
Esto demuestra que el mejor aislante es la tierra, tanto de electricidad como de temperaturas extremas, usándola en aislamientos de materiales nocivos, materiales de construcción y otros muchos.
Pero si a nivel doméstico la tierra tiene tantas aplicaciones como aislante, ¿qué no tendrá a escala del globo terráqueo?

En este caso la tierra también actúa de gigantesco aislante entre las elevadísimas temperaturas que existen en el centro de la tierra, de lo que son prueba irrefutable las erupciones volcánicas, y el intenso frío de los casquetes polares por sus glaciales perpetuos.
Gracias a esta acción reguladora el hielo de los polos no se deshace, ni el agua de los mares se calienta al extremo que se evaporara por efecto del calor interno, con lo que la vida en la Tierra sería imposible.
Modernamente ha surgido la discusión del calentamiento de los polos por el agujero de la capa de ozono en la atmósfera que nada tiene que ver con lo que estamos tratando.
A la tierra van a parar los cables de los pararrayos y en ella se diluye la tremenda carga eléctrica del rayo. En la tierra terminan las tomas de las torres de alta tensión capaces de transportar miles de kilovatios. A la tierra van también a parar las tomas de seguridad que se obligan a poner en todas las instalaciones eléctricas, pues no se ha inventado mejor sistema para defenderlas de muchos factores imprevistos. Con tierra se cubren los inmensos basureros que generamos con nuestra sociedad de consumo. Es tan grande su poder regenerativo y anticontaminante que la sabia naturaleza es capaz de convertir una masa de inmundicias en el más hermoso jardín, donde las plantas, ayudadas por el abundante abono orgánico, crecen sanas y vigorosas.

Con tierra se hacen los adobes y tapiales empleados en la construcción rústica, que por su inmejorable condición aislante aún siguen usándose en muchas zonas de clima cálido.

Bendita tierra que,además de producir la mayoría de los alimentos que consumimos, cuando morimos nos acoge en su seno para convertirnos en lo que realmente somos, un puñado de tierra.
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