domingo, 3 de junio de 2012

LA HIGUERA

  Si me he animado a escribir algo sobre este frutal ha sido por lo gran desconocido que es para la gente joven, incluso de aquí, y no digamos nada de los que toda su vida la pasaron en las ciudades.
Se cree que este árbol tan rústico se extendió por la cuenca del Mediterráneo procedente de Oriente Próximo.



 Es poco exigente en cuanto al terreno, pues se adapta a terrenos muy pobres, formando parte de la flora silvestre, que espontáneamente crece sin ningún cuidado.



 Su cultivo se tiene por ser uno de los primeros que el hombre aprovechó, anterior incluso al del trigo.
En esta amplia zona de Castilla su plantación formaba parte de una tradición, pues no había corral labrador que no tuviera uno o dos ejemplares.
 Para no estorbar el paso de carros y ganados siempre se les ponía junto a la pared de adobe orientados al mediodía, para que en el verano proyectaran su sombra refrescante por el olor muy particular que tienen, entre picante y dulce, que sus hojas y frutos desprenden.
La época del cemento en la que nos encontramos no es nada propicia para que sus fuertes raíces se expandan en todas las direcciones buscando nutrientes, y en especial el agua que trata de alcanzar con verdadero deleite.
Esta inclinación ha sido la causa de su desaparición en muchos casos, pues si tenían un pozo cerca impregnaban el agua con su sabor característico.
También, si alcanzaban alguna habitación de la vivienda, buscaban la humedad debajo de las baldosas, que estaban asentadas sin cemento sobre la tierra, levantando todo lo que estuviera apoyado sobre ella.
La higuera tiene una particularidad que la diferencia de los demás frutales, por dar dos frutos perfectamente diferenciados.










 Cuando empieza a brotar en primavera, al fruto que sale junto a los primeros tallos se les llama brevas. Los que salen más tarde en el arranque de sus hojas se les llama higos. De esto proviene el dicho popular conocido de que este árbol da “cada brote una breva y cada hoja un higo”

Ambos son, más que un fruto, una infrutescencia como son también las moras y las fresas. Sus flores son unisexuales y no se las ve por encontrarse en la superficie interna del receptáculo, convirtiéndose en semillitas envueltas en un cuerpo carnoso blando y dulce.
Son muy numerosas las clases de este árbol, algunas bravías que no dan fruto. En esta zona la más corriente es la llamada higuera breval, que da brevas e higos y en otras zonas se da la higuera común que sólo da higos. Ambos se diferencian también por su carne de diferente color, que pueden ser blanquecinos, rosados o morados.




En este clima tan severo que tenemos las brevas, al brotar temprano, muchos años se hielan. Por el contrario los higos, si no se desarrollan normalmente y tardan en madurar, pueden ser alcanzados por las primeras heladas del otoño, que cortan su ciclo.

Como se ve este frutal, que esta bastante bien aclimatado en esta zona, se desarrolla mejor en climas más templados de donde es original.
Las cuatro higueras que tengo en mi huerto tienen una ventaja no pequeña pues no les ataca ninguna enfermedad. El fuerte olor que desprenden sus hojas es un antiséptico natural que evita sulfatarlos como hay que hacer con toda clase de frutales si quieres lograr su fruta. También estas hojas cortadas en verde servían como esterilizante mezcladas con las lentejas y demás legumbres caseras evitando que les saliera el temible coco.
En las excursiones que hemos hecho por Andalucía se veía salir de mañana a mucha gente a recoger los higos en las higueras campestres. Al mediodía regresaban con un buen saco de higos encima de su cabalgadura.
Como en esa temporada abunda en exceso la producción se procura conservarlos poniéndols al sol para que suelten el agua que contienen. Con un pequeño aditivo se conservan todo el año teniendo el higo seco un buen mercado.


