martes, 1 de noviembre de 2011

EL TRABAJO Y LA PRODUCTIVIDAD

















Estos dos conceptos son complementarios pero se diferencian en que el segundo es relativamente moderno y el primero es consustancial al hombre desde que permanece sobre la tierra.
Al trabajo se le ha considerado siempre como un castigo bíblico y como tal la condición humana ha procurado prescindir de él lo más posible.
Pero sin el trabajo no podemos atender las necesidades que nos impone nuestra propia existencia y se ha procurado con excusas mejor o peor planteadas que lo más duro de él lo haga otro.








Desde la más remota antigüedad existió la esclavitud, que no es más que la explotación del hombre por otro hombre. Aunque nos parezca la cosa más aberrante que pueda existir tardó muchos siglos en ser abolida de una manera general.
Aún hoy en día el interés de la clase dominante se resiste a perder sus privilegios y todavía en el África más profunda, la padecen doce millones de seres humanos.
En la vida moderna se usan métodos más sofisticados para poder eludir los peores trabajos, inventando muchas ocupaciones y empleos de cuello blanco que nos pueden parecer imprescindibles, pero que en el fondo no son más que excusas para mejorar nuestra vida.
Esto puede parecer muy radical pero se dan muchos casos que confirman lo expuesto.












Yendo a Palencia hace ya bastantes años, estaban renovando el colector de su Calle Mayor. En ambos lados de la zanja se apostaban no menos de diez señores bien equipados de cascos en sus cabezas y manos repletas de planos.
Picado por la curiosidad me acerqué a la zanja y no ví más que cuatro operarios que chapaban en el agua poniendo las nuevas tuberías.
No dudo que estas u otras obras requieran el asesoramiento técnico necesario, pero no en la proporción que allí se daba, pues eran el doble los asesores que los trabajadores.
Este abuso se ha llegado a generalizar tanto que la productividad de muchas empresas está por los suelos. España en un ranking de ciento cuarenta países ocupa el puesto ciento diez y nueve seguida de Italia con el ciento veintitrés y Grecia con el ciento veintiséis. Con la actual crisis las tres tendrán que hacer una reforma laboral a fondo, si quieren ponerse al día, suprimiendo muchos puestos de privilegio.
En cambio la pequeña Suiza ocupa el primer puesto pues, según me han contado un emigrante que estuvo allí, es gente muy trabajadora que a las cinco de la mañana ya están cuidando sus ganados. Después de un día de intenso trabajo, para aprovechar las largas noches invernales, las compañías relojeras les mandan las piezas sueltas de los relojes para que ellos las monten.










En cuanto a la duración de las horas de trabajo diré que hace años la implantación de las ocho horas supuso un gran avance para los trabajadores, pues suponía la reglamentación de las horas del día en tres partes, ocho horas para el descanso, ocho para el ocio y ocho para el trabajo.
Con el paso de los años para más comodidad y tener las tardes libres se va imponiendo en ciertos sectores la jornada continua.
Esta implantación creo que ha de tener menos aceptación que la anterior pues se está debatiendo volver a la jornada partida para aumentar la productividad.
En todo trabajo físico como el de la agricultura, la construcción, la minería y otros muchos la parada al medio día para comer y descansar es indispensable para reponer fuerzas y seguir rindiendo en la tarde como durante la mañana.



















