lunes, 12 de octubre de 2009

EL TREN DE VÍA ESTRECHA Y OTRAS PERIPECIAS




Una mañana muy lluviosa acompañé a mi padre a coger el tren en Sahagún y bajamos en la estación de Palanquinos. De esta estación salía un tren de vía estrecha que pasando por Valencia de D. Juan seguía hasta empalmar en Palencia con los demás ramales que este ferrocarril tenía en la tierra de campos.


Fue construido hace ochenta años y el recorrido total es de ciento cuarenta kilómetros sumando sus cuatro líneas que son:Valladolid-Rioseco, Rioseco-Villada, Palencia-Villalón yVillalón-Palanquinos. La diferencia de la línea Renfe comparada con la estrecha era bien notoria. Nada más montar en sus coches tuvimos que buscar alguno que tuviera algún asiento seco, pues la lluvia de la noche había calado la débil cobertura de sus techos. Con este panorama llegamos a Valencia de D Juan donde su pequeña estación apenas nos dio espacio para guarecernos de la pertinaz lluvia. En estas líneas los jefes de estación vivían en el piso superior de las llamadas casillas construidas frente a la población enque paraba el tren.
Las máquinas de vapor eran de poca potencia y su salida al exterior no produce el golpe seco de las de la RENFE sino uno más débil parecido a cuando el chocolate se sale de la chocolatera, nombre que familiarmente se daba a estas pequeñas maquinas. Con la vía en mal estado se daban con frecuenciadescarrilamientos, que eran arreglados rápidamente por los mismos viajeros. Con la ayuda de un gato, que llevaba siempre el maquinista,se levantaba el descarrilado y empujando todos “a la de tres”se reponía en el carril. En un ambiente casi familiar las mujeres salían a recoger agua caliente de la máquina recibiendo el maquinista una pequeña propina. Esta red de vía estrecha tuvo unos años de buena actividad,trasportando a pasajeros y mercancías con relativa eficacia, hasta que llegó el auge del transporte por carretera, al que no pudo hacer la competencia. Hace unos años la compañía levantó los raíles y vendió para quemar las traviesas de recio roble que habían resistido las inclemencias del tiempo durante muchos años. Quedaron algunos tramos que quieren usar como novedad publicitaria, aprovechando los raíles para montar el llamado ciclo-rail. Este artilugio consiste en dos bicicletas unidas en su base y que con poco esfuerzo se puede recorrer sitios para disfrutar de la naturaleza.










No hay duda que siempre tendrá el ferrocarril sobre los demás medios de transporte terrestre, debido a su menor contacto con el suelo, se aprovecha en el ciclo rail donde el esfuerzo para llevar a una persona en bici normal puede llevar cómodamente a dos.
Pero volvamos a Valencia de D Juan donde cogimos un taxi que nos llevo a Villamañán, pueblo que desde muy antiguo tuvo el mejor mercado de ovino de todo este contorno.

En los días de mercado este pueblo, no muy grande, se convierte en recinto ferial, pues no hay calle ni plaza que no se llenara de ovejas. Iban con nosotros ganaderos de Escobar, Arenillas, San Pedro de las Dueñas y varios de Sahagún. Cada uno nos dedicamos a tantear el ganado que nos pareciera más acto a nuestras necesidades. Al haber tanta cantidad de ovejas era bastante cómodo escoger en primer lugar su cría, pues casi todas las ventas que aquí se hacían era oveja junto con su cordero en edad de destete, por lo que se llamaba emparejada. El mirar a las madres, principalmente las ubres y la dentadura,llevaba su tiempo, pero había que abreviar pues queríamos salir para casa poco antes de la puesta del sol. Asi lo hicimos todos y a la hora convenida salimos en dirección Valencia con un buen atajo, pues sumadas las partidas de todos podríamos aproximarnos a las seiscientas cabezas.
Hasta Valencia y varios kilómetros más en nuestra dirección no hubo problemas, porque estaban bien marcadas las cañadas de paso. La dificultad empezó cuando estas se acabaron y tuvimos que entrar en simples caminos, tan estrechos que no había ser humano que metiera a tantas cabezas. Los que ya habían hecho el camino empezaron a dudar de la ruta y terminamos perdidos a media noche atravesando los sembrados y orientados sólo por las estrellas. Ante esta emergencia se tomó la decisión entre todos seguir adelante, pues el retroceso sería castigado por los guardas del campo. Para colmo un buen perro de carea, que traía un ganadero de Sahagún, se negó a seguir sus ordenes cansado por el tremendo esfuerzo que había derrochado hasta allí, controlando muy bien al rebaño. Así que no hubo más remedio que coger la vara y seguir avanzando por los sembrados. La voracidad propia de la oveja no desperdiciaba tirar sus buenos bocados, que provocaban la lentitud en la marcha. Todos los rumiantes, aprovechándose de los estómagos que tienen,pacen con una voracidad inigualable y no se ven hartas hasta que llenan bien su panza y se echan tranquilamente para rumiar. Al amanecer los conductores empezaron a conocer los caminos cercanos por los que llegamos a Sahagún, donde apartamos cada uno nuestras compras y llegamos a casa muertos de cansancio por la noche infernal que habíamos padecido.

1 comentario:

Maripaz Brugos dijo...

Modesto, me ha encantado lo que cuentas del tren...Lo describes perfectamente.Me ha parecido muy interesante lo del ganado. ¡Que aventuras!
Os deseo un feliz viaje a la Argentina