 Este fruto en fresco contiene setenta calorías por cada cien gramos que al secarse aumenta considerablemente, siendo muy recomendados para los deportistas que tienen un gran desgaste físico.
Se comercializan de dos maneras, los de primera clase vienen cuidadosamente colocados en cajones de madera. Creo que de esto se deriva la frase que dice: "Es de cajón como los higos” que indica que está fuera de toda duda lo que se discute.
Toda la demás producción en saquetes de yute que les trasmite algún que otro pelo, pero los conserva muy bien.
Las cantinas de nuestros pueblos de aquellos tiempos los vendían muy bien pues resultaban baratos.
Un buen plato de ellos y un porrón de vino con gaseosa era lo que se jugaba normalmente en las partidas de cartas, diversión casi obligada en estos pueblos, donde todavía no se tenía luz eléctrica.
Con el juego diario había verdaderos maestros del juego de la brisca, que competían en ocasiones con los de otros pueblos limítrofes.
Cuando ahora puedo compartir los muchos años que tenían, me maravilla la prodigiosa memoria que usaban para retener las jugadas y tantos de la partida, y una endiablada estrategia para confundir o engañar al contrario.
A pesar de esto no tenían reparo de jugar con nosotros, pobres adolescentes a los que con mucha paciencia nos enseñaban lo fundamental del juego.
Que estas líneas sean para todos ellos un sincero y agradecido recuerdo

domingo, 27 de mayo de 2012

TEATRO ARTESANAL

                         
 El día 25 de Mayo se celebró en Arenillas de San Pelayo una velada de teatro que resultó interesante tanto por el buen hacer de sus actores como por lo original del texto empleado.

 






















 Casi la totalidad del salón estuvo repleto de publico y aplaudió con calor la actuación de las diferentes artistas, valorando el mérito que tiene poner en pie cualquier obra teatral con los escasos elementos disponibles.
Si he adjetivado este teatro de artesanal es porque los textos no son de un autor en concreto, sino que les han ido espigando de aquí y de allá, adaptándoles a los personajes que querían representar.
Esta labor, de por si muy encomiable, se une a la gran cantidad de días de ensayos, que requiere la preparación de cualquier espectáculo.


 






 





Empezaron con un sainete titulado Secretillo de confesión donde se expone el relato de una mujer casada, un tanto licenciosa, a un cura, muy bien caracterizado con sotana y bonete, para que sus desmanes quedaran ocultos con su confesión. Vano intento pues ya lo sabía todo el pueblo y hasta la guardia civil.
El personaje de marido celoso, magníficamente representado por una mujer vestida de hombre y enarbolando un singular garrote con el que pensaba abrir la cabeza de su ofensor.
Por la buena caracterización y magnifica interpretación estos cuatro personajes recibieron merecidos aplausos.
Luego se pasó a una obra un poco más compleja, que titularon Los lios de la fonda de Dª Lucia, donde los personajes van llegando con un destino alejado de su oficio.
Una profesora de música espera la llegada de su alumna y se encuentra que la que llega es una criada que viene del pueblo.













 Dos amigas de la dueña intentan complicar más las cosas, haciéndola creer que la profesora es la criada que esperan, formándose unos equívocos muy graciosos que hicieron  reír al publico.
La dueña de la fonda fue representado por una veterana mujer ya conocida por el buen papel que hizo en otra comedia, representando a un notario, con el empaque y caracterización que un personaje como este requiere.


  Este grupo de entusiastas mujeres merecen nuestro respeto por la decisión de acometer cualquier problema que se las presente, por complicado que sea.
Los que presumimos del sexo fuerte debemos tomar nota de esto y tratar de imitarlas, pues parece que la decisión de las mujeres se impone, tanto en la vida cotidiana como en los grandes conflictos políticos, económicos y sociales que actualmente sufrimos.
Mi reiterada enhorabuena a Escuelas Campesinas por organizar estos actos, que fomentan la convivencia en estos pequeños pueblos

viernes, 18 de mayo de 2012

LA FIESTA DE SAN ISIDRO


  Si la mayoría de los años por esta fiesta los antiguos cánticos a San Isidro casi siempre pedían el agua para los campos necesitados, es este gracias a Dios se han tornado en acción de gracias pues las lluvias han llegado con antelación.

En un ambiente de satisfacción se celebró la misa y la tradicional procesión, con la bendición de los campos, que este año puede seguir su ciclo de desarrollo normal.


 

 

El refresco que se da después de la misa este año, por iniciativa del nuevo Presidente de la Junta Vecinal, ha tenido variaciones en su menú reforzado con unas esplendidas tortillas  hechas por un buen restaurante de Sahagún.

  

Como en Moratinos tenemos vecinos de varias naciones, Bruno, como buen italiano, preparó dos magnificas pizzas que nos sirvió con uniforme blanco que exige el ritual italiano en estos casos.


También tuvo un colorido atrayente ver a Bruno y su hospitalera que tiene aprendiendo el oficio en su albergue con un vistoso gorro alto de cocinero cortando las raciones correspondientes.