Incluso en trabajos más intelectuales la jornada de ocho horas rígidas se harían insufribles, pues además de la media hora reglamentaria para tomar un refrigerio, las últimas horas son un continuo ir y venir a las máquinas expendedoras o a la cafetería.
Según mis hijos dedicados a la enseñanza las materias fuertes como matemáticas, física y química y otras, las tienen que dar por la mañana a primera hora, pues los alumnos en las últimas horas de la jornada continua ya no rinden como en las primeras.
Con esto se demuestra que la jornada continua no es tan provechosa como nos quieren hacer creer.
Las nuevas normas que se dictaron sobre el trabajo podían haber sido útiles pero de su buen uso se ha pasado al abuso, y cada ver son más las tretas que se inventan para escabullirse de él.
Tratando de poner freno a esto, el Estado y las empresas imponen mecanismos para corregirlo. Para evitar llegar tarde al trabajo se impuso el fichaje automático de entrada.
El uso de la ventanilla se quitó porque muchas veces la cerraban sin venir al caso, tomando un descanso adicional y convirtiendo la oficina en un pequeño casino.
La conversión de las oficinas abiertas cara al público tuvo efecto al principio. Hace pocos días que hice en Palencia unas gestiones y noté que, en especial en las últimas horas de la jornada, las oficinas pierden más de la mitad de sus funcionarios, quedando sólo uno o dos que tratan de cumplir el trámite lo mejor que pueden.

















Contra toda esta picaresca ya en 1901 un avispado norteamericano inventó la cadena de montaje con lo que el trabajador queda fijo en su trabajo, se deshumaniza y se convierte en un autómata.
Creo que con este método los patronos se pasaron de frenada, pues el hombre como ser viviente tiene sus necesidades ineludibles y nunca debe emparejarse con el mecanismo frío e incansable de una máquina.
Muchos comentaristas tildan a este método como trabajo basura y creo que no van descaminados.
Hace ya muchos años que vi la película Tiempos Modernos en la que el gran cómico Charlot hace una fuerte critica de este método. Sin apenas usar la palabra logra hacer reír y razonar al espectador conformando una película muy difícil de olvidar.












A pesar de esta controversia se ha llegado a formar una cantidad ingente de funcionarios, especialmente en la administración del Estado.
Muchos economistas sostienen que con la mitad de ellos se lograría los mismos resultados.
La Sra Cospedal ya lo ha demostrado suprimiendo de un plumazo 500 liberados sindicales.
Sobre esta palabra os puedo contar que hace ya unos cinco años en las vacaciones del Inserso coincidimos varias veces con un matrimonio muy majo de Palencia con el que tuvimos una buena amistad.
Contándonos nuestras vidas comentaban, con el natural orgullo de padres, que ellos tenían un hijo que se había colocado muy bien, pues en un matadero industrial donde trabajaba le habían nombrado liberado.
En aquellos años esta palabra me sonaba a chino, pues se había usado muy poco. Al venir a casa consultando libros me enteré que “liberado” era un agente del sindicato en la empresa, que para ejercer sus funciones se “liberaba” del trabajo pero no del sueldo, convirtiéndose en una carga para la empresa que tenía que pagarle, sin producir ningún beneficiov>








De estos oportunistas dicen que hay 50.000 en toda España de los que se podía prescindir como se ha hecho en Castilla la Mancha.
Hay también otros muchos organismos que tienen una función similar a otros. Esta duplicidad está haciendo mucho daño a muchos autónomos, que para legalizar sus empresas tienen que pasar por el calvario de lograr el permiso de todos estos funcionarios.
Estos, para testimoniar su cometido, muchas veces exigen requisitos descabellados fuera de toda lógica, que hacen trizas la ilusión de todo autónomo por abrir pronto el negocio.
Desgraciadamente sufrimos un caso en mi familia al abrir una clínica en Palencia. El amigo Bruno como ya he contado en la crónica de su albergue, sudó tinta para abrir su albergue y muy recientemente le pasa también a mi vecino Daniel para abrir el hostal que acaba de construir en Moratinos.
Muchos autónomos tienen que arriesgarse a abrir sus negocios sin tener todos sus papeles en regla, si quieren empezar pronto a recuperar su inversión.
Con una gran propaganda Castilla León nos quiere hacer creer que con la ventanilla única se acaban estos problemas, pero como habéis visto en estos casos todo sigue igual que antes.>

1 comentario:

Maripaz Brugos dijo...

Modesto, un artículo muy bueno. Realmente lo esencial no ha cambiado nada.
La fotografia del alcantarillado, lo dice todo.