martes, 10 de noviembre de 2015

OTOÑO LLUVIOSO


Este del 2015 nos ha resultado un tanto húmedo, pues en su primera parte han caído en dos ocasiones: quince litros en la primera y sesenta en la segunda.



Aunque la tierra está con ganas de agua, pues llevamos casi dos años con precipitaciones escasas, se han tenido que suspender las labores de siembra hasta que el terreno se oree algo.
 Lo ya sembrado, como el agua ha sido abundante y la tierra conserva el calor por falta de heladas, ha nacido con bastante vigor y casi ha cambiado el color ocre de la tierra por el verde que denota su buen nacimiento.


Esta última borrasca del Atlántico entró en la península a la altura de Cádiz dejando a su paso cuantiosos daños debido a las fuertes lluvias y  vientos. Según fue penetrando en la península fue perdiendo intensidad, con lo que aquí ha sido muy beneficiosa para recuperar la humedad que faltaba en el terreno.
Según he podido observar en muchos años las borrascas que entran en España por más arriba de la altura de Lisboa dejan aquí poco agua, pues el viento del Sur Oeste las hace resbalar por la orilla del mar hacia Galicia, quedando esta zona central en la orilla, donde muchas veces no alcanzan las precipitaciones.
El aire frío procedente del Mediterráneo produce la llamada gota fría que castiga en especial a las zonas próximas al mar. Aquí apenas llegan sus precipitaciones por lo que los vientos del Atlántico son los más influyentes en nuestro clima.



Las setas y toda clase de hongos también se han visto beneficiados por las últimas lluvias, constituyendo una ayuda económica adicional su recogida, especialmente en los municipios que tienen extensos pinares donde la venta de níscalos se ha generalizado en toda España, conformándose un mercado muy activo.
Parece que con el tiempo se van apaciguando los pleitos por definir su propiedad, que es de los municipios propietarios de los pinares, que autorizan a recogerlo por una pequeña tasa.
Cuando se empezó a comercializar el níscalo procedente de los pinares se dio esta curiosa disputa entre dos pueblos vecinos. 



Uno tenía arrendada un buen trozo de pinar al vecino que era el propietario. Los arrendatarios decían que las setas eran hierbas y que por tanto les pertenecían, pues pagaban el arriendo por ellas, los propietarios alegaban que la setas no eran hierbas y les pertenecían.
Después de varios juicios a nivel de primera instancia, el juez determinó que las ovejas podían pastar en los pinares arrendados, pero los níscalos que no comieran ellas eran del propietario, y no se podían recoger a mano más que los que autorizaran ellos.
A propósito de esto oí comentar a los pastores lo exquisitas que eran las ovejas comiendo solo los hongos buenos, pues tienen un instinto especial para conocer los venenosos.
Aquí se da la seta de cardo y las de madera que salen en los tocones de los árboles cortados o troncos en descomposición y el champiñón silvestre en la pradera, complementado esto con alguna escapadilla a los pinares, cubre la temporada para el consumo familiar.



También para este fin se sembraba la seta en las alpacas de paja, que para que su brote fuera más temprano y abundante requería  hervir la alpaca en un bidón.
Deseamos mejore el tiempo para rematar la sementera pues con estas simientes modernas dicen que es mejor que nazca tarde, para que no les entre las nuevas plagas.
Claro que esto tiene un límite pues siempre se dijo que para lograr una buena cosecha de cereales estos tenían que nacer el año antes en que se cosecharan.