Acompañado todo esto de galletas, dulces, vinos y licores, resultó una fiesta agradable para todos. Si digo para todos es porque participan también los peregrinos del Camino de Santiago, que a esas horas pasan por aquí.

Con alguno de ellos en esta fecha ya se han tenido algunas sorpresas muy agradables, como cuando hace años nos obsequió el buen Pachi de Irún.


  Este año nos acompañó en la misa y refresco una madre de origen nórdico, que tiene la valentía de traer peregrinando con ella a sus dos hijos, tan pequeños que la mayor no llega a los tres años y el pequeñín de siete meses, todavía amamantado por su madre.



 Si en la crónica anterior de mi blog ensalcé las cualidades de nuestras madres con este caso creo que me quedé corto si lo comparamos con el singular comportamiento de esta madre.

En un triciclo construido al efecto en su parte delantera lleva montada una bolsa, bien resguardada de los elementos, donde pone a sus hijos, rodeado de multitud de juguetes. En la parte trasera lleva todo el avituallamiento y ropas que necesitan las tres personas.



 También lleva consigo un pacifico perro de mediana corpulencia que seguramente la habrá causado algún problema para entrar en los albergues. Pero para todos tiene reservas esta madre, y este fiel perro creo que le haga mucha compañía y la imprimira valor para aguantar todas las dificultades que se la presentaran en esta verdadera odisea.

Con mucho tacto de madre supo controlar a sus hijos durante la misa. Con la escasez de niños que tenemos en estos pueblos los pequeños vagidos que emiten en estos actos se disculpan con alegría como algo regenerador.

Estas circunstancias que pueden promover cualquier niño, me reconfortan mucho cuando recuerdo las misas que se celebraban en mi pueblo, donde abundaban los niños pequeños, y  que muchas veces ponían a prueba la paciencia de sus madres, y los muchos recursos que tenían que inventar para aplacarlos.

Dicen que el contacto físico con la madre es vital para el desarrollo del niño, cosa que la vi hacer a esta, cuando levantando a su pequeño por los brazos quedaba  al descubierto su ombligo al que al ser besado y acariciado con ternura, producía en el pequeñín una sonrisa angelical como pago de esta caricia. En otra ocasión, notando el cansancio del niño, le dio un poco de pecho con lo que rápidamente se durmió, colocándolo en el triciclo, ocasión que aproveche para captar su placido sueño.


 


 









Al finalizar el refresco saqué una foto de los cuatro protagonistas de esta hazaña que merecen un puesto destacado en este blog, deseándoles lleguen a Santiago felizmente.

Que toda su vida le sea lo más próspera posible, pues con los méritos que ha conseguido en esta peregrinación se ha hecho merecedora de ello.
Nos contó también que tenía pensado escribir un libro donde contara las peripecias de esta aventura. La animé encarecidamente a que lo hiciera pues estimo que temas candentes no la faltaran y la saldrá un libro de la más rabiosa actualidad, apoyado con la fuerza y cariño de esta madre.                         

COMO AGUA DE MAYO



El paso de varios frentes lluviosos han dejado un agua inverniza en varios días, que ha calado muy bien en la tierra sedienta después de haber pasado cuatro meses sin llover.


La mitad de 110 litros por metro cuadrado que he medido, cayeron en los últimos días de Abril con lo que se ha cumplido el refrán que dice “Abril y Mayo son las llaves del año”

Después de estar muy agostados los cereales por falta de agua, su recuperación ha sido tan rápida que es una bendición pasear por el campo en estos días y ver la pujanza del encañado y cierne de las cebadas tempranas, que han igualado los hijuelos y presentan un magnifico aspecto.




 Las cebadas que se sembraron en primavera, al faltar el temporal, habían nacido muy mal y en la tierra fuerte apenas tenían simiente.

Su recuperación está siendo acaso más rápida que las tempranas, pues la potencia de ahijado que tienen estas semillas de ciclo corto, pronto se recuperaran estos corros. 

 
De un solo grano que haya nacido, como tiene espacio abundante puede gajar un buen matorrollón del que pueden salir veinte espigas, que crecen lozanas y logran igualar a las que nacieron pronto.

Parece milagroso lo que el agua impulsa a todas las plantas de secano que aquí se siembra. Las vezas, que tenían un aspecto raquítico, en cuatro días se han recuperado y están en plena floración augurando un buen año de forrajes, junto a las alfalfas que también han ganado mucho. 
 






