viernes, 20 de noviembre de 2015

CÓMICOS AMBULANTES


Con ocasión de ver una película que pusieron en televisión días pasados, escrita y dirigida por el gran actor Fernando Fernán Gómez, donde narra las grandes dificultades que tuvieron que soportar los cómicos en sus últimos tiempos para mal vivir, pues el empuje del cine, radio y nuevas técnicas les hizo abandonar su vida nómada condenada a desaparecer.





Como esto ocurrió por los años cuarenta y cincuenta que yo viví en mi niñez y juventud quisiera recordar a estos cómicos ambulantes que recorrían estos pueblos con mil maneras de ganarse la vida.

Debido a que en esta zona de Castilla y León los pueblos son pequeños para adaptarse mejor a labrar de cerca sus propiedades, los grupos de estos cómicos eran más reducidos que en Andalucía, pues casi nunca pasaban de tres componentes, pues lo poco que podían sacar no debían repartirlo entre muchos.

El primer cine que se vio en San Nicolás fue proyectado en cine mudo en un portalón donde se guardaban los carros y poniendo una sábana en el patio que les servía de pantalla y que no dejó de ser una novedad.

Para estos espectáculos en que se espera juntar a mucha gente se necesitaba un habitáculo en donde se entrara por una puerta para que todo aquel que quisiera verlo tenía que pagar la correspondiente entrada. En aquellos tiempos de penuria económica rara vez sobrepasaba el importe de una perra gorda, moneda de cobre muy corriente que equivalía a diez céntimos de peseta. El sistema de pasar la gorra para que se echara voluntariamente el donativo no debía ser lo más eficaz.

Adecentado un poco el local y puestos cuatro tablones para verlo sentado, para darle publicidad recorrían el pueblo tocando un tambor y anunciando la hora del espectáculo.

Esta pareja del cine lo tenían bien montado, pues traían una lámpara muy parecida a la de los hermanos Lumière cuando inventaron la imagen en movimiento, que es el principio fundamental del cine. 



La llamada lámpara mágica consistía en un recipiente forrado de espejos donde se introducía un quinqué de petróleo con una pequeña chimenea para dar salida al humo.

La luminosidad aumentada por los espejos se la hacía pasar por una lente que incidía en las imágenes previamente gravadas en una cinta con una cadencia determinada para imitar el movimiento natural de los personajes que aparecían en la sabana blanca que hacía de pantalla.



Como la luz eléctrica no había llegado, la cinta se movía con una manivela que movía el operador con el ritmo adecuado. Para compensar la mudez de las imágenes su compañera leía lo que se podía llamar el argumento. 

Empujado por la curiosidad me puse casi detrás de ellos y noté lo bien acompasados que estaban. Para que la cinta durara un poco más de tiempo recuerdo que salía un camión que iba cargando los muebles pero cuando llegaba a la casa el operador cambiaba el sentido de la manivela con lo que las imágenes avanzaban hacia atras y se volvían a descargar los muebles en el mismo camino. Esto producía mucho efecto visual en todos por lo que lo repetía cuando se perseguía a un delincuente o se subía a una montaña, pues el andar para atrás parecía un milagro.

Otro grupo formado por un matrimonio y una hermana de la mujer tuvo mucha aceptación por esta zona. Esta chica joven la podíamos llamar “contorsionista”, pues se doblaba hacia atrás hasta pegar con la cabeza en el suelo. Hacer esto en una zona que la mayoría se estaba inclinado hacia delante, por la dureza de las faenas agrícolas, era considerado como una verdadera proeza.

 Este número, como más suerte, lo dejaban para el final empezando con una pequeña obra de teatro ejecutada por los tres. Para dar más énfasis a la obra el actor principal repetía con frecuencia la frase de “tira palante” nombre con que se conocía a este grupo.

Al final para dar más emoción a la acción de la chica su hermana tocaba rítmicamente  un tambor y el marido acompañaba como si la amenazaba con un cuchillo el movimiento pausado de doblarse hacia atrás.

En tono menor pasaban también ciegos acompañados por sus lazarillas. Si digo lazarillas es por que casi siempre eran parejas muy conjuntadas donde él sabía hacer de ciego aunque no lo fuera. Para la picaresca siempre hemos sido los mejores como se explica magistralmente en la novela anónima del “Lazarillo de Tormes”.



Los ciegos, de verdad o de pega, tocaban el violín acompañando con cánticos de unas coplas muy tremendistas que encogieran el corazón de los oyentes, con relatos de crímenes, raptos y toda clase de calamidades cual a cual más espeluznantes.

Primero recorrían el pueblo y cuando encontraban un rincón o plaza soleados aunque uno solo les diera cinco céntimos se ponían a cantar, pues ya sabían que no tardando se juntaban un grupo de vecinos que les jaleaba. Al final, para completar la limosna que les habían dado, vendían unas cuartillas que traían impresas con las canciones que habían recitado.

Todavía persiste la frase de “no tiene ni para mandar cantar a un ciego” para expresar que se anda muy mal de pecunia.

Otros cómicos pasaban acompañados de animales que con un poco de ensayo lucían sus habilidades logrando atraer la atención del publico.



A los perros se les hacía bailar al son de un pandero animándoles ellos con el ejemplo.

También es típico decir “pasas más hambre que el perro de un volatinero”.

Otros pasaban con monos, que solían ser pequeños, también bailaban y daban saltos acrobáticos, pero lo que más privaba era dejarse coger en brazos, especialmente de mujeres, y hacer con ellas toda clase de “monerías”.

Otros pasaban con cabritas, animal que en esta zona siempre tuvo un especial atractivo pudiendo pastar en cualquier parte, singularmente si se sabía que con su leche se estaba criando a un niño. 
También eran muy hábiles en saltos, y para demostrar su gran poder de equilibrio se las hacía permanecer un rato sobre el pico de una botella sobre sus cuatro patas. 
No quiero cansaros más con los mil recursos que se inventaba la gente para sobrevivir, pues el hambre agudiza el ingenio. Contar esto no es muy agradable pero las nuevas generaciones deben tener en cuenta que la prosperidad actual, labrada con el sacrificio y el trabajo de nuestros mayores, no nos la podemos jugar por el prurito de nuestras disputas partidarias.

Actualmente todavía quedan muchas naciones que no tienen ni Seguridad Social, Jubilación y ninguna clase de subvenciones, como aquí pasaba entonces, y tratan, aun jugándose la vida, de emigrar a naciones más prósperas, como ha sido siempre la aspiración de todos los pueblos de la tierra.