sábado, 18 de octubre de 2008

Bendito temor




Escuchando una mañana el programa Protagonistas, de Luis del Olmo, había diferentes opiniones de sus tertulianos, sobre la poca efectividad que había tenido el programa por puntos que implantó el gobierno hace pocos años.
Unos opinaban que había que endurecer las multas y otros que había que meter en la cárcel a los reincidentes en faltas graves, aunque hubiera que hacerlas nuevas.
Del Olmo finalizando esta tertulia les hizo esta pregunta ¿No creéis que con encarcelar a una docena de estos sería suficiente para que el temor producido remediara el problema?
Después de meditarlo bastante, creo que se podría contestar afirmativamente avalado por mi experiencia de conductor durante cincuenta años.
El primer año, que fue el más fructífero en reducir los accidentes, creo se debió al temor que todos cogimos en quedarnos sin carné según las normas estrictas que querían imponer.
En este caso se cumplió el refrán que dice: “La justicia de abril es muy rigurosa, mas llegando mayo ya es otra cosa.”A la vista de los pocos carnés retirados y casi ninguna sanción de cárcel, el temor ha disminuido y cada año que pasa se aumenta las muertes por accidente.
Bendito temor, como encabezo este relato, que ha servido, más de lo que parece, al progreso de nuestra civilización.
Según opinión de antropólogos muy competentes, el saludo actual de darse la mano viene de una reminiscencia antiquísima, de cuando el homo erectus empezó a usar las manos para muchas cosas, en especial para defenderse o atacar a sus congéneres.
Preso de temor cuando visitaba a sus colegas se sujetaban la mano, pero no como saludo, sino como prevención de cualquier ataque.
Los animales que estuvieron siempre aislados dentro de un continente, al no tener miedo a los nuevos pobladores y no saber defenderse, fueron exterminados y sustituidos por aquellos a los que el temor a todo lo extraño les concedió más capacidad para subsistir.
Otro hecho que ha llamado la atención sobre este caso, es lo ocurrido en un nuevo estado de África, donde el desmadre del trafico era tal que su presidente no veía la manera de atajarlo. Un buen día tuvo la idea de cobrar las multas en el mismo acto de la infracción, inmovilizando el vehículo hasta que la deuda no fuera pagada.
Con esta simple medida dicen se arregló el acuciante problema, que si se trasladara a nuestro entorno tal vez pudiera tener resultados.
Para ese catorce por ciento que conduce sin carné y los que tienen por norma no tener el seguro obligatorio de vehículos, el tener que pagar en el acto, al quedar inmovilizado su vehículo, podía tener efectos positivos.
Me podríais tachar de racista pues esta norma tendría poco efecto para los de clase media o alta. Para estos con un poco de imaginación, también habría manera de cortar sus desmanes.
De todos es conocido que cuando alguien, especialmente de la clase alta, se ve involucrado en algún accidente, los medios de comunicación, aunque esté fehacientemente probado, no publican sus nombres completos sino solamente las iniciales
Creo que la trasparencia informativa, de la que tanto alardean, obligaría a publicar sus nombres y apellidos completos, involucrando a sus padres que sólo por el bendito temor a la resonancia posterior, se encargarían de poner en regla a tantos “hijos de papá”que impunemente “gamberrean” por nuestras carreteras.
Los que han viajado por las carreteras francesas dicen que en muchos cambios de rasante ponen una silueta que simula a un agente de tráfico y sólo con el temor a no ser multados contribuye a que mermen los accidentes de tráfico.
Quiero también contaros tres casos que me han sucedido en mi larga experiencia al
volante.
Cuando se impuso la obligatoriedad de llevar el cinturón de seguridad tuvo también sus detractores, pues decían que se daban casos de vuelco con incendio inmediato que había costado la vida a los que no pudieron desabrocharlo a tiempo.
Aunque su uso ha demostrado que son más los beneficios que los inconvenientes, en este ambiente de indecisión tuve que hacer un viaje a Saldaña. A la entrada del puente romano los guardias me denunciaron por no llevar el cinturón.
No sé si me cogieron en un mal día, o por el sermón que me propinó uno de los guardias reprochándome que no fuera capaz de cuidar mi propia vida. Lo cierto es que entrando en discusión me puse nervioso y le dije: “¿También me pueden prohibir subirme al petril del puente y tirarme de cabeza al río?”
Ante mi salida estentórea, el guardia del sermón entrado en años, pero con una gran experiencia y respeto me dijo: Usted me firma la denuncia y luego haga lo que le plazca, que ya vendremos luego para sacar su cadáver.
Esta sabia sentencia me quedó bien grabada y procuro ponerme el cinturón. Cuantas veces paso de nuevo por este puente, las laterales piedras del petril me parece que lanzan una sonrisa burlona, recordándome la escena de la que fueron mudos testigos.
En otra ocasión, bajando a Palencia con cierta prisa, dejé aparcado el coche en una zona reservada a carga y descarga de mercancías. Tuve la mala suerte que frente a esta había una obra en construcción, que usaban esta zona como su aparcamiento indebido.
Sospecho que fueron ellos los que se chivaron para que me denunciaran y me llevaran el coche. Como era la primera vez que esto me ocurría intenté indagar su paradero y los de la obra que estaban en el ajo, empezaron a cachondearse, con lo que me dieron la pista que seguí al depósito de los coches retirados. Después de pagar la correspondiente denuncia y complicados trámites, me devolvieron el coche.
Os puedo asegurar que desde aquel día, aunque me cueste buscarlo, siempre dejo el coche en un aparcamiento autorizado.
En otra ocasión viniendo de Palencia, a la entrada de Becerril hay un límite de velocidad bastante difícil de hacer, pues está cuesta abajo y con la inercia que traes, si no pisas el freno incurres en falta. Fue tal la cantidad de conductores que ese día incurrimos en la misma falta que los de tráfico se extrañaban de los muchos que habían sido multados en el mismo sitio.
Muchos opinan que estas multas no sirven más que para recaudar fondos. No lo creo así, pues en mi caso las treinta mil pesetas, que es la mayor multa que he pagado, no se me olvidan y cuando paso por allí mi cerebro instintivamente levanta el pie del acelerador para fijarlo en el freno.
Si en los casos que os he expuesto el temor actuó de acicate, no creo que se deba a que yo sea un conductor especial sino más bien de los del montón, como la inmensa mayoría de conductores.
Aunque este mal visto reconocerlo, el bendito temor a casi todos nos sirve de freno para no incurrir en las muchas ocasiones de sanción, que la conducción moderna lleva consigo.

1 comentario:

Rubén Turienzo dijo...

El problema no reside de hecho, cuando las sanciones se crean con el objetivo de corregir una mala conducta al volante, léase por ejemplo; el no llevar el cinturón de seguridad.

Sin embargo, cuando un radar te "pilla" en una circunvalación, perfectamente pavimentada, superando en 20 km/h el límite de velocidad que estaba a 50, y los guardias civiles, obviamente te multan, esto no voy a ir mucho más lejos, a mí me ha ocurrido.
Sin embargo, me da que pensar, primero, que el radar estuviese, justo en el tramo en el que el asfalto era una maravilla, justo tres kilómetros después de un verdadero punto negro, que tampoco estaba señalizado, con lo que muchas veces, parece que lo que realmente busca tráfico es recaudar La multa, no mucho, pero en aquel entonces era un octavo del sueldo que tenía y quieras que no, eso duele, y dándo gracias de que no quitasen puntos.

Un beso abuelo!