 











El poco viñedo que queda apenas había brotado y lo está haciendo con fuerza aprovechando el buen tempero.

El paso de estas borrascas providenciales han sido de siempre en esta zona de campos, la garantía de obtener buenos rendimientos cerealistas. Ya desde la epoca romana se supo valorar la gran fecundidad de esta zona a que se  llamó El Granero de España.

El perfil de este terreno ligeramente ondulado facilita el desagüe beneficioso del terreno en los inviernos de abundantes precipitaciones. Esta circunstancia explica un refrán un poco exagerado que dice “Dámelo nacido y dámelo cogido”



 De pocos años para acá se ha extendido el cultivo del girasol, que este año ocupa  una gran cantidad del campo labrado en Moratinos. Su siembra requiere mucha especialización empezando por la semilla, que viene preparada por casas dedicadas a ello, sulfatada y contada por millones de granos.

Este singular detalle, que en mis tiempos de labrador podría parecer imposible, ahora se convierte en normal dada la gran tecnificación que existe en todos los niveles y muy útil para distribuirlo en el terreno.

 
 Las máquinas con las que se siembra son tan exactas que pueden calcular el número de granos que lleva sembrar una hectárea. La reparten en ileras paralelas que distan una de otra unos setenta centímetros y el espacio entre semilla y semilla se puede regular a voluntad, siendo el espacio más usado el de veinte a treinta centímetros.

Estos cultivos de girasol podrían ser una alternativa al cereal como en anteriores campañas en que han tenido un precio aceptable.

Pero el aumento que tiene este año puede colapsar el mercado con el consiguiente derrumbe de los precios, como ha sucedido con la patata y otras muchas producciones.

Este cultivo es menos seguro que el de los cereales y forrajes, pues requiere que llueva en Agosto, mes poco propicio para ello en este clima tan extremo.


 En cuanto a su recolección no tiene problemas pues lo hacen las cosechadoras del cereal a las que se acopla un peine con horizontales discos cortantes para que quede en la finca el menor tallo posible, que facilite la siembra de cereal a la próxima  sementera.

Este panorama de ver el campo tan exuberante y limpio de malas hierbas  ha tenido su contrapartida.

Se ha acabado casi con la fauna animal. Apenas se ve algún pájaro de la gran variedad que había antes.

 









La liebre está casi extinguida no sé si por causa de una enfermedad o por la contaminación. La única que resiste, no sé si por muchos años, es la brava perdiz roja, bien aclimatada al terruño, que resiste tanto el uso masivo de herbicidas como la numerosa presencia de cazadores.







sábado, 28 de abril de 2012

MATRIMONIOS CON SUS NIÑOS EN MORATINOS

Desde el pasado mes de Octubre en que ya conté el desarrollo de un bautizo en Moratinos, los jóvenes padres de otros dos neófitos han tenido a bien alegrarnos con la presentación de sus retoños.
Ni que decir tiene que la presencia de este niño y niña ha constituido una novedad en el pueblo y un orgullo para sus familiares, que ven como el recuerdo de la familia cala muy hondo en su descendencia y tratan de que se trasmita a la siguiente generación.
Viendo el exquisito cuidado y cariño con que las actuales madres atienden a sus hijos valiéndose de los complementos más modernos, me ha hecho recordar el eterno anhelo de todas ellas por conseguir el
bienestar de sus hijos, dentro de las posibilidades que en aquellos años podían ofrecerlos.
Como la Seguridad Social no existía, los nacimientos se hacían en los hogares con la asistencia de las parteras que existían en los pueblos, y que por sus muchos años de practicas eran una ayuda inestimable para un acto tan trascendental como es el parto.
 

 Contrariamente a lo que ahora se usa el niño era enfajado en fuertes mantillas para que cogieran fuerza en sus piernas. Al cabo de tres meses se decía" poner al niño en cortos" quitándole las mantillas para
facilitar sus movimientos.
Durante este periodo el sitio preferido para poner al niño durante el día era encima de la trébede, que con su tibio calor facilitaba su sueño y bienestar.

