domingo, 1 de marzo de 2009

EL HURÓN


Estos dos mustélidos son los más corrientes en esta tierra de Campos y quisiera hacer unos apuntes sobre ellos.

Los hurones fueron siempre el enemigo natural de los conejos, contribuyendo a su equilibrio ecológico.
En el siglo IV antes de Cristo, los griegos y romanos ya amansaron a estos animales, para que les hicieran las mismas prestaciones que actualmente hacen los gatos, cuya domesticación fue bastante posterior a esa fecha.
Aunque no se ha llegado a la domesticación completa, si se ha amansado bastante su fuerte carácter bravío. Como precaución los huroneros siempre les tratan con fuertes guantes a prueba de sus poderosos dientes y les transportan en jaulas metálicas bien seguras.













Con el paso del tiempo este depredador fue escaseando y el conejo se extendió de una manera desorbitada, constituyendo una verdadera plaga para toda clase de cultivos.
Aprovechando las buenas condiciones innatas de este animal para penetrar en las huras donde el conejo se guarece, se ha convertido en la mejor manera de luchar contra esta plaga.
La destrucción por medios mecánicos de sus madrigueras resulta casi imposible y muy costosa, pues su instinto natural le ha llevado a construirlas en cárcavas o lugares poco accesibles y casi siempre debajo de rocas duras, que ellos escarban aprovechando las vetas blandas de arena que casi todas las rocas de esta zona tienen.


Un sobrino mío tenía una finca con una cárcava rocosa en medio, que servía de refugio seguro a una buena colonia de conejos, devoradores de todo lo que en ella sembraba.
Intentó diezmarles a tiros con la escopeta, que como cazador tenía legalizada y se pasó muchas noches en vela esperando a que saliesen de sus guaridas. Como están dotados de un oído y olfato muy finos, si por casualidad podía disparar a uno de ellos, los demás no salían a comer en varios días.
Más efectiva fue la labor de un huronero que introducía su animal en cada madriguera y todos sus ocupantes, muertos de miedo, salían disparados e iban a parar a un práctico saco puesto convenientemente en la boca de la hura.
Pero como en todas las faenas se descansa, nuestro buen hurón, después de sacar a más de un centenar de conejos de su madriguera, le pareció bien comerse una tierna cría y para reponer fuerzas echarse una siesta dentro de la hura.
Para hacerle salir pronto, el huronero, que sabia todos los secretos de su oficio, se fue a Sahagún que estaba cerca y compró medio kilo de escabeche de atún. Puesto a la entrada de la hura, su olor estimuló el apetito del hurón que salió a comerlo habidamente, circunstancia que aprovechó su amo para meterlo en la jaula.
La inteligencia humana siempre vence a la de los animales y estos huroneros la aprovechan para hacerlo su medio de vida, limpiando muchas fincas donde por otros medios es muy difícil conseguirlo.
Creo que esta necesidad fue la que impulsó a un gran químico centroeuropeo, propietario de una finca agrícola, a inyectar en algún conejo un veneno tan activo que extendió la plaga de la mixomatoxis a toda Europa causando en varios años casi la extinción del conejo.

1 comentario:

nino espadas dijo...

Aunque un poco atrasado, su entrada sobre el hurón es muy interesante, pues hace dias pudimos ver uno, un compañero y yo aquí al lado de San Marcos en León,más grande que un gato y que subsiste dando caza a algún pato de los que por aquí abundan. Lo vimos corretear por los aledaños del paseo de la Condesa y luego perseguido por un perro desapareció por la rivera del río, el Bernesga, que a su paso por León se ha convertido en un paraíso de vida salvaje ante la indiferencia e ignorancia de este ayto. Saludos.