus habilidades bailando la jota que era el broche de oro con que se cerraba el baile.
Como estos son días de encuentro entre familias y amistades, estuve con mi prima hermana Margarita y sus hijos Susana, Roberto y David,  pues fue muy grande el familiar trato que tuve desde mis años mozos con mis queridos tíos de San Martín Pablo y Felisa de la que Margarita es su vivo retrato.
Con mucho cariño recordamos aquellos buenos tiempos y la gran afición que mi tío tenia para trabajar la madera y hacerme toda clase de artefactos con lo que yo fardaba enseñándoselos a los demás chiguitos del pueblo.


En su memoria y para que sirva de recuerdo adjunto una foto que saqué a Margarita y Susana.
Me gustaría que, aunque no sea más que de año en año dado lo alejado que algunos viven,  estos encuentros nos sirvan para  continuar el buen trato familiar que siempre tuvimos.