 Recuerdo, como si lo estuviera viendo, la pequeña colcha que mi abuela había confeccionado con trozos de trapos de diferentes y vivos colores con la que se cubría las mantas y el pequeño colchón donde reposaba el
nuevo hermano, y que los mayores deseábamos conocer aunque sólo fuera por un momento.
Para los ajenos a esta zona intentaré explicar los múltiples usos que tenía la trébede en la vida familiar.
En el fogón a nivel de suelo donde se cocinaba, especialmente en invierno, los alimentos de la familia, y con el rescoldo sobrante esparcía el calor a las próximas habitaciones.
Para más comodidad sobre la parte alta embaldosada se tendía una manta o tapete que recogía la temperatura. Como su largo era el equivalente a la estatura humana, constituía un lugar muy adecuado para descansar o dormir la siesta.
¡Cómo recuerdo el gran alivio que sentía mi espalda al reposar sobre ella, después de pasar el día siguiendo a las mulas tras el arado!
Su vivificante calorcillo me estimulaba a pasar la velada escuchando el gran programa radiofónico titulado El Teatro del Aire, que entonces emitía Radio Nacional, donde pude oír casi todos los títulos del teatro clásico.
También, durante el bloqueo radiofónico de la dictadura, podía oír por la noche el programa titulado Radio España Independiente, Estación Pirenaica, que nos daba alguna noticia verdadera de lo que sucedía en
España y en el mundo.


La censura procuraba anularla acoplándola el ruido de un motor de explosión.
Esto no era impedimento para que esta emisora, técnicamente bien dotada cambiara la sintonía.
Si con paciencia repasabas el dial la encontrabas unos días hasta que nuevamente la anulaban.




 Pero volvamos a los achaques que el niño sufre en su periodo de lactancia. El estreñimiento suele ser muy corriente y por la escasez de medicamentos las madres lo combatían con métodos caseros, que ahora
pueden parecer ridículos. Cortando el fósforo de una cerilla su varilla de cera con abundante aceite servía como supositorio. También los excrementos de los pájaros servían para este fin.
Las inevitables escoceduras se curaban maravillosamente con el polvo que desprenden las vigas de madera atacadas por el coronjo. Con todos estos remedios caseros las madres se las ingeniaban para proteger a sus hijos de todos sus males y peligros.
En cuanto a la lactancia lo general era la leche materna, ayudada por alguna puchera de sopas hervidas, que eran masticadas y templadas por la boca de la madre.
En algún caso muy especial la solidaridad de los vecinos salía a relucir, consintiendo que una cabra pudiera pastar libremente por cualquier sitio de sus huertos y campos, pues con su leche se estaba alimentando a una criatura humana recién nacida.
Al bautizo, que tenía lugar entre los tres y los ocho días del nacimiento, asistía solamente el padre acompañado de los padrinos y la Mamantera, que casi siempre era la partera que siempre había asistido
al parto.
La madre quedaba en casa guardando la cuarentena hasta el día que salía a misa, y no era bien visto que saliera incluso de casa.
El Bautizo revestía gran solemnidad ayudado por el alboroto de los chiguitos expectantes por correr los confites.
D Angel, que asistió de cura en San Nicolas y Moratinos muchos años, era muy estricto en las ceremonias. Recuerdo que en invierno cuando derramaba el agua sobre la cabeza del niño, siempre hacia espavientos
de frío, pero no dejaba de mirar concienzudamente con una vela para ver si el agua habia tocado la carne, sin lo cual decía el niño no quedaba bautizado.
Los padrinos del primer hijo solían ser los mismos de la boda y escogían el nombre. En estos pueblos era costumbre poner el nombre del santo del día, por raro que fuera.


 A los cuarenta días del alumbramiento la madre con su hijo asistían a una ceremonia muy entrañable en la iglesia. Aguardaba en el portal a que el Sr cura revestido saliera a recibirla. Después de unas bendiciones imponía a ambos la estola con la que entraban en la iglesia hasta el altar, donde se celebraba la misa como bendición a la buena salud del recién nacido.
Después de la misa la madre enseñaba a su hijo como devolviendo la visita a cuantos vecinos la habían visitado a ella tras el parto.
Con estas ceremonias y remedios artesanales las generaciones se fueron sucediendo desde tiempos inmemoriales, en las que siempre quedó patente el gran amor maternal como principal factor de supervivencia.


 Como homenaje a todas las madres añado estos versos que escribí hace unos años


                                                A  NUESTRAS MADRES

                                       Si en esta vida tuvimos
                                       una madre bondadosa,
                                       debemos pues recordarla
                                       más fragante que una rosa.

                                       El amor de madre ha sido
                                       por todos siempre ensalzado:
                                       es sincero y generoso
                                       y muy desinteresado.
      
