lunes, 21 de septiembre de 2009

Y LA ÚLTIMA DE CANARIAS...POR AHORA




Este último día hábil lo dedicamos a una visita pormenorizada a la capital: Las Palmas. Visitamos los barrios típicos con sus casas de piedra gris de estilo colonial, destacando sus puertas y balconadas primorosamente labradas en madera. Ésta, a primera vista, parece de nogal por su color oscuro, pero es de pino canario,
un árbol de crecimiento muy lento, por lo que su madera es durísima y poco veteada, muy apta para ser labrada.
Para conservar esta especie de pino único de estas islas esta prohibido cortar ningún ejemplar ni grande ni pequeño.
Su aspecto es desangelado con ramas caídas y escasas que terminan con unas hojas muy especiales. Tienen forma acanalada para recoger la humedad de los vientos alisios con el que forman unas pequeñas gotas que caen al suelo. Con esta pequeña humedad vive este pino austero y bien aclimatado al clima seco logrando sobrevivir casi sin lluvias.
No pudimos ver la Catedral por dentro, porque celebraban una exposición y estaba repleta de turistas. Su exterior no tiene más de notable que un extraño capricho de los ingleses, que pusieron frente a la fachada una reproducciones en bronce de las razas de perros más representativas de Inglaterra y Canarias. De estas es oriunda la raza Pardines, un can enjuto y de pelo arañado por los arbustos en las faenas de guardar las cabras.
Como contraste están las razas señoriales y de caza de los ingleses. Dicen que su afán de singularizarse y que no repitiera nadie la exposición, se llevaron los moldes donde habían sido fundidos.
En estas islas, para defenderse de los ataques piratas, edificaron muchos fuertes y defensas, entre las que destaca por su sólida construcción, el castillo de San Cristóbal.














Uno de los piratas más sanguinarios que atacaron esta isla fue el irlandés Peter Vandestein saqueando todo lo que encontró a mano. Para que le dieran todos los tesoros que tenían los canarios bien escondidos, les amenazó de muerte para que se los entregaran.
Derrochando heroísmo se zafaron del asedio y se fueron al monte con todo. En represalia, el pirata se llevó todas las campanas y entre ellas una que había de oro.
En desagravio por esto, los turistas alemanes regalaron al Cabildo canario una reproducción de la celebre campana, pero no de oro, como la robada.

El museo o casa de Colón, como todo lo que concierne a este personaje, tiene un especial predicamento de las Canarias, por ser en estas islas donde se aprovisionaba de todo, para dar el gran salto sobre el Atlántico.
En este museo tienen reunidos y bien conservados instrumentos de navegación, cartas náuticas y una pequeña reproducción de la carabela Santa María.





El patio central porticado tiene un pozo con brocal de piedra y polea de madera. Algunos, picados por la curiosidad, nos asomamos a él y se veía el agua muy profunda, acaso a más de veinte metros.
También en un rincón del mismo, sobre dos rústicos troncos de madera, hacen guardia permanente, sin nada que les retenga, dos loros de diferente color como recuerdo colombino.
La guía que nos acompañó en dos ocasiones, una chica muy simpática y de ascendencia aborigen, al pasar por delante del tosco camastro que tenía Colón para dormir en la carabela, con su acento típicamente canario nos comentaba : Colón, cuando pernoctaba en la isla, se buscaba cama más blanda en compañía de las exuberantes y bien dotadas canarias. Y como se trataba de alguna dama de las familias principales, sus celosos maridos le hacían huir con los pantalones en la mano.
Hasta en las iglesias se presume del recuerdo de Colón. En una de ellas, con gran arco románico en su entrada, con letras doradas bien visibles se lee: “En esta iglesia oró Colón”. Como la frase se presta al chiste fácil, alguien comentó: “Sería para que le perdonaran sus aventuras nocturnas”. En este ambiente de broma la guía relató lo que la sucedió con una excursión de turistas irlandeses.
Como no entendían muy bien nuestro idioma, uno de ellos al leer la frase de la puerta preguntó con mucha avaricia, que si en aquella iglesia estaba el oro que Colón trajo de América.
Lo colombino no ha podido ser mejor utilizado como reclamo publicitario.
Cerca del puerto tienen una amplia calle de buenos comercios, cuyos dueños de procedencia asiática, acosan a los muchos turistas a comprar un sin número de artículos de regalo.
Con este objeto nos dejaron un par de horas en que las mujeres se perdían entre las telas y los hombres en los estancos y casas de bebidas, buscando la ganga que la mayoría de las veces ya no existe.
A la hora convenida confluimos todos en el autocar que nos llevó al hotel para preparar las maletas.












2 comentarios:

Maripaz Brugos dijo...

Modesto, que maravilla de viaje...lo explicas tan bién, que és como si lo hibiese visitado yó mísma.

Un abrazo para Raquel y para tí

MªPaz

Osvaldo dijo...

Estoy con muchas ganas de hacer un viaje por alguna ciudad que aun no conozco, y por eso estoy averiguando sobre diversas ciudades. En las ultimas semanas paso mucho tiempo en los apartamentos buenos aires disfrutando de planificar un importante viaje