  Es prudente y prevenido
  incansable y consecuente;
  ardoroso y exaltado
  amable, puro y paciente.

  No podemos pedir más
 de un amor tan regalado
 que a todos nos lo dan gratis
 con sólo ser deseado.

 Este préstamo de amor
ningún interés conlleva
sin esperar nada a cambio
lo da todo sin reserva.

  Nos la dan sin escoger
como madre no hay más que una
y los que de ella nacimos
tenemos la gran fortuna.

  Aunque todos te abandonen
y muy bajo tu nivel
el hijo, no tenga dudas,
su madre estará con él.

  El mejor de los amores
que sobre la tierra existe
es el amor de una madre
pues nada se la resiste.

  Como nacemos enclenques
necesitamos cuidado
¿ y qué iba a ser de este niño
sin tener su madre al lado?

  Poco agradecidos fuimos
los hijos para sus padres
y ahora que también lo somos
nos parece peor que antes.


viernes, 30 de marzo de 2012

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2012 EN SAHAGÚN















El día 24 de Marzo asistimos en el auditorio municipal Carmelo Gómez al pregón que este año corría a cargo de nuestro pariente D. José Luna Borge.


Desde 1981 vive en Sevilla ejerciendo de profesor y desempeñando varios cargos en distintas instituciones docentes.
Ha escrito libros de poemas, crítica literaria y de sus diarios me regaló dos, titulados "Pasos en el agua" y "Pasos en la niebla", en los que con una prosa muy amena narra los recuerdos de su infancia.
Comenzó su pregón remontándose a los tiempos en que cada gremio de oficios tenía su cofradía y paso que se encargaba de procesionar.
Como aquellos tiempos eran más difíciles que los de hoy, estas cofradías fomentaban la ayuda mutua de sus cofrades y en casos extremos se encargaban de su sepelio.







La tradicional costumbre de dar la ISA, comentó, procedía de cuando existían disputas entre las cofradías y la encargada de custodiar los Pasos. Como protesta de la tardanza en abrir las puertas de la capilla cogían a cualquiera que pasara por allí y levantándole en vilo cogían carrerilla para dar con sus pies un fuerte golpe contra las puertas.
Esta costumbre se ha conservado hasta nuestros días y recuerdo de joven la preocupación que nos entraba porque no nos tocara, pues ahora constituye una prueba bastante fuerte y vergonzosa.
Después, como no podía ser menos, recordó la fuerte impresión que le producía la ceremonia del desenclavo, cuando cogido de la mano de su madre comenzó a asistir a estas ceremonias.
Casi todas las Semana Santas se traía a un monje franciscano, que como buenos predicadores que eran, sabían sacar partido de estos ritos un poco fuertes. Levantando la voz exclamaban ¡Desclavad la mano derecha del que fundó Cielos y Tierra! Luego la izquierda siguiendo el mismo tono en todas las partes del cuerpo hasta que lo colocaban dentro de la urna.
Luego seguía la procesión del Santo Entierro que siempre gozó del respeto y devoción de todos, mientras recorría las calles presidida por las autoridades y escoltada por la guardia civil.
Enumeró también las iglesias y capillas que existían años atrás, de las que algunas ya no existen y otras están en obras de consolidación como la de San Lorenzo y la de la Trinidad que se ha convertido en el auditorio municipal Carmelo Gómez.









Inevitablemente recordó con nostalgia los buenos recuerdos que guardaba de todos los vecinos de la calle de la Estación y la plaza de San Martín donde paso su infancia y vacaciones estudiantiles.
El nombre de esta plaza proviene del de una antigua iglesia, que tenía anexo un albergue de peregrinos y demás caminantes que entraban en Sahagún por la puerta Este de su muralla, que estaba muy próxima.
Aunque entonces pasaban pocos coches por la calle, la libertad de la plaza contribuía a practicar en ella toda clase de juegos infantiles, como el pincho, el escondeverite y otros muchos que recordó muy bien el pregonero.
La calle de la Estación era entonces una de las más completas y dinámicas, pues en ella convivían una mezcla de oficios artesanos con labradores al más estilo tradicional de sus costumbres.
Para poder identificar a sus vecinos comenzó pidiendo perdón por nombrar a cada uno por su apodo o profesión. Me pareció muy meritorio que empezara por el de su familia, que como casi todas no se libró de tener el suyo durante generaciones.
Mis familiares creo que merecen ser los primeros en nombrar. Los abuelos del pregonero fueron Sergio Luna y Eusebia Celada, hermana de mi padre Timoteo Celada, familia oriunda de San Nicolás del Real Camino.
Al casarse mi tía se trasladó a Sahagún, donde fundaron una familia dedicada a la agricultura. Tuvieron un hijo que llamaron José, Pepe como aquí se les nombra, que fue el progenitor del José que nos incumbe en este relato.
Dos números más adelante de esta calle vivieron mi tío Francisco, hermano de mi padre, y mi tía Ana, maravillosamente descrita tanto en su indumentaria tradicional como en su carácter bonachón y directo.
Tuvieron cuatro hijos y con uno de ellos, Rufina, conservo buena amistad por haberse criado con mi abuela Patricia en San Nicolas, participar con nosotros en los juegos y educación y hacer su vida como hermana nuestra.
Pablo, dedicado a la chatarra, hermano del marido de Rufina, fue magistralmente descrito por el conferenciante como hombre de extensa cultura especialmente en matemáticas, faceta esta que recordaba con admiración. También contando chistes ingeniosos a los vecinos, que tomaban el fresco a las puertas de sus casas, demostraba su saber así como en la catalogación de pinturas antiguas, en lo que era un experto.















Cuando empezó el despegue del automóvil en esta calle, un gran emprendedor fundó la empresa Remigio Garrigó haciendo un gran garaje, con un completo suministro de repuestos y mecánicos complementarios convirtiéndose en empresa puntera de toda la región. Como también se expuso este vecino sobresalía en la manera de vestir y posición económica de los demás.
También existía un taller de carpintería que por haber venido de Galicia le llamaban el Gallego, que con gran constancia en el trabajo y buena mano hacía toda clase de muebles y elementos de construcción, como una escalera que nos hizo para nosotros en San Nicolás.
No podía faltar en el ramo del metal otro artesano como Narciso, que con sus cuatro hijos tenía una fragua-taller donde arreglaba toda clase de máquinas agrícolas cuando se impuso la mecanización del campo y del que fui cliente asiduo.
Cerca de este vivía un químico enológico que se llamaba D. Pablo y ejerció su carrera muchos años en la bodega cooperativa.
No podían faltar los correspondientes bares. Al principio de la calle estaba el Crucero y pegando casi a la estación La Flor de Galicia y la fonda-bar de la estación.
También era necesario que hacia el medio de la calle hubiera una tienda de ultramarinos llamada las Hospicianas, donde se podía comprar toda clase de comestibles.
Por no cansaros más sólo diré que aquí también vivían labradores que con su honrado y penoso trabajo sacaban a sus familias adelante.












Terminado el pregón con muchos aplausos, la banda sinfónica de Sahagún nos dio un concierto con cinco composiciones propias de estos días dirigida con mucho acierto por D. Jesús Blasco y la magnifica actuación del tenor Guillermo Alonso y la soprano Judith Martínez.

No tiene ni punto de comparación esta banda actual con la de mis años mozos. Esta la forman cerca de sesenta miembros, en su mayoría jóvenes, muy bien conjuntados por su director, que tiene un mérito añadido por poner a punto la afición de tanto joven y enseñarles los principios básicos de su instrumento.
De estos los más numerosos son los clarinetes, que con su suave sonido imitan bastante bien los instrumentos de cuerda de las orquestas.
Apoyan a este grupo una variedad notable de instrumentos pues ví cuatro flautas traveseras, varias trompetas, bombardino y elementos de percusión que por estar detrás apenas se les ve.
Acaso por esta causa no ví ningún trombón de varas, que por la escasez de espacio no se puede lucir una banda tan numerosa.
Me causó muy buena impresión el ver en el grupo bastante numeroso de saxofones encabezar el conjunto un hombre de mediana edad y a su lado, acaso el miembro más joven de la banda, manejando el instrumento con mucho empaque.
Con esta aportación de gente tan joven se asegura el porvenir en años venideros de esta banda que puede llevar con orgullo el nombre de Sahagún.
Ojalá este relevo generacional se llevara a efecto en el campo rural y en otras muchas profesiones que por falta de jóvenes llevan camino de desaparecer.

Con esto pongo fin a este relato, con mi felicitación para ti y los demás que actuaron, deseando que la distancia física que nos separa, no merme nuestra amistad.